Sociedad de Mejoras Públicas de Manizales

También desde la sociedad civil, vamos por el pacto…

Escrito por smpmanizales 11-11-2010 en General. Comentarios (0)

 

Gonzalo Duque Escobar *

 

Hoy nos hemos reunido para firmar un pacto de Gobernanza por la educación y la cultura, solo por tres razones: la primera porque compartimos una idea y un objetivo general, segundo porque nos sentimos legítimamente convocados, y tercero y sobre todo, porque sentimos que tenemos la capacidad de compromiso que se nos ha demandado, para el tema de la educación, la formación y la cultura

 

No obstante, debemos considerar que comprometerse va más allá de cumplir con una obligación, toda vez que para el caso que nos ocupa y por el carácter de la propuesta, tenemos que aceptar someternos al arbitraje de la opinión ciudadana, no solo para las naturales divergencias que surjan con ocasión del cumplimiento de los pactos y su interpretación en términos del interés general, sino en cuanto al cumplimiento de las  obligaciones y acuerdos que nos corresponda como actores sociales.

 

Todo pacto tiene una razón de ser y una causa que lo explica. Si bien la causa se relaciona con el diagnóstico, la razón de ser va con el objeto del acuerdo que se pacta, y para el cual hablo en nombre de la sociedad civil para decir que nos sumamos a los demás actores de la sociedad en este pacto que afecta las políticas del Estado, y por lo tanto la conexión y orientación de los quehaceres de nuestra sociedad, en relación con la educación y la cultura como metas del desarrollo que deberán tener prioridad y continuidad.

 

Sabemos que el diagnóstico se expresa en la grave problemática social de la región, donde el desempleo campea, la economía se deshumaniza y la pobreza agobia, mientras corrupción, injusticia, intolerancia, drogadicción e indiferencia degradan la moral de la sociedad, para no hablar de la crisis de la familia o de la pérdida de la institucionalidad y del imperio de la violencia.

 

Y en cuanto al objeto, creemos necesario priorizar la acción del Estado en la formación de capital social frente al crecimiento económico, lo que sitúa a las personas en el centro del desarrollo.

 

Para entender mejor la apuesta de hoy,  tomemos la grave problemática del desempleo: más allá del problema de la caída de las remesas del exterior cuyo impacto realmente afecta los niveles de consumo interno, o el de la aparición de las grandes superficies comerciales por su grave impacto sobre los pequeños negocios y la economía local, está la necesaria reconversión de unas industrias que ayer empleaban legiones de obreros, pero que hoy deben resultar cada vez mas intensivas en tecnología que en mano de obra para no desaparecer, por lo que en las nuevas circunstancias se reducirá y modificará el empleo al demandarse menor cantidad de personas con otras competencias laborales diferentes a la fuerza muscular y la destreza manual, como son la inteligencia social y la capacidad intelectual.

 

Es que gracias al progreso científico y al desarrollo tecnológico, se han favorecido ciertas tendencias como son la globalización de la cultura y de la economía, y la transformación de la esa sociedad industrial que se fortalecía en un Estado con sus políticas solidarias y de pleno empleo, en otra sociedad de tecnócratas, competitiva, fragmentada y agobiada por el mercado, donde el conocimiento, el liderazgo, el emprendimiento y la innovación, son parte fundamental de las nuevas competencias y el secreto de la fórmula.

 

En consecuencia, si queremos dar una respuesta sostenible a un desempleo que afecta al 20% de nuestra fuerza laboral y donde el 54% de la población económicamente activa vive del rebusque y en la informalidad, tenemos que dar saltos cualitativos y cuantitativos en materia de educación, para transformar y adaptar esa nueva generación de niños y jóvenes que han mutado del “logos”- como la razón inherente y la lógica de las cosas-, al “eros” -como el impulso creativo e innovador.

 

Y para terminar permítanme incorporar algo que he escrito para la ocasión:

 

Hoy más que nunca debemos educar en ciencia & arte, para alcanzar la paz y el trabajo, y esto significa reconocer el rol del conocimiento y la estética en la educación técnica y tecnológica para conseguir la competitividad y de paso sensibilizar en valores. Tras la globalización de la cultura y de la economía, con el protagonismo del conocimiento como factor de producción y el desarrollo tecnológico, ha surgido una nueva sociedad, dual y fragmentada, en la que la estructura del empleo ha cambiado. Esta demanda más formación intelectual, desarrollo emocional y social, y soportes de mayor identidad cultural cuando se trata de bienes y servicios que exigen el rescate de los saberes y tradiciones populares. Según la Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo (1995) también debemos avanzar en el propósito de endogenizar la ciencia para crear un ambiente cultural favorable que pueda contribuir al desarrollo de competencias necesarias en actividades productivas y de innovación tecnológica, para el emprendimiento.

Vamos por el pacto por la educación y la cultura, pues ahora más que nunca nuestra sociedad debe decidirse por formar nuestros niños y jóvenes en el ser antes que en el tener; los manizaleños debemos considerar como problema de fondo la política de la educación pública, y debemos hacer una reflexión colectiva sobre: para qué y en qué educamos, y cómo lo hacemos. Posiblemente con pedagogías que hagan del jardín botánico, del museo, de la biblioteca y del taller, la extensión natural del aula y el espacio de discusión y reconocimiento de la persona y la sociedad, en algo podríamos cambiar las cosas siempre y cuando apliquemos más recursos y dignifiquemos el rol del Maestro.

 

 

Manizales, 08/11/2010.

 

* Profesor Universidad Nacional de Colombia

http://en.scientificcommons.org/gonzalo_duque_escobar

 

Armero 25 años...el desastre y la erupción del Ruiz de 1985

Escrito por smpmanizales 11-11-2010 en General. Comentarios (0)

 

 Armero 25 años...eldesastre y la erupción del Ruiz de 1985

 

 

LAS LECCIONES DEL RUIZ A LOS 25 AÑOSDEL DESASTRE DE ARMERO.

 

 

 

 

PorGonzalo Duque-Escobar *

 

 

Hipótesis para el Prefacio

 

Una vez más nos hemos congregado para conmemorar unadolorosa fecha, con la intención de hacer un balance del que se derivenlecciones a partir de las experiencias científicas en torno a un desastre quesegún mi convicción pudo ser por lo menos mitigado, dado que para entonces el Estadono contaba con políticas ambientales ni de planificación ligadas a la dimensiónde los riesgos, y que nuestra sociedad tampoco había desarrollado esa culturaque demanda la adaptación a dichos fenómenos. Al estar desprovistos deinstrumentos que proveyeran la capacidad efectiva de intervenir, se dejó a susuerte a decenas de miles de pobladores expuestos y en sumo grado vulnerables, sobreun escenario severamente amenazado por una erupción claramente anunciada, ydonde las acciones locales y nacionales de los diferentes actores sociales,resultaron asimétricas y fraccionadas.

 

Si bien ese es el fundamento de la hipótesis que presento,a mi juicio existieron otros factores contribuyentes, cuya intervención pudodesmovilizar o neutralizar de forma oportuna los precarios activos del Estado  previstos para prevenir la tragedia. Entreellos las ideas que me asaltan, discutibles si se quiere por quedar en el planode las impresiones, es que pudieron más los intereses locales de quienes preocupadospor la economía reclamaban la “desgalerización” de la ciudad -término ahora aplicadoen Pasto frente a las crisis del volcán Galeras-, y la irresponsabilidad defuncionarios clave justificándose en flacas y tardías acciones que desatendieronlas oportunas recomendaciones de calificados expertos de UNDRO, para terminarcalificando  de  apocalíptico el clamor de notables lídereslocales, entre otros factores que finalmente restringieron al ámbito académico lasinequívocas señales del volcán tales como la cenizada del 11 de septiembre de1985, además de la información obtenida de la historia eruptiva del volcán y elmapa preliminar de amenazas elaborado un mes antes de los acontecimientos, entreotras tareas, así provinieran de un grupo inexperto del que hicimos parte allado de varios compañeros que hoy faltan, solo por haber entregado su vida enacciones científicas al servicio de la sociedad.

