Entre el narcotráfico y la legalidad

Escrito por smpmanizales 29-12-2010 en General. Comentarios (0)
La Patria/ Opinión/ Ricardo Eastman de la Cuesta 2010-12-29 00
 

Crece la opinión sobre la necesidad de estudiar la legalización del consumo de drogas ilícitas. La guerra contra el cultivo hace secundaria la lucha contra la elaboración de los narcóticos, fundamentada ésta en químicos importados de Estados Unidos y en el reemplazo vicioso del tradicional mambeo indígena por el clorhidrato de cocaína. En ese contexto se explica por qué Evo Morales defiende el cultivo de la coca, pero no se comprende la acción de Estados Unidos que la persigue, fumiga y castiga cuando lo que debía hacer era controlar la salida de los fatales precursores. Para los indígenas es modo de vida; para otros, muerte en vida.
Legalizarla acabaría con el negocio del narcotráfico, aparente solución a los problemas de traficantes y subversivos en Colombia. Penalizarla sería continuar con el castigo a los usuarios y con una discutible, por lo poco exitosa, persecución sobre los actores de su comercialización. Si lo primero, se introduce una facilidad adicional para que los jóvenes, en su mayoría ávidos de experiencias, puedan entrar en el tenebroso mundo de la drogadicción. Si lo segundo, entramos en el terreno del castigo a las conductas sociales, fuente de aguda controversia sobre la acción coercitiva como manera de orientar a la comunidad.
El cultivo y transformación de la coca y la amapola son el resultado del proceder injusto de un sistema económico mundial, que solo paga bien la cocaína y la heroína, que afecta con precios bajos a los demás productos del agro. En un continente que todavía depende de su agricultura: el café, el azúcar, el banano, las siembras menores tienen precios que no compiten con los cultivos ilícitos. Así el convencimiento para erradicar y cambiar de cultivo cae en la esterilidad del “mal negocio”.
América Latina se aleja de los Estados Unidos. Por eso debe revisarse la política continental. En cuanto a la droga, analizar sin pasión las bondades y perjuicios de legalizarla y con ello destruir el negocio más lucrativo y dañino de la región. En Colombia se demostró que la lucha parcial, erradicación y penalización de narcotraficantes, no logró el objetivo. Un traqueto se reemplaza por otro, a un capo le sigue otro más sanguinario y codicioso. El negoción crece en función de esa fallida persecución.
Pero el poder de los Estados Unidos es tan grande que sin su anuencia nunca revisaremos esa inconveniente ilicitud. No es mala idea recurrir a Europa para presionar al Tío Sam y llevarlo por las buenas a entender que su negocio de armas, de precursores y el que se desarrolla en las calles de sus ciudades no justifica el sacrificio mundial hecho en la lucha contra su consumo y la degeneración de su juventud. La legalización no es un axioma ni una verdad, es un asunto para ventilar en pos de destruir una actividad comercial que superó a cualquier intercambio legal y colabora en la descomposición del tejido social latinoamericano.