Sociedad de Mejoras Públicas de Manizales

Entre rieles y corredores logísticos

Escrito por smpmanizales 13-11-2012 en General. Comentarios (0)

Posted by godues on November 12, 2012 ·

Estación Manizales del FFCC de Caldas en 1950
 

Por: Gonzalo Duque-Escobar *

 

Los desafíos de un ordenamiento que le apunte a integrar regiones y encontrar su competitividad, obligan a tratar el tema de los ferrocarriles como medio de conectividad regional que ofrecería fletes tres o cuatro veces menores que los carreteros, donde lo urbano solo define nodos de consumo o producción manufacturera al lado de otros elementos que configuran los grandes flujos de carga para los ejes del desarrollo en la construcción del territorio.

 

Entre los proyectos de interés para la Ecorregión Cafetera y Manizales, han estado: el Ferrocarril de Occidente pasando entre Cartago y La Felisa, el Sistema Central en trocha estándar que articularía a Neiva al Puerto Multimodal de La Dorada, lugar donde llegaría un FFCC alterno a la Transversal de Caldas, y el Ferrocarril Verde Urabá-Tribugá: algunos indefinidos al estar llegando a puntos de insuficiente nivel de convergencia o capacidad intrínseca de producción o consumo limitados, y otros sin consenso regional, lo que permite advertir flaquezas en los procesos de planificación entre actores territoriales para no fragmentar el territorio, desconocer sus nuevas dinámicas y conducir a inversiones sin retorno.

 

Para ilustrar, temas como las zonas industriales de Manizales obligan a reafirmar la tesis de que en los medios urbanos, si dichos espacios están caracterizados por ruidos, vibraciones, vertimientos y chimeneas, deben ubicarse por afuera de las áreas residenciales, y de cara a los medios de transporte y como tal al lado occidental de la ciudad, por donde se construyen Aerocafé y el FFCC, y avanza la Troncal de Occidente con el ramal sur de la Autopista de la Montaña, abriéndose desde el Km 41 por el túnel de La Tesalia vecino a Belalcázar para ir por La Virginia hasta Buenaventura, y por La Manuela para conectarse a través de la Autopista del Café a la conurbación Manizales-Pereira.

 

Lo anterior permite plantear la hipótesis de que, si bien la zona industrial de la cuenca de la quebrada Manizales concebida para la industrialización endógena cuando imperaba el modelo keynesiano, solo tendría competencias para el mercado interno donde gravita el peso demográfico de Bogotá, otra cosa son las que le corresponderían a los emplazamientos fabriles para los bienes transformados y mercancías que deberán salir por aire y tierra, desde esta región mediterránea en tiempos de la actual apertura económica, dado que la logística del transporte obliga a diferenciar dichos emplazamientos según modos y destinos: unos porque deben quedar, ya cerca de los consumidores o ya de las materias primas, y otros buscando el mar porque pueden tardar semanas y transportarse a bajo precio, o las vías aéreas para llegar temprano a mayores costos, o por razones de valor agregado.

 

Ahora, el otro tema es la caracterización de los modos de transporte con los lugares donde estarían localizados, dado que, por ejemplo, los ferrocarriles necesariamente prosperan cuando articulan grandes centros de producción y consumo, separados a distancia como grandes ciudades y puertos. Esto, para diferenciar la naturaleza e importancia de un puerto de paso como serían los del occidente donde solo convergen vías departamentales y escenarios urbanos medianos que no acuerdan sumar sus capacidades, versus un sistema complejo de corredores logísticos de primer orden como ocurre en el futuro Puerto Multimodal de La Dorada, nodo logístico donde se articularán la Ruta del Sol, la navegación por el Magdalena y otras vías del Alto Magdalena, además de carreteras regionales de Antioquia, Santander, Cundinamarca y Caldas, que se suman a las posibilidades aeroportuarias de Palanquero con su pista de tres kilómetros.

 

De ahí las reales posibilidades, no solo de un “ferrocarril verde” uniendo por el Atrato antioqueño los dos mares de Colombia, sino también de un tren a lo largo del Cañón del río Cauca, porque no resulta sensato mantener los rieles hasta el Eje Cafetero para quedar en 1923, o ni siquiera para llegar solamente a Medellín buscando bajar al Magdalena, cuando la salida al mar para el Occidente Colombiano por Urabá es un 30 por ciento en promedio más corta que por Cartagena.