 

En dicha historia, la del volcán, el insigneinvestigador Jesús Emilio Ramírez S.J. en su obra Historia de los Terremotos deColombia (1983), describía las erupciones del Ruiz de 1595y 1845, dando cuenta de sendos flujos de lodo que se esparcen en el valle desalida del Lagunilla, hechos que coincidirán con lo acaecido en 1985, solo quepara entonces no existía la población de Armero. Los trabajos de Darrel Herd (1974),sobre vulcanismo y glaciación del complejo volcánico sumados a los de FrancoBárberi para la investigación del proyecto geotérmico del cual participé, definitivamentele daban cimientos a las proyecciones del riesgo derivadas del reconocimientohistórico del Padre Ramírez.

 

Si bien el motivo que nos congrega es reflexionar paraconstruir como colectivo, mi aporte partirá de lo que ya he consignado hacecinco años para similar propósito, en “Las lecciones del volcán del Ruiz a los20 años del desastre de Armero” (2005), de nuevas reflexiones hechas a partirde la lectura de los desastres naturales que continúan surgiendo en lageografía del convulsionado país, además de las experiencias ya vividas con lacoyuntura volcánica en los dramáticos sucesos de 1985, e incluso las  acumuladas desde el año 1979 cuandoparticipaba de las investigaciones del potencial geotérmico del complejovolcánico Ruiz Tolima. 

 

 

Elalba de la coyuntura

 

Para empezar, un poco de historia sobre los antecedentescorrespondientes a un primer período de esas inequívocas señales entregadas porel volcán, el de los meses previos a las erupciones del 11 de septiembre y del 13de noviembre, de 1985.

 

La reactivación del Volcán Nevado del Ruiz se adviertedesde  el 22 de diciembre de 1984, y lasprimeras advertencias se vierten a Ingeominas iniciando 1985 con lasrecomendaciones de John Tomblin como responsable de la entonces Oficina de lasNaciones Unidas para el Socorro en caso de Desastres – UNDRO-,  invitado para el caso a Colombia. Dos mesesdespués se pública la noticia en el diario local La Patria, donde se dan aconocer los hechos advirtiendo que la actividad de las fumarolas no eran motivode alarma.

 

El 23 de marzo de 1985 realizamos un seminario abierto yconcurrido en el Aula Máxima de la Universidad Nacional de Colombia sedeManizales, en el que se informa sobre una reactivación del Volcán, suserupciones históricas y los riesgos, y posibles eventos esperados frente unaeventual erupción. Todo esto se consigna en el Boletín de Vías y TransportesNº53, donde  se publica el resultado deun trabajo científico previo adelantado en el volcán por nuestro grupo detrabajo, compuesto por expertos voluntarios, profesores de las universidadesNacional y de Caldas, y miembros del Departamento de Geotermia de la Central Hidroeléctricade Caldas CHEC, labor cuyo propósito era mapear el cráter activo, describir laactividad fumarólica, y generar una información adecuada para dar respuesta alas crecientes inquietudes de la comunidad y sugerir lo que fuera del caso.

 

En mayo se recibe la visita del científico Minard Hall comodelegado de UNDRO, quien reclama de nuevo la atención a las anteriores recomendacionesde la organización, expresa su preocupación por la persistente actividad delRuiz y de paso señala la necesidad de acometer una gestión para la atenciónoportuna del riesgo priorizando las zonas habitadas y mostrándonos en el lugar elpotencial de flujos de lodo del edificio volcánico, consecuencia de losglaciares y materiales de arrastre disponibles.  

 

En julio, cuando ya se empieza a percibir el olor aazufre en Manizales, luego de intentar infructuosamente durante los mesesprecedentes obtener unos sismógrafos para iniciar el monitoreo del volcán, y dehaber recurrido al Cuerpo Suizo de Socorro para conseguirlos por otra vía graciasa una gestión iniciada por Hans Meyer, se establece Ingeominas aportando los cuatrosismógrafos y justificando su tardanza en la dificultad que tuvo para conseguirlas piezas de repuesto; el hecho en sí y la justificación permiten mostrar laimportancia que se le daba al asunto en Bogotá.

 

En agosto llega el científico Bruno Martinelli comorespuesta del Cuerpo Suizo de Socorro a solicitud del Gobernador de Caldas ydel Alcalde de Manizales, tras un mes de preparativos en el cual se decidiódesarrollar la tecnología buscando adaptar los sismógrafos para operar enambientes a temperaturas bajo cero grados, lo que suponía hacer uso de laelectrónica militar. Indudablemente estos meses perdidos al lado de lainexperiencia que nos asistía, serán una de las causas más relevantes en el trágicodesenlace de los acontecimientos.

 

Para información de Ustedes, varios de los queactuábamos éramos de algún modo parte del equipo organizado desde 1979  por Ariel César Echeverri con la misión de investigarel potencial geotérmico del Ruiz, la mayoría ingenieros con 500 horas deinstrucción en Geofísica entre los años 1983 y 1984 por parte de eminentesprofesores de las escuelas italianas de Nápoles y Pisa, y dos de ellos conestudios en Geotermia. Del equipo hacíamos parte entre otros, Néstor GarcíaParra QEPD, la geóloga Marta Lucía Calvache y Bernardo Salazar Arango como miembrosdel Departamento de Geotermia, además del grupo de geoquímica de aguas termalesde la Universidad Nacional liderado por la Profesora Adela Londoño Carvajal.

 

 

Luces y sombras dela tragedia

 

Estando presto a salir Bruno Martinelli para Suiza dondese evaluaría la información fruto del trabajo de este geofísico de enormedimensión humana, quien un mes antes había cambiado un volcán de África por elde este escenario, al medio día del 11 de septiembre se produce una erupciónfreática en el Ruiz, cuyas cenizas llegan a Manizales para despejar las dudasde los más escépticos. Confieso que si bien desde 1979 estábamos investigandoel tema de los volcanes, el evento nos llevó a esa extraña dimensión que señalaen Lévi-Strauss en Tristes Trópicos, porque frente a semejante fenómenoestábamos como quien cree saber de un extraño lugar porque colecciona sus imágenes,al que no ha viajado para sentir su compleja naturaleza y experimentar su carácter.

 

Esta erupción del 11 de septiembre que se hace sentir enla ciudad y genera flujos de lodo que cierran la vía a Murillo, le da laconnotación suprarregional al riesgo, y sobre todo detona la ya aplazadaconfección del mapa de amenazas del Ruiz. De lo ocurrido en ella, a finales deese mes el equipo de Ingeominas pudo establecer, no solo la velocidad delpequeño flujo de lodo, sino también la certeza de su ocurrencia en caso de unaerupción mayor, dato importante para estimar el tiempo disponible para evacuara Armero. Igualmente Ingeominas informa de un represamiento del Lagunillas enla vereda El Cirpe consecuencia de actividades mineras, como elementofundamental que vinculará al imaginario de esos pobladores la amenaza temidacon la suerte de Armero, así la magnitud de este represamiento de tan solo 200mil m3 no compitiera con el tamaño y alcance espacial de los lahareshistóricos.

 

Tras el evento, se crea el Comité de EstudiosVulcanológicos de la Comunidad Caldense bajo la coordinación de Pablo MedinaJaramillo con la secretaría científica de José Fernando Escobar Escobar comocoordinador de Ficducal, fundación que reunía a las cinco universidades deManizales y cuyas actas juiciosamente recolectadas dan testimonio de las actividadesy esfuerzos de diferentes instituciones y autoridades de la ciudad, buscando darlebuen trámite a una preocupante crisis que no encontraba el eco esperado en el gobierno central. Como ilustración:cuatro meses antes de la catástrofe aparece la famosa carta de la Jefe de laOficina de Relaciones Internacionales del Ministerio de Educación, ofreciendosu mediación al gobernador de Caldas para que se le solicite por ese conducto ala Unesco “evitar que el volcán del Ruiz se reactive”.

