Sociedad de Mejoras Públicas de Manizales

'Ora pro nobis peccatoribus'

Escrito por smpmanizales 02-12-2012 en General. Comentarios (0)

Por: María Elvira Samper

 
Vivimos en un mar de contradicciones. No queremos más guerra, pero torpedeamos los intentos de hacer la paz; el Estado acepta la competencia de la Corte de La Haya para dirimir el diferendo con Nicaragua, pero el Gobierno de turno rechaza el fallo porque no nos conviene; un día el Congreso ofrece públicas disculpas por las groseras y homofóbicas declaraciones del senador Roberto Gerlein sobre las relaciones homosexuales, al día siguiente reelige por abrumadora mayoría —80 votos— al procurador Alejandro Ordóñez, un homófobo desembozado, y horas después, ya consumada la reelección anunciada, su presidente Roy Barreras propone eliminar la figura para los órganos de control “para evitar suspicacias” (¿suspicacias?, qué cínica sutileza).
 

¿Qué decir de los liberales? Que son campeones en la materia y que amparados en el voto secreto y fieles vaya uno a saber a qué componendas o tal vez amedrentados por el poder del inquisidor, ayudaron a ungirlo a pesar de que sus actuaciones no son propiamente las de un juez imparcial cuando se trata de la defensa y garantía de los derechos de los homosexuales y de las mujeres al aborto, derechos que los liberales han defendido. Un contrasentido apoyar a un fundamentalista religioso que cree que la Biblia está por encima de la Carta Política.

 

El procurador Ordóñez tampoco escapa a las contradicciones: juró defender la Constitución, pero oficia como outsider; se pronunció contra la reelección, pero buscó la suya sin pudor, echando mano de la nómina. Su reelección fue prepago, sin garantías para sus competidores, plagada de irregularidades que anticipan demandas. Una farsa, una pieza de mal gusto y de peor calidad, por la cual no rinden cuentas éticas y morales ni su protagonista principal, ni los actores de reparto, incluido el presidente Santos, quien arregló las cargas con Ordóñez por debajo de la mesa y dejó colgada de la brocha a su candidata María Mercedes López, abandono que la llevó a renunciar en un gesto de dignidad tardía. El otro ternado, Orlando Gallo, fue convidado de piedra y se prestó para la pantomima.

 

No hay razones, sin embargo, para asombrarse con tan lamentable espectáculo. Al final de cuentas, la coherencia no es virtud de la política —la ética mucho menos—, y lo que debió ser público y transparente, acabó turbiamente amañado en reuniones privadas, y mediante indulgencias burocráticas. Sin embargo, la opinión castiga estas patrañas, como lo indica la encuesta Colombia Opina, de la alianza de medios Semana-RCN Radio y TV, y la FM, hecha por la firma Ipsos-Napoleón Franco entre el 23 y el 25 de noviembre, dos días antes de la elección: el 54% no está de acuerdo con la reelección, el 57% cree que la Procuraduría no está haciendo las cosas bien y Ordóñez registra una imagen desfavorable que supera a la favorable de 43 vs. 31%. No obstante, la mayoría de los encuestados se muestran alineados con las posiciones del procurador en los temas sobre los cuales ha sido más cuestionada su gestión: el 66% desaprueba el matrimonio entre personas del mismo sexo, el 75% se opone al aborto, el 52% a la eutanasia y el 78% a la legalización de las drogas. En otras palabras, tienen un procurador a su medida, aunque éste no esté a la medida de la Constitución. Cuatro años más de Inquisición nos esperan.

 

Ora pro nobis peccatoribus.

  • María Elvira Samper | Elespectador.com

Preguntas de un profano

Escrito por smpmanizales 02-12-2012 en General. Comentarios (0)

El Espectador/ Opinión|1 Dic 2012 - 11:00 pm

 Alfredo Molano Bravo

Por: Alfredo Molano Bravo

 

No es mi tema, pero, por lógica, el retiro de Colombia del Pacto de Bogotá abre algunas preguntas que no se pueden mirar por el patrioterismo en que andamos.