 

Estas reflexiones, igualmente sirven para insistir en otra visión para Tribugá, a la de un simple puerto de paso para movilizar algunos millones de toneladas año, porque los súper-pospánamax nunca llegarían a ese lugar solitario así se tenga una carretera, cuando semejantes barcos que serán los del futuro Canal de Panamá, no aptos para un sistema de alimentación y reparto, operan a fletes cinco veces menores en el sistema troncal interoceánico, conformado por los grandes corredores logísticos que unen a Europa y Asia articulando puertos en ambas costas de Norteamérica mediante sus extensos ferrocarriles. De ahí que Colombia pueda complementar esa ruta moviendo diez veces más carga que el citado puerto por el “ferrocarril verde”, en el flujo de un comercio interoceánico que crece casi duplicando las tasas del PIB mundial.

 

* Prof. de Economía del Transporte, U.N. De Colombia
http://galeon.com/economiaytransportes [Ref. La Patria, Manizales, 2012-11-12] Imagen: del Libro del Centenario de la SMP de Manizales.

 

Relacionados:

 

UNA SALIDA AL MAR PARA EL OCCIDENTE COLOMBIANO, En: http://godues.wordpress.com/2012/01/19/una-salida-al-mar-para-el-occidente-colombiano/

TRASVERSALES DE LA LÍNEA V.S. LETRAS CON EL TÚNEL CUMANDAY, En: http://godues.wordpress.com/2011/11/22/transversales-de-la-linea-v-s-letras-con-el-tunel-cumanday/

UN “FERROCARRIL VERDE” PARA ARTICULAR LOS MARES DE COLOMBIA, En: http://godues.wordpress.com/2012/11/09/un-ferrocarril-verde-para-articular-los-mares-de-colombia/

 

Pobre justicia colombiana

Escrito por smpmanizales 09-11-2012 en General. Comentarios (0)

La Patria/ Opinión/ Por: Luis Prieto

 

Colombia a lo largo de su historia no ha podido configurar un sistema judicial idóneo, imparcial, dinámico y justo. Paradójicamente la literatura sobre temas jurídicos es la que ocupa más espacios en todas las bibliotecas del país.

La inmensa cantidad de abogados graduados en las muy eméritas universidades, que tanto brillo le han dado a la nación colombiana, como los graduados a manadas en todos los garajes adyacentes a las residencias de las ciudades del país, han escrito y escriben sobre lo que a su manera debiera ser el sistema jurídico nacional.

Los presidentes de la República, por lo menos los diez últimos, han llegado al solio presidencial con una reforma judicial en las manos. La misma, que estruendosamente fracasa desde el primer día de su consideración. Para muestra la que hace poco fracasó con gran escándalo antes de ser considerada por el parlamento.

Desde un principio se instauró en la cumbre del armazón jurídico que rige el comportamiento nacional un poder inexpugnable que toda la nación le teme, porque tiene las armas para hacer valer sus decisiones, así atropellen conceptos y personas que salgan a su camino. Sus titulares son dueños y señores de su ámbito.

Cualquier modificación que trate de ingresar en sus dominios tiene que ser consultada previamente, y evitan hacer parte de comisiones o grupos de trabajo que los presidentes conforman para iniciar la discusión de sus propuestas. Una clase de boicoteo subliminal que ha tenido un éxito total.

La falta de justicia hace presencia diariamente en todos los rincones de Colombia. Cuántas veces los medios de comunicación informan sobre ciudadanos confinados en una cárcel, porque la justicia los ha condenado, y al cabo de cinco o diez años, por algo en el azar judicial, tuvieron que declarar inocentes a estos sus reos. Casos como estos se suceden con una frecuencia inusitada.

Criminales abyectos, de la guerrilla o de la delincuencia común, adquieren su libertad muchas veces inmediatamente, otras al cabo de condenas que producen risa. Al mismo tiempo, militares eminentes considerados por las gentes como héroes nacionales, son enviados a las cárceles a pagar hasta treinta años de prisión.

La Fiscalía, parte integrante del tinglado judicial, es algo de excepción. Algo para ripley. De repente le dio por acusar a Sigifredo López, exdiputado del Valle, secuestrado durante algo así como ocho años con varios de sus compañeros, de ser coautor de este su secuestro colectivo, con pruebas inventadas, procurando alardear algún éxito que desdibujara sus permanentes fracasos. Después de meses persiguiendo este logro fantasioso, Sigifredo fue declarado libre de toda sospecha y culpa. Fue tal el escándalo y el fiasco monumental, que el señor fiscal de la Nación ordenó a sus subalternos pedir perdón público a Sigifredo y a su martirizada familia. No hubo renuncias esperadas por tamaño despropósito.

Otro caso tenebroso entre los miles que se encuentran a lo largo y ancho del país. El pasado 17 de junio fue asesinado un brillante joven abogado, próximo a viajar al exterior a profundizar sus estudios, en horas de la noche y en vía a su residencia en un importante barrio de Bogotá cuatro asesinos le dieron muerte para robarle su celular. Cuatro asesinos dejados en libertad alegando vencimiento de términos, figura tétrica bajo la cual se ampara la impunidad. Sus padres como en todos los casos que a diario se presentan en el país, claman justicia a todas las autoridades habidas y por haber, desde Bucaramanga donde vive su afligida familia.