 

A finales de septiembre, además del histórico debate delparlamentario Hernando Arango Monedero, calificado de apocalíptico en unarespuesta del ministerio que se justifica con un pálido balance de accionesinsustanciales, el citado Comité que también recibe las advertencias de UNDROsobre la posible ocurrencia de  flujos delodo por el rio Chinchiná, entre otros eventos de menor relevancia paraManizales, conoce del Censo efectuado por Corpocaldas a lo largo del drenaje desus tributarios y revisa una carta del Gobernador de Caldas para solicitarle algobierno central acciones para atender la problemática. En ese estado de cosas,recuerdo haber solicitado incluir en ella tareas de preparación para lacomunidad expuesta en las zonas de alto riesgo y llamar la atención al gobiernopara proveer lo que se requiriera para los evacuados, incluyendo las personasque moran dentro de un radio de 10 Km y los pobladores de Armero, además de loscensados.

 

Para entonces, los temidos tremores del volcánidentificados finalmente por Martinelli y reportados ahora por el equipo desismología, a juicio de este resultaban preocupantes; la columna de vapor alcanzabaalturas sostenidas que superaban los 10 km, y se implementaban estrategiasinformativas que hacían uso del manual de UNDRO para el debido manejo de lasemergencias volcánicas. Además, la ya visible exacerbación de la actividadfumarólica era interpretada por el grupo de geoquímica como evidencia de que seempezaban a generar los efectos decisivos previstos por W. Giggembach sobre eltapón del cráter Arenas, y con ellos una posible reducción en la presión delsistema que conduciría a la erupción.

 

Entrado Octubre cuando en tan corto tiempo son notableslos avances alcanzados en la confección del mapa de riesgos encomendado al equipode geólogos de Ingeominas y la Universidad de Caldas, y por la implementacióndel modelo metodológico y teórico propuesto por W. Giggembach útil para laevaluación de la dinámica preeruptiva en función de la volatilidad de loscomponentes gaseosos de los fluidos volcánicos, entre otros faltaba monitorearla topografía del edificio volcánico para advertir las posibles deformacionescausadas por incrementos en el campo de esfuerzos de darse el ascenso delmagma. Entonces se concretan gestiones en el Comité para satisfacer lasdeficiencias e incertidumbres sobre un proceso urgido de complementosinstrumentales y conceptuales, como son traer hasta Manizales a Franco Barberidesde Italia, a Rodolfo Van der Laat desde Costa Rica y Minard Hall desde Ecuador.Incluso a Darrel Herd, quien en concurrida conferencia en el Teatro 8 de Junioen la Universidad de Caldas desestima la ocurrencia de un desastre en caso deerupción, a pesar de haber señalado en el Comité la importancia de las tareasque hacíamos en virtud de riesgo existente.

 

Iniciando la segunda semana de octubre, aparece laversión preliminar del mapa de Riesgos Potenciales del V. N. del Ruiz, dondeademás de consignarse la historia del volcán se señalan las amenazas, entre lasque se incluyen flujos de lodo de hasta medio centenar de metros de potencia dependiendodel nivel de riesgo de las zonas, asignándoles una probabilidad del 100% encaso de erupción importante, riadas que alcanzaban en dicha cartografía todas laszonas que efectivamente se bañaron de lahares, entre ellas Armero; y también caídade cenizas de alguna severidad con una probabilidad de 2/3 extendiéndose solamentesobre una zona orientada hacia el noreste del cráter, y que por lo tantoexcluía de caída de piroclastos en sectores del occidente, omisión para la que sugerimosconsiderar el cambio de la dirección de los vientos regionales entre el veranoy el invierno, relacionado con la dinámica del clima bimodal andino, lo que secomprobaba con las cenizas que alcanzaron a Cartago en 1595.

 

Entretanto las labores del monitoreorudimentario continuaban, confiados en que a falta de un sistema telemétrico elvolcán se anunciaría a distancia y que uno de nuestros miembros que permanecíaen el lugar: el Ingeniero Bernardo Salazar Arango, quien exponiendo su vida observabalos sismógrafos allá para tener información en tiempo real, informaría porradio de cualquier evento de carácter sorpresivo: ambos, volcán y hombre, cumplierona cabalidad, pero la última señal no fue suficientemente interpretada comotampoco las que ya había dado el volcán.

 

Hasta aquí la cortaextensión espacial y temporal del monitoreo sismológico y geoquímico, dondegravitaba la falta de observaciones de otras variables físicas como las deformacionesque dependían de medidas geodésicas no implementadas, y unas observacionesmorfológicas que no podían resultar sistemáticas a causa de las dificultades y condicionesambientales resultaban insuficientes: todo este acerbo impedía generar unalínea de base para el volcán como instrumento con el cual se permitieradiagnosticar, con suficiente aproximación, el grado de anormalidad de losfenómenos observados.

 

Recuerdo cómo un día antes de laerupción, el grupo de geotermia descendió por última vez al fondo del cráterpara tomar otra muestra de los gases, intentando capturarlos en las fumarolasantes de que emergieran y entraran en contacto con el aire, para malograrse. Enesta riesgosa expedición que incluía la tarea adicional de observar posiblesdinámicas morfológicas, no se reportaron cambios significativos del cráter.Pero al día siguiente, el de la erupción, siendo las 7: 30 PM cuandoprocedíamos a dar inicio al análisis geoquímico en el Laboratorio de laUniversidad Nacional, observábamos las muestras obtenidas con un aspecto turbioinquietante, asunto este que sumado a lo del día, permite calificar laimposibilidad de aventurar un pronóstico.

 

 

Nochede muerte y destrucción

 

Y a los pocos días de haber concluidola elaboración del mapa de amenazas, a pesar de la caída de cenizas que desdehoras de la tarde afectaba a Armero, de las llamadas al cuerpo de bomberos dela “Ciudad blanca” efectuada desde uno de los municipios cordilleranos, dehaberse informado el inicio de la erupción por la doble vía que se esperaba: ladel  volcán y la del hombre: los flujosde lodo estimados después en 100 millones de metros cúbicos, descendieron raudosdesde los glaciares del volcán nevado, avanzaron arrasándolo todo hasta alcanzarlos poblados ubicados en los valles de salida de los ríos, pero la población nofue evacuada. Por la vertiente del Cauca las riadas tardaron  más de una hora hasta Ríoclaro y parte de Chinchiná,y por la del Magdalena unas dos horas hasta Armero, transitando por la cuencadel Lagunillas, y dos horas hasta las partes bajas de Mariquita primero, paraseguir luego a  Honda, por el Gualí. EnArmero los lahares, masas donde participan agua y sólidos por mitades,cubrieron con 2 m de lodos unos 30 km2 del valle en varias direcciones,incluida la del norte ajena a este drenaje.

 

Y como me he preguntado ahora: ¿por qué antes del 13 denoviembre no se produjo ninguna acción ante la advertencia expresa de que encaso de una erupción, Armero sería borrado por una avalancha?-esto deconformidad con lo que el mapa oficial mostraba desde su primera versión deinicios de octubre así fuese preliminar-. Posiblemente el trabajo que emprendimosa la fecha fue tomado como un simple ejercicio académico, o también lasistemática preocupación por la información que se daba en la prensa,dudosamente calificada de alarmista, terminó con sus voces por apagar las lucesde sensibles periodistas y con ello por desmantelar una estrategia que pudocontribuir a la apropiación social de la prevención del desastre.