 

De entrada, como se ha dicho, Colombia se retira del pacto en retaliación por el fallo de la Corte de La Haya. ¿Busca el presidente mermar la caída libre de su prestigio al perder el país 75.000 kilómetros cuadrados de mar —el doble de la superficie que, decían, se perdía con el despeje del Caguán— y sobre todo quitarle fuerza a la iracundia vesánica de Uribe? El mensaje implícito que me parece peligroso no es sólo el que pueda mandar a otros países, aunque estoy de acuerdo con Laura Gil, que opina que esa decisión podría afectar “130 tratados que contemplan la competencia de la Corte”. Es también la credibilidad con que el Gobierno negocia en La Habana con las Farc y en un futuro cercano con el Eln. Si los alcances de lo que se negocie con la guerrilla dependen de las encuestas de opinión, estamos fritos. ¿Qué solidez pueden tener las garantías que ofrezca el Gobierno si rompe tratados internacionales?

 

El Pacto de Bogotá se llama “Tratado Americano de Soluciones Pacíficas”. Lo que implica que es un medio para arreglar sin armas las diferencias con otros países. Y al contrario, retirarse del pacto es darles a las armas un papel, así nos digan que ese retiro no impide suscribir tratados bilaterales. Sí, claro, pero ¿qué le da a un país fuerza para negociar internacionalmente? La fuerza que le den las armas, en primer lugar; la fuerza del respaldo de otras fuerzas políticas, respaldadas también con un potencial bélico sin precedentes, en segundo lugar; y por último, la fuerza económica, que en nuestro caso es menos significativa. En concreto. Supongamos que Nicaragua no pida más mar ni más islotes a la Corte Internacional de Justicia, lo que aún podría hacer puesto que el fallo lo permite, y se avenga a un acuerdo sobre pesca. ¿Cuál puede ser el argumento colombiano diferente al de la equidad, el mismo que usó La Haya? Sólo queda otro: mostrarle los dientes a Nicaragua. Es decir, resolver el diferendo por vías no pacíficas. O amenazar. Quisiera saber qué pasará el día que Colombia saque un par de pesqueros de Nicaragua de las aguas que La Haya le reconoció a este país. No nos digamos otra mentira: el retiro del Pacto de Bogotá pone las armas como palanca de negociación con Nicaragua y con cualquier país con que tengamos problemas. Managua debe tener muy presente el bombardeo al Ecuador ordenado por Uribe y avalado por Santos. ¿Acaso las armas no han sido la norma para arreglar nuestros problemas domésticos? Todas las leyes desde la 200 del 36 han sido birladas por los terratenientes respaldados por las armas oficiales. Difícil citar un caso en que la Fuerza Pública saque a un terrateniente de un predio invadido. Llorar ahora porque el fallo perjudica a los pescadores de Santa Catalina es puro fariseísmo. ¿Cuándo el Gobierno se ha preocupado porque las aguas del Magdalena o del Cauca estén envenenadas con desechos de la industria o de la minería y que están acabando con el bocachico, el bagre y el moncholo? La pesca en el río Magdalena pasó de 80.000 toneladas al año en los 70 a menos de 8.000 hoy. ¿Quién llora por los pescadores? ¿Por qué no cierran la fábrica de armas de Indumil que envenena las aguas del río Bogotá, o le cancelan la licencia a la Gran Colombia Gold en Marmato, que bota mercurio y cianuro al Cauca?

 

¿Apelar a vías no pacíficas para arreglar diferencias internacionales no justifica de manera indirecta el levantamiento armado contra un tratado como es una Constitución? Hay algo que no cuadra en la lógica diplomática del Gobierno. ¿Será por esto que los tratadistas en derecho internacional han calificado la decisión de Santos de “valiente y arriesgada”? Y contradictoria, digo yo.

 

  • Alfredo Molano Bravo | Elespectador.com

Editorial: Hablando nos entendemos

Escrito por smpmanizales 02-12-2012 en General. Comentarios (0)

Editorial|1 Dic 2012 - 11:00 pm

Por: Elespectador.com

En el caso del fallo de la Corte Internacional de Justicia, que finalmente entregó una porción de mar importante a Nicaragua en la disputa limítrofe con Colombia, lo mejor que pueden hacer ambos gobiernos es sentarse a dialogar.