Cuando uno entra a mirar la justicia de este país nunca acaba. No todo son novedades. La misma mirada al pasado judicial encontrará los mismos hechos y la misma ausencia jurídica. Los colombianos tienen a la justicia en un lugar muy bajo en el ranking de sus aprecios. Algo así como el 12% - 15%.

Para colmo El Espectador publica que Colombia no cumple con condiciones para el TLC con la Unión Europea. Que la Federación Internacional de Derechos Humanos, considera que los compromisos del Ejecutivo colombiano en la lucha contra la impunidad no son suficientes.

Ahora, para mal de males, esta justicia nuestra realiza un paro de actividades que duró 28 días. Todo, producto de su naturaleza. Una cúpula que tiene en sus manos el mantenimiento de su hipérbole y una masa humana de jueces de base, que vive de su anemia salarial.

Según Semana, cuando un juez enfrenta dictando sentencias a poderosos delincuentes talla Mancuso, con sueldos de seis millones de pesos, los intocables magistrados que las revisan en la corte, cobran entre $22 y $25 millones mensuales. Mejor muestra de su desgreño, imposible.

Esta justicia en crisis desde su nacimiento, lógicamente conduce a la impunidad, impunidad que desemboca en criminalidad y ésta en la violencia que desde entonces padece Colombia.

Fecha de publicación:
Viernes, Noviembre 9, 2012

Moisés Wasserman: elementos estratégicos para una política oportuna de Educación Supe

Escrito por smpmanizales 09-11-2012 en General. Comentarios (0)

 

Moisés Wasserman: elementos estratégicos para una política oportuna de Educación Superior en Colombia y Latinoamérica

 

Tomado de La Revista Aleph. http://www.revistaaleph.com.co

 

por Carlos-Enrique Ruiz

 

Deseable que exista en Colombia el Ministerio de Educación Superior, para impulsar la formación de alto nivel y desatrasar el país con fuerte dosis de conocimiento jalonador del desarrollo integral humano. De conseguirse ese objetivo, candidato para asumirlo sería, sin la menor duda, el profesor Moisés Wasserman: Ph.D., científico consolidado en campos de la Bioquímica, docente/investigador, presidente de la Academia de Ciencias, decano y rector de la Universidad Nacional de Colombia… Personalidad que en su regencia universitaria expuso ante el país ideas con empatía en la historia –tan olvidada- y en los contextos de avanzada a nivel internacional, con visión ambiciosa al futuro. Librepensador respetuoso de las diferencias y convocante del libre examen, con acento en la generación de nuevos conocimientos al servicio de la humanidad.

 

Científico reconocido por sus contribuciones en el estudio de la “Salmonella typhi”, con validación de una prueba diagnóstica, y formulación con cooperación internacional de un ambicioso proyecto de investigación, a partir del cual desarrollo investigación sobre el “Plasmodium falciparum”, parásito causante de la malaria, que le llevó a comprender el proceso entre el parásito y la célula que lo aloja, el “eritrocito humano”, con publicación de “la primera secuencia en Colombia de DNA, la de un fragmento repetitivo cercano al extremo de los cromosomas del parásito”, al haber desarrollado método de hibridación molecular para su detección. De igual modo estudió la resistencia del parásito a los fármacos, por sus variaciones genéticas. Y, lo que resulta más maravilloso, continúa en los estudios de cromosomas y enzimas con el objetivo de producir una quimioterapia alternativa. Trabajos apreciados por sus publicaciones internacionales, y en el singular doctorado honoris-causa que le confirió la Universidad de Antioquia en Ciencias Básicas Biomédicas. Y para completar, es miembro de la junta directiva del "Instituto internacional para la educación superior en América Latina y el Caribe, IESALC", de UNESCO.

 

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Acaba de publicarse en libro conferencias, ensayos y artículos reunidos de sus dos períodos (2006-2012) como Rector de la Universidad por excelencia del estado colombiano: “Buscando el futuro – Educación superior para Colombia en el siglo XXI” (Ed. Universidad Nacional de Colombia, Bogotá 2012; 358 pp.; ISBN: 978-958-761-199-1). Importante conjunto de textos en los cuales se expone una clara política para vislumbrar el mejor camino para la educación superior, con lineamientos de profundidad y pertinencia.