 

Calificados expertos de variospaíses, después de recopilar la información sobre los antecedentes y analizarlos hechos, coincidieron en denominar esto como una catástrofe anunciada,mientras aquí unos y otros rompían sus vestiduras amparados en la imposibilidadde predecir el comportamiento de un volcán, para decir que la suerte padecidapor unos 25 mil colombianos fue culpa de la indómita naturaleza.

 

En comparación con los eventos históricos del Ruiz,acaecidos en 1595 y 1845, la segunda entre las tres parece haber generado losmayores flujos de lodo, y la que nos ocupa, resultó ser la de los lahares másmodestos y la erupción de menor magnitud. Además,  si bien la erupción de 1985 fue calificada desubpliniana, al cobrar unas 25 mil vidas, queda la lección para no subestimar estoseventos, dado que la del Ruiz (1985) con apenas 1/10 de km3 de magma aportado,con las 25000 vidas cobradas se ubica en el tercer lugar entre los desastres volcánicosmás catastróficos del siglo XX, después del Tambora (1915) con 56000 víctimas ydel Krakatoa (1883) con 36400.

 

Esto es, hace 25 años, a pesar del compromisode la comunidad científica que asumió tareas, del esfuerzo de la cruz Roja y laDefensa Civil locales en materia de prevención, queda pendiente pagar un saldoque únicamente se liquida sin volver a repetir la tragedia de Armero. Y lo digoporque antes de la erupción del 13 de noviembre de 1985, previo al paroxismo delas 9:20 de la noche hora local, desde las 3:05 de la tarde hubo emisiones deceniza, y antes del anochecer a modo de señal premonitora la arena volcánica yfragmentos de pómez caían sobre al poblado tolimense, en un ambiente enrarecidopor un extraño olor azufrado.

 

Todo porque allí comoen otros lugares se carecía de una instrucción precisa, de unos medios mínimosy de unos procesos adecuados, para que la población evacuara frente a un eventosorpresivo, pero que también daba tiempo al menos para mitigar la desgracia. Estoes la  suficiencia de la información gravitó, ya queno resultó suficiente la historia y el mapa, al faltar las instrucciones y elprotocolo para evacuar, señalando el por qué, cuándo, cómo y a dónde, por lomenos. Incluso, los simulacros del caso como parte de la informaciónintangible.

 

 

Epílogo

 

Luego delos sucesos de Armero, cuando se dan las frecuentes noticias sobre las crisisdel Galeras, del Huila y del Cerro Machín, no dejamos de preocuparnos a pesarde saber que nuestros científicos de Ingeominas estén altamente capacitados, quese hayan hecho estudios sobre el riesgo y que se tengan mapas de amenaza ysistema monitoreo.

 

Esto porquea pesar de la existencia de un Sistema Nacional de Prevención y Atención deDesastres que ha hecho grandes esfuerzos y se ha consolidado, siempre quedancomo preguntas: por qué las personas no evacúan y qué falta en términostangibles e intangibles. Como evidencia de lo primero,  antes del terremoto del Quindío el ComitéLocal de Emergencias del pequeño municipio de Pijao, epicentro del sismo, nosólo se reunía periódicamente y producía sus actas, sino que contaba conpresupuesto y tomaba sus propias decisiones, tal cual lo hizo el 25 de enero de1999 y días siguientes, a pesar de estar incomunicado el poblado y desarticuladasu comunidad del contexto regional y nacional.

 

También,porque la“galerización”, término extraño para entonces y para quienes no saben delGaleras, pero que refuerza la dialéctica del discurso como herramientaestratégica para entender la problemática que existe en Pasto, donde se repitelo que se hizo en Manizales cuando se desdibujó una estrategia comunicativa conexpresiones como “aquí todos éramos vulcanólogos”, ya que eso posiblemente, lode haber “galerizado a Armero”, habría salvado a muchos armeritas de lahecatombe, del mismo modo que lo han hecho las comunidades indígenas con lasavalanchas del Huila de abril de 2007.

 

Ladimensión social, política, cultural y económica, podría darnos esas respuestasque espero no se resuelvan con nuevos desastres.

 

Con las leyes de la Cultura, del nuevo Sistema Ambientaly de la Reforma Urbana, hoy se contempla la dimensión de los desastres y seconsagra el derecho de la participación ciudadana, pero urge implementar elriesgo, primero asegurando las acciones misionales de institutos como elIngeominas y las de complemento de las autoridades ambientales, a quienescorresponde las acciones en esta materia, donde la previsión a corto plazo quese relaciona con los procesos geodinámicos y afines, incluye las tareas deobservación sistemática de variables físicas y el desarrollo de modelos. Yotra, la previsión general que se materializa en mapas de amenaza para estudiarlos riesgos naturales y asegurar el uso sostenible del suelo, temas para loscuales en materia de cartografía y de acciones de las autoridades territoriales,encontramos profundas deficiencias.


Esta loable y muy difícil labor para el caso de los volcanes activos, la handesarrollado oportunamente los científicos de Ingeominas en los tres segmentosde los Andes colombianos; pero en los planes de desarrollo y ordenamientoterritorial, y de ordenamiento ambiental de cuencas, sabemos no se contempla ladimensión regional, ni se han aplicado los mapas de amenaza volcánica durantelos períodos de calma para proceder con una ocupación no conflictiva del suelo entérminos de exposición o generación de riesgos.


Me temo que con esa visión de corto plazo y la baja propensión a las accionesestructurales señaladas, estamos desaprovechando el esfuerzo de muchasinstituciones del país, como la de los vulcanólogos, comprometiendo  la suerte de la Nación y exponiendo variascomunidades vulnerables de Colombia.


Mil gracias,

 

Manizales,Noviembre 9 de 2010

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Imagen:Fotografía del V.N. del Ruiz, por Jaime Duque Escobar

(*)Gonzalo Duque Escobar, Profesor Universidad Nacional de Colombia. http://en.scientificcommons.org/gonzalo_duque_escobar

D E S C A N S O

Escrito por smpmanizales 11-11-2010 en General. Comentarios (0)

Por Carlos A. Valencia O.


D E S C A N S O (257)

(Para William y Adiela con cariño y agradecimiento)

 

Luego de dos viajes en avión y como cinco en automóvil y otras cinco en Ferrocarril, el cuerpo pide descanso.  Cualquier cama es bien recibida (díría que fue un berraco quien inventó la cama) porque la columna vertebral no aguanta más.  Pero hemos llegado a la sucursal del Cielo.

 

Lakeland, Florida, donde no se oye ni el sonido de las moscas (porque no hay o por lo menos no se dejan ver) y los pajaritos vuelan discretamente de árbol en árbol.  (¿Será que existe una ley federal que prohibe que los pajaritos hagan bulla cuando vuelan?)  La hospitalidad de William y Adiela es perfecta en todo sentido: ni el más leve asomo de indiscreción porque estás como en casa.    El mundo Colombiano está a cientos de millas de distancia pero el corazón no se despega de sus querencias: los hijos, los nietos, los familiares y amigos quedaron atrás pero permanecen indeleblemente en el corazón, casi hasta las lágrimas, cuando el terruño que nos vió nacer está permanentemente en el recuerdo.

 

Pero hay que vivir la vida, hay que saborear otras sensaciones, otros gustos, otros paisajes, otras personas que hablan distinto o quizás piensan distinto, pero son seres humanos con sus ideales y sus esperanzas.  De esos elementos se nutre quien escribe. En la sala de la hermosa residencia se escucha música ambiental de esa que siempre ha llenado mis expectativas ¡Y de qué manera! Serenata de Plenilunio, Polvo de Estrellas, Canción cantada triste, Día Nublado, La Feria de Scarborough, Frente al Mar, Stella a la Luz de las Estrellas, Te volveré a ver, Sentimientos, Nunca debí dejarte ir, Lluvia cayendo sobre mi cabeza… ¿quieren más?  Para qué más si estas melodías tienen todo ese bagaje de emociones que han movido al mundo durante muchísimos años, en donde quiera que haya existido un corazón enamorado.  Escoger cuál de estas melodías es más linda es decisión bastante difícil.  Yo escogería la primera Serenata de Plenilunio del Maestro Glenn Miller, canción que dedicó a su esposa Helen Burger Miller, un éxito de ventas por los años 1940 y que sigue cautivando adeptos.