Por eso, pese a que los discursos han sonado a veces duros, ni Juan Manuel Santos ni el presidente nicaragüense, Daniel Ortega, se han referido en términos demasiado beligerantes al otro. Incluso, Ortega se ha mostrado muy conciliador y eso es algo que el gobierno colombiano debe aprovechar. No nos conviene una postura diferente.

 

Lo mejor, entonces, es sentarse a hablar, pensando de una vez en acatar ese fallo y no hacer caso a las voces contrarias que, aprovechando un nacionalismo en gran parte ignorante de lo que pasa, critican a Santos por no tener voluntad de hierro en un proceso que él lideró apenas en su etapa final. Y esas críticas facilistas gustan. La gente las repite. Ni más faltaba que el presidente ceda ante esto, por más impopular que se vuelva. Para gobernar, presidente, muchas veces es necesario tomar medidas impopulares. Mucho más cuando la oposición se rinde desde un patriotismo exagerado que ignoró desde siempre ese mar hoy perdido. Está en sus manos.

 

Dos posibilidades se levantan a la hora de los acercamientos entre ambos gobiernos: la primera es que se llegue a un acuerdo con garantías concedidas de Nicaragua a Colombia sobre el mar perdido. Unas cuotas de pesca artesanal que no necesiten el antipático permiso de Managua. Esa importante porción de agua era el camino fluvial de los que nunca participaron en ese litigio internacional, ni tuvieron el protagonismo patriotero que hoy les quieren dar: los raizales, cuya alimentación depende de la pesca. La segunda opción —mucho menos probable— es negociar un nuevo tratado limítrofe en el que se definan los puntos exactos de una forma mucho más conveniente para la pesca, algo que los internacionalistas llaman “la fórmula de media”.

 

Entonces, ampliando un poco lo que dijo el presidente Santos el jueves pasado, la cuestión no se trata de no acatar el fallo mientras no se garanticen los derechos de los afectados —como condicionó—, sino más bien cumplirlo, dando ejemplo de que para eso son las decisiones judiciales, y de paso llegar a un acuerdo para que esos hoy tan mentados derechos sean respetados por parte de ambos países.

 

La pregunta que resta hacerle al Gobierno es la siguiente: ¿Para qué renunciar al Pacto de Bogotá? La salida que hace 60 años se pactó para resolver de forma pacífica las controversias es hoy un arma en contra del Gobierno colombiano. La razón: la Corte Internacional de Justicia, como con razón ha dicho Carlos Argüello, el representante de Nicaragua ante La Haya, no le dijo que no a ese país. Mejor dicho, le dijo que no pero porque no supo sustentar su posición que, a grandes rasgos, quería todo. Esto deja una complicada puerta abierta para que vuelvan a demandar con más dientes jurídicos en una próxima ocasión. Denunciar el Pacto de Bogotá para salirse de esa jurisdicción cuesta un año entero, según el artículo pertinente de ese instrumento. Un año es mucho tiempo, suficiente para hacer una buena demanda.

 

¿Qué resta hacer entonces, salvo tratar de sacarle alguna interpretación a ese artículo? De nuevo, acatar el fallo y dialogar con el otro gobierno. Aquí es donde ese despliegue de diplomacia debe darse lo más pronto posible. Es mejor llegar a un acuerdo fructífero que buscarle más patas a otro pleito. El Gobierno tiene una responsabilidad muy grande en estos momentos. Es hora de actuar a la altura.

 

 

Elespectador.com

 

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El mapa colombiano con motivo del Bicentenario

Escrito por smpmanizales 02-12-2012 en General. Comentarios (0)

 

http://www.fundacionportafoliocultural.co/ Portafolio Cultural/ Pereira, Lunes 19 de Noviembre, 2012




El mapa colombiano con motivo del Bicentenario

Por Jaime Vásquez Raigoza.
Historiador de Santuario-Risaralda.

Por Jaime Vásquez Raigoza.

Historiador de Santuario-Risaralda.
 

La actual reclamación de Nicaragua por la redefinición de su frontera limítrofe con Colombia, hace recordar algunos detalles que en este bicentenario independentista han dado forma al actual mapa geopolítico de nuestra patria, en donde tras cada reclamo se viene estrechando el terruño.