 

Wasserman discierne los problemas apegado a la historia y a la lógica, con visión estratégica, sin quedarse en el pasado. Valora los informes de la “Misión de ciencia, educación y desarrollo”, ideada por Rodolfo Llinás, a comienzos de los años noventa del siglo anterior, para acentuar el ritmo en lo que sigue teniendo vigencia. Acepta lo válido de expresiones como “sociedad del conocimiento”, dándole sentido, por ejemplo en los debates sobre el TLC con los Estados Unidos, que ameritaron consultas con academias y personas de ciencia, aclarando que la sociedad ha comprendido la imposibilidad de progreso sin ciencia, a pesar de dudas y desconfianzas reinantes. Insiste en la necesidad de invertir sin avaricia en bibliografía, bases de datos, becas para formar talentos en niveles superiores, en el país y en el exterior, y avanzar en intercambio de estudiantes, profesores y científicos, como prioridad dominante, requisito para la inserción en lo global del crecimiento, entendido no solo en lo económico, también en lo social con visión integradora.

 

En esta dirección insiste en comprender y desarrollar formas de universidad para la investigación, que consagren a instituciones selectas en la preponderancia de aplicación de esa naturaleza. Por ejemplo, impulsó el consolidar la Universidad Nacional de Colombia como universidad de investigación. Tema polémico en virtud de necesidades en la ampliación de cobertura, puesto que nuestro país conserva, comparativamente, muy bajo y lamentable indicador en población universitaria. Habría que pensar en coexistencia en la formación de profesionales idóneos, con apoyo en la ciencia involucrada en el método de enseñanza-aprendizaje. Sinembargo, cabe pensar en centros dedicados a la investigación científica para la generación de conocimiento, a la manera de Institutos, en las universidades o con un singular régimen de autonomía que articule a la empresa. Ya tienen existencia entre nosotros esas modalidades, pero con la necesidad de afianzarlas y multiplicarlas, con base en la experiencia acumulada.

 

La claridad de Wasserman en el tema no se deja esperar. Concibe la investigación incorporada en la escala educativa, a la manera pedagógica y de fomento en la capacidad crítica de indagación, advirtiendo que el pregrado no es para producir conocimiento, labor que corresponde a maestrías de investigación y de manera central en los doctorados. De este modo ayuda, con acierto, a despejar confusiones.

 

El pensador Wasserman participa en polémicas públicas como cuando un estudio propuso crear impuesto para que los egresados de universidades contribuyeran a sostenerlas, y respondió a editorial del periódico más importante del país que invocaba, en apoyo a aquella propuesta, la imposibilidad del Estado de asignarle más recursos a esas instituciones. Y Wasserman con reflexión serena preguntaba si argumento similar del diario no sería válido también para el impuesto de guerra y para salvar instituciones financieras. El editorial en cuestión lo que hizo fue subvalorar la inversión en educación superior, con flagrante desprecio. Y nuestro rector salió al paso en defensa de la Universidad, institución socialmente imprescindible y motora del desarrollo. Expresó la necesidad de ingresar el país a una “dinámica irreversible de desarrollo”, con “inversión permanente y generosa del Estado en la educación superior”, condición quizá la única irremplazable.

 

Polémica que tuvo continuidad en artículo de Rudolf Hommes quien propuso que las universidades fueran autosostenibles, con precio de matrículas correspondiente a los costos reales, al cual también respondió Wasserman con sólidos argumentos, al tomar como referencia casos de las universidades europeas y norteamericanas subsidiadas por el Estado, en mayor grado las primeras. Y para el caso de Colombia se sostiene en modelo valedero, como es el caso de la UN: el pago de matrícula de acuerdo con los niveles de ingresos de las familias, bajo el sabio criterio que en buen momento lideró Antanas Mockus: el que tiene más, paga más; el que menos tiene, paga menos, y el que nada tiene, nada paga.

 

El liderazgo nacional de Wasserman en defensa de la educación pública de Estado es reconocido por conferencias, artículos e intervenciones en reuniones de gobierno, con referentes emuladores de otros países y argumentos sólidos. Recordó el “Acto Legislativo Morril” que en Estados Unidos llevó al presidente Lincoln a promover la creación de 58 universidades en 1862, 18 en 1890 y número significativo de “colleges”, que representan hoy la más importante red de universidades públicas en el mundo con casi tres millones de estudiantes activos y más de veinte de egresados vivos. Con resultados de asombro en personalidades públicas, científicos, artistas, escritores, pensadores de relieve en el mundo.

 

En cambio, en nuestra Colombia, el Congreso dispuso una nueva Ley de Fronteras, en la cual se había incorporado artículo para asignación de recursos con destino a la UN, con el fin de fortalecer y crear sedes de frontera, con aprobación en primer debate, pero el gobierno (2009) en su propuesta lo excluyó.