 

A propósito del Maestro Miller leí algo sobre su vida, algo que me hizo pensar.  Él entró a estudiar a la Universidad de Colorado, en donde conoció a su futura esposa y de las cinco materias del primer semestre perdió tres y se retiró para dedicarse a viajar o sea “que se fue con su música para otra parte”.  Posiblemente si no se hubiese retirado de la universidad de Colorado, el mundo quizás se hubiese perdido de su genialidad como compositor, arreglista,  intérprete del trombón de vara y Director de la Mejor Banda de Swing que ha existido.

 

Creo que ahí tenemos otra lección para nuestras vidas: no siempre las mejores calificaciones en la primaria, o en la Secundaria o en la Universidad son el pasaporte para una vida plena o una existencia llena de satisfacciones.  La vida de los grandes realizadores está signada por el fracaso y el triunfo.  Nada es gratis en este mundo.

 

¿Por qué me dio por filosofar de esta manera?  Les confieso que conmigo siempre ha sido así ¡Qué le vamos a hacer!  Pero es que el ambiente se presta para dialogar con el alma porque estamos lejos de las presiones cotidianas.  Estos son días de fiesta para los sentimientos y la buena música, que es un bálsamo para el espíritu.

 

¡Qué sensación tan distinta escribir lejos del ambiente cotidiano! Lo nuevo inspira distinto, los escenarios diferentes refuerzan las palabras comunes que me han ayudado a describir situaciones, a narrar historias, a crear personajes.  Son las mismas palabras, quizás, pero usadas bajo otras circunstancias.

 

Puede que el firmamento sea el mismo, que el sol ronde su circuito sin alteración.  Puede que la noche sea tan romántica aquí en el norte como la cálida de la zona tropical con olor a fruta  fresca, con la exuberancia de los colores que invitan a soñar  Pero las personas son las mismas con sus sueños, sus ideales, sus esperanzas, pero en otro idioma.  Pero los corazones traducen los sentimientos y las pasiones al idioma elemental y primigenio del amor.

 

Lejos, muy lejos al sur, nuestros seres queridos sueñan, trabajan, viven y esperan forjando sus vidas.  Es una buena oportunidad de traducir lo que el alma quiso decir.  Después de todo siempre existirán Quijotes que quieran escribir libros de Caballería sobre los famélicos Rocinantes de nuestras historias cotidianas.

 

NOS VIMOS.

“EL AMOR ES UN SINVERGUENZA”

Escrito por smpmanizales 05-11-2010 en General. Comentarios (0)

 

Por Carlos A. Valencia O.

 

“EL AMOR ES UN SINVERGUENZA” (256)
 
No viene al caso mencionar el nombre de la institución bancaria en la cual tuvo lugar la historia que voy a contar y mucho menos los nombres verdaderos de los protagonistas. Básteles con saber que fui testigo de lo que allí sucedió hace ya varias décadas y créanme que todo es cierto.
 
Mi puesto en ese banco era el de Jefe de la Sección de Extranjero (así la llamaban) y me encargaba de tramitar todo aquel papeleo que tenía que ver con importaciones y exportaciones de y a otros países, así como la apertura de Cartas de Crédito para cubrir los envíos de las mercancías que llegaban al país procedentes de los Estados Unidos y de algunas naciones de Europa, especialmente de Inglaterra, de Francia, de Suecia y de Alemania.  El volúmen de negocios era grande, porque hacía pocos años que había terminado la Segunda Guerra Mundial y todos los países empezaban a recuperarse de esa horrible hectombe. 
 
Cuando me fueron a designar una Secretaria para que me ayudase en mis gestiones, la Gerencia y la Secretaría del banco tuvieron a bien escoger una niña que tuviese alguna experiencia en Comercio Exterior, lo que incluía nociones de contanbilidad y conocimientos aceptables del  idioma inglés, por lo menos para traducirlo y comprendrerlo, además de buena redacción en Español.  Era un puesto deseado por muchos y muchas pero difícil de llenar por su complejidad, al menos por esos años.
 
Después de muchas pruebas a candidatas escogieron a María Delfina Sotomayor una niña de buena presencia, decían que de buena familia y con bachillerato comercial aprobado en Contabilidad, Inglés y Francés, correspondencia comercial y excelente redacción.  María Delfina llenaba todos esos parámetros, además de tener un cuerpo espectacular, una hermosa cara y una manera de ser muy agradable.  A sus dieciocho años era “todo un bocatto di Cardinale” para tantos solteros que pululaban en el banco y a quienes “se les vinieron las babas” tan pronto como esta hermosura empezó a trabajar en el banco.  En ese aspecto “yo estaba vacunado” porque hacía escasamente tres meses  que había contraído matrimonio y estaba (y todavía estoy) profundamente enamorado de mi esposa.
 
Es obvio que, al poco tiempo, el escritorio de María Delfina se convirtió en el epicentro de todo el movimiento bancario de nuestra sucursal, porque la mayoría de los empleados buscaban una excusa para asomarse, aunque fuese por breves momentos, “a degustar semejante montononón de mujer”.  Claro que yo como Jefe de la Sección “pagaba el pato” por ella, por su amabilidad porque, por atender a los compañeros bancarios, se retrasaba en sus labores y muchas veces debíamos quedarnos, luego de cerrar las puertas del banco al público,  cuadrando cuentas, facturas, consignaciones y demás operaciones inherentes al movimiento diario.
 
Le puse el título a este relato de “El amor es un sinverguenza” (un dicho muy popular entre nosotros) debido a que, como todos lo sabemos, el amor es pegajoso, contaminante, dulce, traicionero, tierno, inolvidable (ya casi se me acaban los adjetivos para describirlo) y por encima de todo “contagioso” como cualquiera de las más peligrosas enfermedades.  Y uno de los que tenía “las defensas más bajitas” contra ese virus,  bacteria o microbio, era Gustavo Adolfo Salasarria, un buen muchacho, ayudante de la Sección de Préstamos y Descuentos cuya Jefa era Samanta Olivares, una buena mujer, magnífica empleada, un poco “mayorcita” (cercana a los 38), soltera y sin compromiso, pero para ser honesto, una niña de muy buena presencia, toda una dama y muy buena compañera.
 
¿Por qué menciono todo esto? Simplemente porque he sido bastante observador de la naturaleza humana y nunca he pasado por alto la sutil relación entre jefa y subalterno (en este caso), que rebasaba los límites de la amistad como para convertirse en interés más allá de las obligaciones entre estas dos personas.  Pero el interés era más grande de parte de Samanta hacia Gustavo Adolfo que viceversa.  ¿Por qué me atrevo a decirlo?  Pues porque nuestros puestos de trabajo, nuestros escritorios estaban muy cercanos “a tiro de ojeada”, fácil de sentir la empatía entre dos seres.
 
De tanto observar a los compañeros en su trabajo diario, en sus charlas, en sus miradas, en sus reacciones, en sus actitudes, uno termina sacando conclusiones: Gustavo Adolfo era demasiado jóven (20 años) como para enamorarse de su jefa que le llevaba casi el doble de la edad y además era obvio que “se le brotaban los ojos al muchacho con la nueva Secretaria de la Sección de Extranjero”.  Fuera de eso, el muchachito era un romántico empedernido y le gustaba escribir, le gustaba la poesía y ésta lo traicionaba con los ojos, el cuerpo y la sonrisa de María Delfina.  ¿No dicen por ahí que el amor es como el humo, muy difícil de ocultarlo?
 