 

Es en 1819 cuando se logra la independencia de la Nueva Granada, y con la sangre de valientes soldados y campesinos colombianos se extiende la independencia a otros Estados vecinos; en junio 24 de 1821 se libera a Venezuela, el 24 de mayo de 1822 tras la batalla de Pichincha se libera la Provincia de Quito y se incorpora a la Nueva Granada, el 9 de diciembre de 1824 se libra la batalla de Ayacucho al sur de Lima quedando liberado el Perú y Bolivia; entrando todos a confederarse en “La Gran Colombia” según el sueño del Libertador, que solo fue un sueño pues enseguida iniciaron los movimientos separatistas.

 

ECUADOR: En 1829 Juan José Flórez (venezolano), José María Obando y José Hilario López (colombianos), proclaman la anexión de la extensa Provincia de Popayán al Estado del Ecuador, aún vinculado a la Gran Colombia de la que se separó en 1830; las invasiones de Ecuador a territorio colombiano fueron desde entonces una constante, hasta que en 1883 en el combate de Cuaspu el General Tomás Cipriano de Mosquera acabó con las intenciones ecuatorianas. El 15 de julio de 1916 mediante el Tratado Marco Fidel Suárez – Alberto Muñoz se define la línea de frontera río Mataje –río Gûepi entre Colombia y Ecuador, donde este último cede a Colombia una importante área territorial que posteriormente Colombia cederá a Perú; quedando así definidos los 586 kilómetros terrestres de frontera. Por último el Tratado Liévano – Lucio del 23 de agosto de 1975 define los 707 kilómetros de frontera de las áreas marinas y submarinas.

 

VENEZUELA: En 1826 el General José Antonio Páez dirige una insurrección contra Bolívar pidiendo la separación de Venezuela de la Gran Colombia, lo que se consolida en 1829; en 1832 por orden del gobierno venezolano, tropas de ese país ocupan la Provincia de Casanare. En 1834 se firma un tratado donde Colombia cede a Venezuela toda la zona costera oriental de la Guajira desde Punta Espada hasta el Cabo Chichivacoa, también cede sus derechos en la margen izquierda del alto Orinoco y en la margen derecha del río Casiquiare y del río Negro hasta el límite con Brasil, pero el Congreso venezolano no lo aceptó porque el reclamo incluía la cesión por Colombia de buena parte de Arauca, de la región de San Faustino y de casi toda la Guajira. En 1845 el Gobernador del Estado de Apure ocupa el pueblo de Santa Rosa al lado del río Arauca en territorio colombiano; en 1847 y 1848 tropas de Venezuela ocupan el territorio de la Guajira y tras infructuosas conversaciones entre los dos países, en 1875 Venezuela rompe relaciones con Colombia. El 14 de septiembre de 1881 Colombia y Venezuela firman el Tratado de arbitramento Arosemena – Guzmán donde se comprometen a acatar el fallo sobre delimitación que profiera la Corona Española, diez años más tarde, el 16 de marzo de 1891 se emite el Laudo Español que favorece a Colombia y dejando inconforme a Venezuela, por lo que el Presidente Colombiano Miguel Antonio Caro para congraciarse con Venezuela le entrega unilateralmente grandes territorios del Guainía, del Atabapo, del río Negro y de la costa oriental de la Guajira. En1907 mediante el Tratado Vásquez Cobo – Rivas, Colombia cede a Venezuela el territorio del Orinoco. El 24 de marzo de 1922 es proferido el Arbitramento suizo relacionado a las reclamaciones de Venezuela de más territorios limítrofes con Colombia. El 5 de abril de 1941 se firma el Tratado López de Mesa – Gil Borges que define los 2.219 kilómetros de frontera terrestre desde Castilletes en la Guajira a la isla San José en el río Negro frente a la Piedra del Cocuy; pero en 1952 el Canciller colombiano Juan Uribe Holguín hace entrega a Venezuela de los islotes de Los Monjes mediante una nota de la Cancillería de la cual ni copia existe en Colombia.