 

El profesor Wasserman tiene comprensión cabal del tema de la “equidad” en la sociedad colombiana y el papel de la educación para alcanzarla, con una política de Estado capaz de afianzar el destino de universidades líderes, para el fortalecimiento de su capacidad investigativa. Y la destinación de recursos tiene que responder a vocación de esa naturaleza, para que los sectores menos favorecidos por la fortuna tengan acceso a formación de alta calidad y de esa manera puedan llegar a posiciones de liderazgo social, y no este siga siendo ejercido por los mismos sectores privilegiados. Y la inequidad no radica, insiste el profesor, en las diferencias entre universidades grandes y pequeñas. Como buen pensador formula preguntas que por desgracia nadie escucha y menos responden: ¿El país se contenta con centros de mera instrucción, o ambiciona que sus universidades consigan altos niveles de calidad en formación, como actores plenos en lo social, en la ciencia, en la economía, en la cultura, el arte y el pensamiento? ¿Y cuál es la real responsabilidad del Estado para alcanzar metas ambiciosas, ‘condiciones óptimas de crecimiento’? Cuestiones fundamentales que involucran la calidad y la necesidad de ampliación ambiciosa de cobertura, teniendo en cuenta responsabilidades de las públicas y las privadas, en armonía.

 

Asimismo se refiere al tema álgido de la “autonomía” con historial de novecientos años y que ha sido el soporte para las universidades de mayores reconocimientos en el mundo. Autonomía, en términos de libertad para fijar sus propios derroteros y ejercer la docencia y la investigación, al igual que en lo administrativo y financiero. Con la anotación, nada despreciable, de equivocarse menos las universidades que los gobiernos. Por otra parte, resalta la condición de haberse fortalecido primero las universidades en los procesos de formación y de investigación, en ciertos países que han alcanzado desarrollos económicos acelerados, apuntando a desarrollos sociales y culturales profundos.

 

Wasserman se ocupó también ante los empresarios y el Congreso de la República de desmontar mitos relacionados con el papel de la universidad y la innovación en el desarrollo afortunado de países que dieron el paso adelante, por cuanto la ciencia genera riqueza y bienestar. Las transferencias de tecnología necesitan disponer de personal altamente calificado, con el propósito de adaptar y trascenderla, con la intención de generar desarrollo autóctono. E insiste de manera válida en la innovación ligada a la formación doctoral, con verdaderos científicos con capacidad de romper esquemas tradicionales, visionarios de futuro.

 

Participa en el debate público sobre la ambicionada nueva ley que oriente y regule la educación superior, con la preocupación de no irse a generar lo que él llama un “aparheid educativo”, que implica consagrar la fragmentación de la sociedad con establecimientos de básica y media privados de calidad, para los estratos 4, 5 y 6, y públicos insolventes en lo académico, para los estratos 1, 2 y 3. Problema que debe abordar el Estado respetando la dualidad del sistema, pero elevando el nivel y las garantías de la educación pública, con políticas sensatas e inversiones significativas.

 

Recuerda los criterios expuestos por el físico José Goldemberg, del Brasil, para el desempeño de la ciencia y la tecnología en la solución de problemas de nuestros países: adaptar tecnología a las condiciones locales; involucrar la ciencia en la educación, y participar en las discusiones de gobierno relacionadas con el desarrollo. Pone por caso la participación en Estados Unidos de premios Nobel en comisiones donde se debaten problemas, con la consecuencia de disminuir los riesgos en equivocaciones.

 

Insiste en el papel de la investigación como método para el mejoramiento de la educación, de tal manera que puedan formarse profesionales con capacidad de adaptación a los cambios de labores y de instrumentos en ellas, además con capacidad de liderazgo para orientar comunidades con inteligencia e imaginación, con indeclinable soporte ético. Llega incluso a plantear la necesidad de ciencia en estos países subdesarrollados para defendernos de los autoritarismos, en tanto se forman personas con capacidad de libre examen, ilustradas y con capacidad de argumentar con solidez, alejando el predominio de la retórica vana. Y nos recuerda que no hay país alguno en el mundo con alto desarrollo económico y social sin inversión considerable en educación y ciencia. En sus propias palabras: “Las cosas no se dan por la acción mágica de las palabras sino por esfuerzos lógicos y coordinados”.

 

Su conocimiento de la historia de la ciencia y la cultura lo lleva a ubicar los temas en contextos adecuados, con relaciones que le conducen a ponderar en forma debida los problemas que aborda. Es muy diciente su disertación al cumplir 140 años la Universidad Nacional de Colombia, remontándose a los antecedentes de la institución en Europa, con repaso de las dos vertientes que han predominado hasta fijarlas en el siglo XIX como “universidad napoleónica” y “universidad humboldtiana”, la primera más dedicada a formar para la acción, en cambio la segunda con énfasis en la investigación científica, en un clima de libertad académica. Ubica a la Universidad Nacional más afín con la segunda, en los tiempos más recientes con fortalecimiento en doctorados. Y plantea con claridad la necesidad de integrar investigación y extensión a la docencia, con acceso a formas expeditas de flexibilidad curricular, movilidad de profesores y estudiantes, con ejercicio de la autonomía. Camino hacia una universidad de investigación, con el debido apoyo financiero del Estado, en respuesta a políticas públicas de reconocer la ciencia y la tecnología como imprescindibles para alcanzar desarrollo integral, ambicioso, de sociedad.