A estas alturas del relato creo que me estoy comportando como cualquier libretista de novelas de televisión, contando problemas amorosos que suelen suceder en los sitios de trabajo.  Cierto es  que, en este caso, no se necesitaba ser muy listo ni observador, para sacar conclusiones.   Y en cuanto a María Delfina ¿había algún interés de parte de ella hacia Gustavo Adolfo o hacia cualquier otro compañero de trabajo?  ¡Nada de nada!  La Esfinge de Gizeh daba más pistas que ella.  Estaba sólo dedicada a cumplir con su deber, nunca mencionaba algo de su vida íntima, era amable pero muy seria e inabordable en sus cosas.
 
Claro que las lágrimas pueden traicionar un romance y Samanta algún día no aguantó más la indiferencia de Gustavo Adolfo y de un momento a otro “salió bañada en un mar de lágrimas” hacia el baño de las damas.  Sus amigas íntimas la acompañaron a ese “santo Sanctorum” de las mujeres, donde ellas se maquillan, hacen confidencias y preparan sus mortales ataques contra el “enemigo común”: los hombres casaderos.  Gustavo Adolfo sintió que la cosa no era con él. Porque después de todo él no se “creía tan irresistible” como para partirle el corazón a ninguna mujer.  Él creía firmemente en aquel tango que tanto le gustaba que decía:
 
El cariño es como una cadena
Cadena maldita de amor y de fé
Cada cual va arrastrando su pena
Sin pensar que otros sufren también
 
La que vos perseguís no te quiere
Y en cambio se muere alguna por vos
Y así vamos formando cadena
A la buena ventura de Dios.
 
Para Gustavo Adolfo lo que expresaba ese tango era totalmente cierto.  Hubiera querido partirle el corazón a María Delfina, pero semejante monumento de mujer  “no estaba al alcance de su presupuesto”.
 
Una semana más tarde, un lunes para ser más exactos, María Delfina no vino a trabajar.  A mí no se me informó que estuviera enferma o tuviese algún problema hogareño, algo raro en una persona tan responsable como ella.  Llegaron el martes y el miércoles y nada que aparecía y el trabajo se acumulaba en la Sección de Extranjero.  Y algo más: el manejo de la máquina tabuladora NCR (National Cash Register) que imprimía para esa sección el movimiento diario y semanal, esa máquina quedó a mi cargo y “me metí la “enredada” del siglo” para echarla a andar, puesto que yo no había recibido entrenamiento previo, lo que logré luego de medio día de estar hundiendo teclas y moviendo barras espaciadoras hasta que pude hacerla funcionar, luego de dañar montones de formatos.  Esa noche me tuve que quedar trabajando en ese aparato  como hasta la una de la mañana desatrasándome en el trabajo que mi secretaria había dejado pendiente.  Al día siguiente, o sea el jueves,  se presentó al banco una señora de edad quien dijo llamarse Josefina Azcárate de Sotomayor, madre de María Delfina, para informar que su hija se había casado el sábado anterior en una boda extra-rápida con su novio de toda la vida, odontólogo de profesión y quien vino “a los vuelos” por la muchachita y se la llevó a vivir a Barranquilla.  Ustedes podrán imaginarse la cantidad de corazones destrozados que quedó en todo ese banco, al recibir esta infausta noticia. Por eso es por lo que yo le puse por título a este relato, como dije antes, “El Amor es un sinverguenza” por aquello de los estragos y decisiones apresuradas que ocasiona en los corazones enamorados. 
 
En cuando a Gustavo Adolfo y Samanta, francamente no sé en que paró ese “affaire” porque al mes siguiente salí de ese banco y me fui a trabajar a otra parte.  Me imagino que muchos de ustedes hubieran querido arreglar la vida de estos dos excompañeros pero lo cierto es que no estaba en mis manos hacerlo.  Y es mejor no haberlo intentado porque muchas veces uno se “gana unas loterías” sin comprar billete, por el solo hecho de meter la naríz donde no lo han llamado.
 
No siempre todas las historias culminan en “un final feliz o Happy Ending, como dicen los gringos en sus películas de Hollywood.  Muchísimas veces nos tenemos que tragar, con el corazón partido, un final que no esperábamos porque la vida es muy rara a ratos y algunos dicen que hasta injusta.  Pero esa es la vida y si vamos a ser sinceros muchas veces tenemos que contar las cosas tal y conforme sucedieron. Esta existencia, a ratos, no es propiamente un lecho de rosas y siempre hay que tener en cuenta que las rosas, a pesar de lo hermosas que son, siempre tienen sus espinas. (Tenía que aflorar la parte romántica de mi sér.  ¡Qué cosa tan berraca!  Pero como yo sé que ustedes son muy queridos conmigo, me sabrán perdonar ¿cierto?)
 
NOS VIMOS.

LAS LECCIONES DEL VOLCÁN NEVADO DEL RUIZ A LOS 20 AÑOS DEL DESASTRE DE ARMERO.

Escrito por smpmanizales 05-11-2010 en General. Comentarios (0)

 

Por Gonzalo Duque-Escobar (*)

 

A la memoria de Luis Fernando Toro Jaramillo–Bis- y Néstor García Parra, dos compañeros de nuestro equipo de geotermia, quienes con otros dieron su vida en el Ruiz y el Galeras, adelantando tareas científicas y de servicio a la comunidad, y de Bruno Martinelli el maestro y amigo.

 

 

Tratándose de este lugar y dado el motivo que nos congrega, me parece que debió ser el Ingeniero Bernardo Salazar Arango, entonces Director del Departamento de Geotermia de la Chec, o en su defecto la Profesora Adela Londoño como alma y nervio del equipo que alcanzó en su momento a desarrollar una metodología para el monitoreo geoquímico de los fluidos volcánicos, el personaje más indicado y llamado a presentar a modo de introducción la ponencia inicial para conmemorar esta dolorosa fecha.

 

Para iniciar, podría señalarse que se ha escogido este lugar, no sólo por estar en Manizales donde el Volcán Nevado del Ruiz ha sido símbolo de una sociedad de hombres libres y de buenas costumbres, culturalmente inquieta, pujante y emprendedora, donde la Universidad Nacional Sede Manizales ha sido institución pionera del centro-occidente colombiano en el campo de los desastres naturales y en otros del medio ambiente. Basta leer el Boletín de Vías y Transportes, acreditada revista obra del Profesor Carlos Enrique Ruiz, la que ha dado lustre a nuestra Facultad y en especial a la Carrera de Ingeniería Civil, para recoger cualquiera de los capítulos sobresalientes de la historia ambiental de nuestra región consignada en alguno o varios de sus muchos números. 

 

Así es que agradezco este inmerecido honor y asumo el compromiso de hablar en nombre de quienes tuvimos la casual oportunidad de inmiscuirnos en los acontecimientos que ahora nos congrega, por el simple hecho de haber pertenecido a ese grupo y en esta Institución al que puede ser denominado como la Escuela de la citada Carrera, y que para estos efectos extendió su acción a los proyectos de Geotermia y luego a los de la coyuntura del Nevado del Ruiz hace 20 años, de la misma manera que lo hizo en Cramsa hoy Corpocaldas, para el desarrollo de una tecnología útil para prevenir la erosión hídrica en el ambiente torrencial del trópico andino.

 

Para empezar, permítanme estas anotaciones sobre las lecciones del Ruiz en Armero y Chinchiná con motivo de la erupción del 13 de noviembre de 1985, causa del desastre natural más importante de Colombia y catástrofe que en su género se compara con la de Saint-Pierre por la erupción del Monte Pelado de la isla Martinica en 1902. Al fin de cuentas estamos congregados hoy para conmemorar una tragedia nacional causada por eventos de segundo orden asociados a ese fenómeno y que devastaron el nororiente del Tolima y el suroccidente de Caldas causando muerte y destrucción, al cobrar 25000 vidas, 1800 de ellas en Chinchiná. Les ruego la mayor comprensión para poder expresar las ideas y dejar los interrogantes que la situación amerita, advirtiendo que pueden tomar esto con beneficio de inventario haciendo uso del concepto de Verdad en el ámbito de la Filosofía, donde éste adquiere una especial relevancia, sin restringirlo únicamente a la perspectiva de la lógica y ni siquiera a la de la evidencia, pues aquí también entran en juego las impresiones humanas.