 

PERÚ: En 1827 el Perú intenta una fallida ocupación militar de la Gran Colombia y en 1829 se sublevan contra el proyecto integracionista de Bolívar logrando su autonomía; desde entonces viene una serie de negociaciones e invasiones al territorio colombiano en donde en cada evento Colombia va entregando parte de su territorio, hasta el Tratado Lozano – Salomón del 24 de marzo de 1922 donde Colombia entrega al Perú un extenso territorio cedido por Ecuador a Colombia en 1916 y que determina la frontera colombo – peruana desde entonces de 1.626 kilómetros desde el río Gûepi – río Putumayo – geodésica río Yaguas – río Ataguari – río Amazonas – quebrada San Antonio. A pesar de todo en 1932 Perú incursiona sobre Leticia y Colombia reacciona evitando perder este territorio, tras lo cual se firma el Protocolo de Río de Janeiro el 24 de mayo de 1934 que ratifica el Tratado de 1922.

 

BRASIL: En 1835 Colombia hace entrega al Brasil, mediante el Tratado Lleras – Lisboa, de amplios territorios comprendidos en el triángulo Avatí – Paraná y la línea Apaporis – Tabatinga; en 1904 Colombia firma un acuerdo donde entrega a Brasil el extenso territorio localizado entre los ríos Moreno y Caquetá, luego por el Tratado Vásquez Cobo –Martins del 24 de abril de 1907 y el Tratado García Ortiz– Mangabeira del 15 de noviembre de 1928 Colombia cede a Brasil otro territorio de unos trescientos mil kilómetros cuadrados, quedando así su frontera en esta parte de 1.645 kilómetros desde la isla San José en el río Negro frente a la Piedra del Cocuy – desembocadura de la quebrada San Antonio en el río Amazonas.

 

PANAMÁ: Tras la guerra de los mil días, en 1903 Colombia cede a Estados Unidos los derechos de construcción del canal de Panamá, y en 1904 los panameños se separan de Colombia, perdiendo nuestro país toda la franja costera atlántica que se extendía hasta Nicaragua. El 20 de agosto de 1924 se firma el Tratado Vélez –Victoria que define los 266 kilómetros de frontera terrestre entre Colombia y Panamá desde Cabo Tiburón, punto equidistante con Cocalito en el Mar Caribe hasta Punta Ardita en el Océano Pacífico; y el 20 de noviembre de 1976 por el Tratado Liévano – Boyd se fijaron los 1817 kilómetros que delimitan las áreas marinas y submarinas de los dos países.

 

NICARAGUA: El 24 de marzo de 1928 se firma el Tratado Esguerra – Bárcenas mediante el cual Nicaragua reconoce a Colombia el archipiélago de San Andrés y Providencia, y Colombia reconoce a Nicaragua la Costa de Mosquitos.

 

COSTA RICA: Con Costa Rica se fijaron los límites de los 100 kilómetros de frontera marina y submarina en el Mar Caribe con el Tratado Fernández – Facio del 17 de marzo de 1977, y los 240 kilómetros en el Océano Pacífico por el Tratado Lloreda – Gutiérrez de abril 6 de 1984.

 

HAITÍ: Los 116 kilómetros de frontera marina y submarina que comparten Haití y Colombia se delimitaron con el Tratado Liévano – Brutus en febrero 17 de 1978.

 

REPÚBLICA DOMINICANA: Con República Dominicana, Colombia delimitó los 193 kilómetros de frontera marina y submarina con la firma del Tratado Liévano – Jiménez el 13 de enero de 1978.

 

Pero algunos vecinos aún continúan expresando sus intenciones de seguir corriendo las cercas para su beneficio y los colombianos solo esperamos que nuestro solar patrio no se siga achicando, pues preocupa que en menos de doscientos años se haya perdido cerca de un millón de kilómetros cuadrados si no es que suma más la tierrita feriada gratuitamente.

 

Imagén* Sombreado del autor sobre Mapa del IGAC.

Civismo y compromiso social

Escrito por smpmanizales 01-12-2012 en General. Comentarios (0)

http://www.vanguardia.com.mx Columnista Invitado:

Alfonso Echávarri Gorricho / 22 noviembre 2012. 