 

En novedad, Wasserman formuló en esa ocasión la propuesta de estimar la UN como “universidad multisedes”, de manera que en las sedes regionales se alcancen formas reales de cooperación con administraciones locales, dirigencia, sectores privados y con las comunidades. E insiste en acentuar pasos en los procesos de investigación con asociación de grupos bajo formas de interdisciplina y transdisciplina, en contextos de aplicación, con relaciones explícitas en los diversos sectores sociales, y en la ambición de formular proyectos de alta significación.

 

Su mirada se muestra, y en realidad la ha ejercido, tan amplia que formula la propuesta de establecer un sistema educativo común en Latinoamérica, aprovechando heterogeneidad en culturas, con sentido complementario.


Estima el profesor que la universidad en Colombia tiene doble amenaza: la de grupos internos que con sus acciones “conducen a una servidumbre de la academia a intereses políticos particulares”. Y la de gobiernos que se resisten a comprender el papel de la universidad moderna en la sociedad, con políticas retrógradas. Entiende el carácter público de la universidad por los problemas que asume, por los intereses que representa y por la población que se atiende, de procedencia dominante de estratos 1, 2 y 3. Expone con insistencia los ejes formadores en la investigación y la creación artística, bajo la premisa de ser la universidad el lugar único para educar al profesional moderno. Y pregona, con justicia, que la universidad ha sido y será para los estudiantes, en un ambiente amable propiciador de formación integral y de felicidad.

 

Tema ineludible en la concepción y las exposiciones públicas del profesor es la Ética como responsabilidad de la ciencia y de la educación. Noción clásica que debe tenerse en cuenta en las consecuencias de los avances científicos y tecnológicos, pero también subraya la responsabilidad de la ciencia en estudiar el origen biológico de los comportamientos humanos, incluyendo el mismo surgimiento de la ética. Y explica las razones que han llevado a modificar normas morales en la historia. Para concluir que es posible discernir con argumentos científicos entre varias normas alternativas para seleccionar la mejor, con alusión a la “metaética” y con recursos de la matemática. Ilustra sus planteamientos con asertos del físico Richard P. Feynman, del biólogo evolucionista Edward O. Wilson y del filósofo Peter Singer.

 

Wasserman ha expuesto, asimismo con insistencia merecida, las características de la Universidad Nacional, en su rango de nacional, pública, autónoma, moderna, de investigación, con referentes internacionales, pluralista y laica, para los estudiantes. Su concepción es lúcida por la coherencia de sus razones, por el ejercicio en apostolado de investigador y por el compromiso que tuvo en la dirección universitaria.

 

El libro del Prof. Dr. Moisés Wasserman es un afortunado acopio de exposiciones abiertas donde se plantean políticas de envergadura para la orientación de universidades públicas de Estado, con reconocimiento a las privadas, y con ambiciones de permear la sociedad hacia metas ambiciosas de alta formación regida por valores de calidad, innovación, riqueza cultural, consistencia ética, contribuciones en nuevos conocimientos, servicio a las comunidades en la solución de problemas reales y autonomía con respeto a los papeles propios de las instituciones y de grupos y personas, reconociendo diferencias y con perseverante trabajo en cooperación.

 

Obra fundamental para desprender elementos de estrategia hacia una política oportuna de educación superior en Colombia y Latinoamérica, de quien fue Rector Magnífico de la Universidad Nacional de Colombia.




En Aleph, 07.XI.2012

 

 

Fuente: http://www.revistaaleph.com.co/desde-aleph/509-moises-wasserman-elementos-estrategicos-para-una-politica-oportuna-de-educacion-superior-en-colombia-y-latinoamerica

Pobre justicia colombiana

Escrito por smpmanizales 09-11-2012 en General. Comentarios (0)

La Patria/ Opinión/ Por: Luis Prieto

 

Colombia a lo largo de su historia no ha podido configurar un sistema judicial idóneo, imparcial, dinámico y justo. Paradójicamente la literatura sobre temas jurídicos es la que ocupa más espacios en todas las bibliotecas del país.

La inmensa cantidad de abogados graduados en las muy eméritas universidades, que tanto brillo le han dado a la nación colombiana, como los graduados a manadas en todos los garajes adyacentes a las residencias de las ciudades del país, han escrito y escriben sobre lo que a su manera debiera ser el sistema jurídico nacional.

Los presidentes de la República, por lo menos los diez últimos, han llegado al solio presidencial con una reforma judicial en las manos. La misma, que estruendosamente fracasa desde el primer día de su consideración. Para muestra la que hace poco fracasó con gran escándalo antes de ser considerada por el parlamento.