 

A los 20 años del desastre son varias las lecciones que se han aprendido y aplicado en Colombia para prevenir desastres naturales de una mejor manera, y en lo posible para mitigar sus efectos bajo el presupuesto de que habitamos un medio ecosistémico geológicamente complejo y apenas en vía de exploración, donde los modelos de la planeación racional han resultado históricamente exitosos por el número de fracasos, sobre todo por desconocer las variables culturales y naturales que han condicionado el medio ambiente de este país, con sus deficiencias de desarrollo y sus profundos contrastes, y por su aplicación sin considerar como sujeto de decisión y desarrollo a la propia comunidad.

 

Para empezar, un poco de historia: en 1985 luego de 11 meses de inequívocas señales de reactivación del Volcán Nevado del Ruiz y a los pocos días de haber concluido la elaboración del mapa de amenazas, la comunidad no pudo mitigar los efectos de unos 100 millones de metros cúbicos de lodo que en raudos flujos descendieron desde los 5270 m hasta encontrar los primeros poblados a más de una hora de distancia en Ríoclaro y Chinchiná o a unas dos en Armero y Mariquita. Calificados expertos de varios países, después de recopilar la información sobre los antecedentes y de conocer los hechos, coincidieron en denominar esto como una catástrofe anunciada, mientras aquí unos y otros rompían sus vestiduras amparados en la imposibilidad de predecir el comportamiento de un volcán, para decir que la suerte padecida por tantos fue culpa de la indómita naturaleza. La propia sabiduría popular ya ha juzgado que no fue esta la naturaleza del desastre.

 

En comparación con los eventos históricos de 1595 y 1845, esta fue una erupción de menor magnitud. El de 1845 previo a la fundación de Armero y con el mayor de los tres flujos de lodo depositados en este lugar donde drenan las aguas del Azufrado y Lagunillas, fue un evento que no produjo caída de ceniza a gran distancia ni mayor conmoción en Mariquita, Honda o Cartago, aunque sí unas mil víctimas mortales en el mismo lugar donde Armero sería fundada tres años más adelante. Otros eventos no fueron de Manizales porque igualmente el poblado estaba a punto de ser fundado o porque tampoco hubo eventos volcánicos visibles a lo largo del río Chinchiná.  

 

Y hace 20 años, a pesar del esfuerzo de la comunidad científica local, nacional e internacional que asumió tareas, del esfuerzo de la cruz Roja y la Defensa Civil locales en tareas de prevención sin el apoyo debido o al menos el esperado, Colombia amanece sin una de las pujantes poblaciones del norte del Tolima dejando al desnudo la falta de un plan de respuesta ante un fenómeno que pudo tomar como línea base las erupciones históricas como evento obligado para el trabajo y para la toma de decisiones para evitar la catástrofe.

 

¿Cómo explicar la tragedia si el día anterior a la erupción del 13 de noviembre de 1985, previo al paroxismo de las 21:20 hora local, desde las 15:05 hubo emisiones de ceniza, y antes del anochecer a modo de señal premonitora caían arena volcánica y pómez en Armero y se respiraba en el ambiente un extraño olor azufrado? Además los flujos de lodo del Lagunillas y su afluente el Azufrado tardaron cerca de dos horas en encontrar el poblado sobre el valle de salida de este río. Recuerdo cómo el día 12 de noviembre que el grupo de geotermia descendió por última vez al fondo del cráter para tomar una más de sus muestras de gases, no encontró cambios significativos en su interior, aunque el mismo 13 día de la erupción a las 19:30 cuando procedíamos a dar inicio al análisis en el Laboratorio de la Universidad Nacional, observábamos las muestras obtenidas con un aspecto turbio inquietante.

 

Como antecedentes podría señalar que la reactivación del volcán fue advertida desde el 22 de diciembre de 1984, que apenas dos meses después en La Patria se dan a conocer los hechos para decir que las fumarolas no eran motivo de alarma, cuando ya Ingeominas y John Tomblin de Undro habían conocido y advertido de la anormalidad de este fenómeno. Después de una primera incursión liderada por Pablo Medina Jaramillo en marzo de 1985, un segundo grupo de la ciudad compuesto entre otros por profesores de sus universidades y miembros del equipo de geotermia de la Chec quien lideraba la expedición, mapeaba el cráter y describía en detalle su actividad fumarólica, y más adelante hace un concurrido seminario en el Aula Máxima de La Universidad Nacional para socializar el conocimiento sobre la reactivación del Ruiz, sus erupciones históricas y los riesgos y eventos ante una eventual erupción. Todo esto se consigna en el Boletín de Vías y Transportes Nº53.

 

A los seis meses, en mayo, se recibe la visita del científico Minard Hall quien manifiesta su preocupación por la falta de atención a la creciente actividad del Ruiz y por no haber atendido recomendaciones anteriores de Undro, en tan delicada materia. Indudablemente estos meses perdidos serán una de las causas más relevantes en el desenlace del proceso que culminará con la tragedia: las actividades hasta junio, incluido el seminario de riesgos volcánicos efectuado en esta universidad, eran poco para satisfacer lo que se había demandado por Undro en virtud de la naturaleza y gravedad del asunto, por el estado de la amenaza y de lo se exigía según lo que la historia eruptiva del Ruiz enseñaba.

 

Iniciando el séptimo mes, en julio, cuando ya se empieza a percibir el olor a azufre en Manizales y sólo faltan cuatro meses para que se desencadenen los acontecimientos, tardíamente se establece Ingeominas aportando cuatro sismógrafos solicitados meses antes para iniciar el monitoreo sísmico, argumentando la dificultad que tuvo para conseguir las piezas de repuesto.

 

En Agosto llega el científico Bruno Martinelli enviado por el Cuerpo Suizo de Socorro a solicitud del Gobernador de Caldas y del Alcalde de Manizales, un personaje de enorme dimensión humana, geofísico experto en teoría de señales, y quien meses antes había prestado sus invaluables servicios en el Niragongo; además se crea el Comité de Estudios Vulcanológicos de la Comunidad Caldense bajo la coordinación de Ficducal, entidad que reunía a las cinco universidades de Manizales. Como anécdota, aunque parece cierto que no existen tapones para volcanes ni frenos para prevenir terremotos, basta ésta para ilustrar el carácter local que le daba el gobierno central de turno a la delicada situación: cuatro meses antes de la catástrofe aparece la famosa carta de la Jefe de la Oficina de Relaciones Internacionales del Ministerio de Educación, ofreciendo su mediación al gobernador de Caldas para que se le solicite por ese conducto a la Unesco evitar que el volcán del Ruiz se reactive.  

 

Para información de Ustedes, varios de los que actuábamos éramos ingenieros que habíamos recibido cerca de 500 horas de instrucción en Geofísica entre los años 1983 y 1984, por parte de eminentes profesores de las escuelas Italianas de Nápoles y Pizza, y dos de ellos contaban con posgrado y experiencia en Geotermia. Así y todo, quienes estuvimos prospectando el potencial geotérmico del Ruiz desde 1979 contábamos con la excepcional colaboración de Marta Lucía Calvache y teníamos el empeño de atender la coyuntura volcánica sin conocer suficientemente de técnicas de monitoreo ni de elaboración de mapas de amenazas volcánicas, el de aprender sobre la marcha sobre esta materia e intentar resolver la indiferencia y las dificultades de un Estado sin preparación alguna en la materia, y de avanzar en medio de la preocupación de algunos dirigentes a causa de los efectos sobre la economía por la incertidumbre de los acontecimientos.