 

Cuando oímos hablar de civismo, tal vez a muchos de nosotros el término nos suena a algo parecido a no tirar papeles en la calle y a respetar jardines. Esto es así porque coincide de alguna manera con una de las definiciones que la Real Academia de la Lengua nos aporta: “comportamiento respetuoso del ciudadano con las normas de convivencia pública”.

Pero ser una persona cívica es mucho más que esto, es más que alguien que cumple una serie de normas de ciudadanía. Porque las normas pueden ir cambiando y lo que ayer caracterizaba a un ciudadano como cívico, hoy puede que no lo sea. El civismo que esta sociedad nos vende va excesivamente de la mano del opinar de la mayoría. Estaremos de acuerdo que no es muy cívico pisotear y destrozar los jardines de la ciudad, utilizar cualquier rincón de la calle para hacer las necesidades, impedir el necesario descanso de personas mayores y de niños durante la noche.

Cualquier persona estaría dispuesta a llamar la atención o a denunciar por falta de civismo, que no puede depender exclusivamente de normas y mayorías, sino de estructuras con más base, apoyadas en la moral y en la ética. Si algo no es cívico hoy, no tiene sentido alguno que lo sea mañana.

La pregunta que se nos presenta es si este espíritu cívico, esta lealtad al equipo que formamos todas las personas que compartimos un espacio común, realmente puede convertirse en una fortaleza, que junto a otras posibilite a la persona trabajar en su propio bienestar y en el bienestar de los que le rodean. En definitiva, si una actitud cívica también es un elemento que proporciona felicidad. Al fin y al cabo estamos hablando de sentirnos parte de algo, de no estar fuera. Pero la justicia, en sentido amplio y como elemento de bienestar humano, tiene que tener una visión universal y no mayoritaria. Justicia como tarea y ocasión de entendimiento, más cercana a la conciencia moral que al código. Justicia para todos, no solo para la mayoría. Para todas aquellas personas que pueden hablar, como para otras tantas que no lo pueden hacer. Entiendo la justicia como una fortaleza cívica que garantiza las oportunidades en las personas, empezando por el derecho a la vida. Una justicia con los otros, no en oposición a los otros o sobre los otros. ¿Utopía?

Si en este momento está pensando en un sistema político, en una sociedad concreta, en un marco jurídico estructurado, puede que sí. Pero no hablamos de esto, sino de una postura, de una decidida actitud personal que permita que las personas que tenemos alrededor, pareja, hijos, familiares, amigos, vecinos y compañeros de trabajo, tengan la posibilidad de desarrollarse plenamente como personas y sean tratadas con la dignidad que merecen. Con justicia. Y esto ya no depende de un concepto tan difuso como es “la sociedad” sino que depende de cada uno de nosotros. Es entonces cuando la justicia se convierte en verdadera fortaleza que trabaja, junto a otras fortalezas, en proporcionar salud y bienestar a la vida en comunidad.

Todos conocemos líderes. Personas con un atractivo especial que movilizan masas y posibilitan cambios. Grandes personajes de la historia pasada y presente. No me refiero a ídolos coronados por las modas que se desploman calamitosamente cuando llega el otoño. Lo cierto es que también hay multitud de líderes que no conocemos y que probablemente no vamos a conocer jamás. Pero que están y pasarán por esta vida sin meter ruido. Todos estamos llamados a ser líderes. James C. Hunter, en su libro La Paradoja, nos ofrece un estupendo concepto de liderazgo: “arte de influir sobre la gente para que trabaje con entusiasmo en la consecución de objetivos en pro del bien común”. Un líder multiplicador, que cuenta con todos y que sabe valorar el esfuerzo y las capacidades del otro. Un líder que hace líderes.

Y aunque sea una extraña habilidad humana la de buscar y siempre encontrar buenos y razonables argumentos para que sean los demás los que den un paso al frente ante determinadas situaciones, nuestra sociedad y nuestra familia nos pregunta, y tal vez ahora más que nunca, si estamos dispuestos a levantar la mano y la mirada y convertirnos en auténticos líderes de nuestro entorno.


Alfonso Echávarri Gorricho
Psicólogo del Teléfono de la Esperanza
http://www.telefonodelaesperanza.org

 

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