Desde un principio se instauró en la cumbre del armazón jurídico que rige el comportamiento nacional un poder inexpugnable que toda la nación le teme, porque tiene las armas para hacer valer sus decisiones, así atropellen conceptos y personas que salgan a su camino. Sus titulares son dueños y señores de su ámbito.

Cualquier modificación que trate de ingresar en sus dominios tiene que ser consultada previamente, y evitan hacer parte de comisiones o grupos de trabajo que los presidentes conforman para iniciar la discusión de sus propuestas. Una clase de boicoteo subliminal que ha tenido un éxito total.

La falta de justicia hace presencia diariamente en todos los rincones de Colombia. Cuántas veces los medios de comunicación informan sobre ciudadanos confinados en una cárcel, porque la justicia los ha condenado, y al cabo de cinco o diez años, por algo en el azar judicial, tuvieron que declarar inocentes a estos sus reos. Casos como estos se suceden con una frecuencia inusitada.

Criminales abyectos, de la guerrilla o de la delincuencia común, adquieren su libertad muchas veces inmediatamente, otras al cabo de condenas que producen risa. Al mismo tiempo, militares eminentes considerados por las gentes como héroes nacionales, son enviados a las cárceles a pagar hasta treinta años de prisión.

La Fiscalía, parte integrante del tinglado judicial, es algo de excepción. Algo para ripley. De repente le dio por acusar a Sigifredo López, exdiputado del Valle, secuestrado durante algo así como ocho años con varios de sus compañeros, de ser coautor de este su secuestro colectivo, con pruebas inventadas, procurando alardear algún éxito que desdibujara sus permanentes fracasos. Después de meses persiguiendo este logro fantasioso, Sigifredo fue declarado libre de toda sospecha y culpa. Fue tal el escándalo y el fiasco monumental, que el señor fiscal de la Nación ordenó a sus subalternos pedir perdón público a Sigifredo y a su martirizada familia. No hubo renuncias esperadas por tamaño despropósito.

Otro caso tenebroso entre los miles que se encuentran a lo largo y ancho del país. El pasado 17 de junio fue asesinado un brillante joven abogado, próximo a viajar al exterior a profundizar sus estudios, en horas de la noche y en vía a su residencia en un importante barrio de Bogotá cuatro asesinos le dieron muerte para robarle su celular. Cuatro asesinos dejados en libertad alegando vencimiento de términos, figura tétrica bajo la cual se ampara la impunidad. Sus padres como en todos los casos que a diario se presentan en el país, claman justicia a todas las autoridades habidas y por haber, desde Bucaramanga donde vive su afligida familia.

Cuando uno entra a mirar la justicia de este país nunca acaba. No todo son novedades. La misma mirada al pasado judicial encontrará los mismos hechos y la misma ausencia jurídica. Los colombianos tienen a la justicia en un lugar muy bajo en el ranking de sus aprecios. Algo así como el 12% - 15%.

Para colmo El Espectador publica que Colombia no cumple con condiciones para el TLC con la Unión Europea. Que la Federación Internacional de Derechos Humanos, considera que los compromisos del Ejecutivo colombiano en la lucha contra la impunidad no son suficientes.

Ahora, para mal de males, esta justicia nuestra realiza un paro de actividades que duró 28 días. Todo, producto de su naturaleza. Una cúpula que tiene en sus manos el mantenimiento de su hipérbole y una masa humana de jueces de base, que vive de su anemia salarial.

Según Semana, cuando un juez enfrenta dictando sentencias a poderosos delincuentes talla Mancuso, con sueldos de seis millones de pesos, los intocables magistrados que las revisan en la corte, cobran entre $22 y $25 millones mensuales. Mejor muestra de su desgreño, imposible.

Esta justicia en crisis desde su nacimiento, lógicamente conduce a la impunidad, impunidad que desemboca en criminalidad y ésta en la violencia que desde entonces padece Colombia.

Fecha de publicación:
Viernes, Noviembre 9, 2012

Un “ferrocarril verde” para articular los mares de Colombia

Escrito por smpmanizales 09-11-2012 en General. Comentarios (0)

Posted by godues on November 9, 2012 ·

 

 

Por Gonzalo Duque Escobar *

 

Este título para un proyecto geoestratégico con significativos desafíos ambientales, sociales e instituciones: un “ferrocarril verde” como puente interoceánico por el Chocó biogeográfico, asociado a un tema tan vital como extraño para Colombia: sus mares, apenas reconocidos en la Constitución de 1991cuando al área continental se le suma el de dominio marítimo de la patria. Si ayer tras un período de guerras civiles perdimos a Panamá (1903) y décadas más adelante tras medio siglo de existencia vimos desaparecer la Flota Mercante Grancolobiana creada en 1946, fue porque nos mantuvimos con los mismos puertos de siempre sin advertir que había llegado la era de los contenedores, al no habernos sometido a los efectos de la competencia por proteger monopolios regionales.

 

Si Colombia desea resolver su anemia económica, debe entrar a los mares por donde se moviliza el noventa por ciento de la economía del Siglo XXI. Para el efecto, basta mirar la lección aprendida de la Portugal de Enrique el Navegante, quien marginada del Mediterráneo como cuna de las civilizaciones de occidente, a pesar de su pobreza, logra en el transcurso del siglo XV mediante un hecho tan heroico como irracional, entra al Atlántico para ensanchar el mundo de su época, con Alburquerque, Vasco de Gama y Magallanes, gracias a una visión previa que se construye durante más de una generación, y cuyo impacto baja el telón de la Edad Media al abrirse las puertas para el descubrimiento de América.

 

Lo anterior, porque la posición geoestratégica de Colombia es una ventaja comparativa, que hacerla competitiva exige mayor información, construir nuevas visiones y señalar los retos que se imponen: a modo de diagnóstico, nuestro país que sólo posee puertos de paso, alejados de las zonas mediterránea pobladas y desarticulados entre ambos océanos, y que erróneamente cree haberse modernizado adecuando los puertos para naves de 4500 contenedores (TEU), caso Cartagena, debe pensar en puertos para barcos de 12000 TEU, pero articulados con la región andina y entre sí, por ejemplo mediante un FFCC interoceánico como el que se señala para que haga parte de los corredores logísticos que hoy transitan entre Asia y Europa haciendo uso de los ferrocarriles costa a costa de los Estados Unidos de Norteamérica, ya depreciados.

 

Dicha idea que se propone desde la SMP de Manizales y la Universidad Nacional, la de un “ferrocarril verde” que saldría desde el Golfo de Urabá por terreno de Antioquia, desde unos 60 km al norte de Turbo, primero para ir hasta Chigorodó y desarrollar parte del FFCC de Occidente que conectaría a Medellín con ventajas sobre la ruta de Cartagena, luego avanzaría hacia el sur por la margen derecha del Atrato para entrar al Chocó entre Belén de Bajirá y Mutatá, ruta que a diferencia de la “propuesta China” se integraría a Colombia y preservaría los ecosistemas y culturas del Darién, además de salvar el Tapón del Darién y el ambiente de inundaciones aguas arriba de Riosucio y Domingodó, al cruzar el Atrato por Vigía del Fuerte a la altura del río Murrí, con un trazado que recoge de paso los poblados del Atrato Medio antes de cruzar por túnel la Serranía del Baudó y entrar al Golfo de Cupica, desde donde extendería sus beneficios al Golfo de Tribugá.

 

Este corredor logístico y férreo, que incluiría puertos profundos en sus extremos, resolverían la asimetría en el flujo de las exportaciones colombianas, donde las de valor agregado sólo van al Atlántico ya que no hemos entrado a la cuenca del Pacífico donde se generan 2/3 del PIB mundial, porque las embarcaciones de 4500 TEU, tipo Pánamax, no son rentables para transitar el mayor océano de la Tierra. De ahí que la entrega del Canal de Panamá, antes que ser un acto generoso de los americanos en el 2000, sea una decisión que responde a la obsolescencia del paso artificial por el istmo, inaugurado en 1914, ocurrida justo cuando entran en escena los barcos de 12000 TEU típicos del Canal de Suez, ofreciendo fletes cinco veces inferiores a los de Panamá, para hacer viable cruzar las extensas aguas del océano que ocupa la tercera parte de la superficie del planeta.

 

Mientras Colombia sigue desarrollando Buenaventura y los puertos del Caribe para embarcaciones tipo Pánamax, lo que le significa permanecer anclada en 1914; mientras sigue avanzando en carreteras sin implementar los ferrocarriles que permiten llegar a los puertos con fletes 3 a 4 veces menores que los carreteros, y mientras no reflexionemos sobre la diferencia entre puertos de paso como Puerto Wilches y de convergencia caso La Dorada, para aplicar esa mirada a los mares, entonces continuaremos por la senda perdida que ahora transitamos. Al respecto, para quienes pensamos que Tribugá tendría futuro articulado con Urabá: mientras un puerto aislado alcanza a movilizar 2 a 3 millones de Ton por año, y una ciudad con puerto, el doble, un ferrocarril interoceánico como el propuesto podría movilizar en cada dirección 40 millones de Ton anuales, o el doble en ambas.

 

*Profesor de Economía del Transporte en la Universidad Nacional de Colombia. http://galeon.com/economiaytransportes [Ref. La República, Bogotá, 2012 /11/09.]

 

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