 

Siguiendo con la historia, no obstante lo anterior septiembre es el mes más interesante de la actividad preeruptiva, no sólo para confirmar la gravedad y evolución del fenómeno magmático, sino para confirmar la posibilidad de contar con un potencial geotérmico en el parque de los nevados, cuya evaluación se acometía desde la Central Hidroeléctrica de la Caldas bajo el liderazgo del Ingeniero Ariel Cesar Echeverri con la participación de las universidades locales reunidas en Ficducal, organismo encomendado al diligente abogado José Fernando Escobar Escobar. Interesante este momento de la actividad preeruptiva, porque el 11 de septiembre de 1985 se produce una cenizada que alcanzó a Manizales cuando el volcán apenas era visible por su columna de vapor, y como evidencia de una actividad fumarólica que empezaba a generar efectos decisivos en el tapón del cráter Arenas de conformidad con los pronósticos del experimentado geoquímico Giggenbach, quien además había alimentado el modelo de monitoreo de fluidos volcánicos e hidrotermales que aplicaba el grupo de geoquímica de nuestra Universidad, soportado en las variaciones de contenidos de especies gaseosas en función de la mayor o menor volatilidad de los elementos constituyentes.

 

Esta erupción freática produce un evento que se hace sentir en la ciudad, genera flujos de lodo que cierran la vía a Murillo, le da la connotación suprarregional al fenómeno y sobre todo, detona la ya aplazada confección del mapa de amenazas del Ruiz a cargo de un valioso equipo de jóvenes geólogos de Ingeominas y de la Universidad de Caldas.

 

También en Septiembre 24, el Ingeniero Hernando Arango Monedero hace su histórico debate en la Cámara para el cual citó a casi todo el gabinete de ministros del Presidente Betancur: advirtió sobre la posibilidad de ocurrencia de un evento, que de darse generaría como en épocas anteriores grandes avalanchas de lodo que lo arrasarían todo. La mayoría de los citados asistió para escuchar la advertencia y el clamor del Representante Tolimense Guillermo Jaramillo por la situación de Armero en relación con el represamiento del río Lagunillas; pero la respuesta del ministro de Energía en quien reposaba la mayor responsabilidad de entonces fue absolutamente descalificadora: a sólo 45 días de la tragedia, tildó la inteligente y oportuna intervención de apocalíptica y dramática para luego narrar el precario nivel de acciones y tareas acometidas a la fecha. Como consecuencia de esto TV Hoy calificó de insulso el debate, y no se generaron las acciones oficiales del gobierno central para llegar a la comunidad y posiblemente para modificar las cosas. Más adelante ocurrido el desastre, el Parlamentario Arango Monedero aboga por las exenciones tributarias para mitigar la lamentable situación de la región.

 

Para la primera semana de Octubre, el grupo de Ingeominas había concluido exitosamente, en corto tiempo y con gran esfuerzo, la primera versión del mapa de amenazas, y un mes después se retira del volcán días antes de la erupción quedando uno de sus delegados en Manizales. Entretanto nuestro grupo continuaba las labores de monitoreo rudimentario, confiados en que a falta de un sistema telemétrico, el volcán se anunciaría a distancia y que uno de nuestros miembros, el Ingeniero Bernardo Salazar Arango quien exponiendo su vida permanecía observando los sismógrafos en ese escenario, informaría por radio de cualquier evento: ambos, volcán y hombre, cumplieron a cabalidad pero la última señal no fue suficientemente interpretada y en el lugar se carecía de una instrucción precisa para la población actuar en caso de un evento sorpresivo y del conducto adecuado para entregarla. Incluso a los armeritas se les recomendó usar pañuelos y guardarse en casa.

 

Hasta aquí la base de datos del monitoreo geofísico y geoquímico eran insuficientes, por la corta extensión espacial y temporal y por la deficiente calidad de algunas observaciones, para generar una curva de normalidad del volcán que permitiera diagnosticar con suficiente aproximación un evento. Aún me pregunto por qué antes de la erupción no se produjo ninguna advertencia expresa de que en caso de una erupción Armero sería borrado por una avalancha de conformidad con lo que el mapa mostraba desde su primera versión aparecida a inicios de octubre, pues este poblado aparecía inmerso en la mancha que representaba gráficamente dicho evento. También me pregunto ¿qué hizo retroceder la orden de evacuación que se había dado en las instalaciones de Cenicafé sobre la rivera del Chinchiná, con soporte en recomendación que hiciéramos Ariel Cesar Echeverri y yo?

 

Si hace 20 años, el volcán no estaba en el "mapa de los imaginarios de los armeritas", y ese conocimiento fraccionado sobre la naturaleza y magnitud aproximada del riesgo sólo existía en el de la comunidad científica y en la de algunos funcionarios, hoy sabemos que las cosas parecen ser diferentes, máxime cuando se han aprendido otras lecciones como la del Páez y del Quindío, las que posteriormente han puesto a prueba a nuestra Nación de forma distinta y sobre la misma materia.

 

El represamiento del río Lagunilla en el Cirpe que preocupó a los armeritas meses antes por los efectos secundarios del Volcán con menos de 200 mil metros cúbicos, no fue relevante al lado de los dos flujos de lodo que pasaron sobre el poblado y que sumaron cerca de 60 millones de metros cúbicos esparcidos en más de 30 kilómetros cuadrados del fértil valle, causando la muerte a unos 22000 habitantes da la citada población. 


Hoy sabemos con certeza que de nada sirven observatorios y mapas de amenazas, si la planeación y el ordenamiento no resultan coherentes con los temas del medio ambiente y sus potencialidades y limitantes culturales y naturales, si no parten del consenso de los actores sociales y comunitarios, y si no se apropian por las colectividades humanas, entre ellas las expuestas a la amenaza y quienes además de información adecuada, requieren organización y entrenamiento entre otras acciones y recursos necesarios para mitigar su vulnerabilidad global. Esto es, el manejo de los desastres no es competencia especializada de nadie en particular: ni de los científicos, ni de los políticos, ni de los planificadores: lo es de la propia comunidad y por lo tanto de todos.


Actualmente, desde lo científico son indudables los avances en Colombia: para la prevención de corto plazo se cuenta con observatorios como los de Ingeominas para el monitoreo volcánico y del Observatorio Sismológico del Sur Occidente Osso para tsunamis, amén de las redes sismológicas y meteorológicas de estas y de otras instituciones, como las del propio Ideam que avisan sobre contingencias hidrometeorológicas a lo largo de los ríos Cauca y Magdalena. Y para la prevención de largo plazo, a pesar del notable retraso cartográfico de Colombia, se cuenta con mapas de amenazas temáticos y a escala suficiente para la planeación y el ordenamiento territorial de casi todas las grandes ciudades, incluso de los principales volcanes activos de Colombia y de otros escenarios de riesgo, todo esto además útil para dar soporte a la labor educativa comunitaria.


En lo Institucional, después de aquella tragedia que cobró la vida de 25000 colombianos, se creó un Sistema Nacional de Prevención de Desastres que explica entre otros avances, cómo antes del terremoto del Quindío el Comité Local de Emergencias del pequeño municipio de Pijao, epicentro del sismo, no sólo se reunía periódicamente y producía sus actas, sino que contaba con presupuesto y tomaba sus propias decisiones, tal cual lo hizo el 25 de enero de 1999 y días siguientes, a pesar de estar incomunicado el poblado y desarticulada su comunidad del contexto regional y nacional. Ahora, la ley de la Cultura, la del nuevo Sistema Ambiental, y la de la Reforma Urbana, contemplan la dimensión de los desastres y consagran el derecho de la participación ciudadana, y como procesos significativos de planeación, la cultura del ordenamiento territorial donde la dimensión del riesgo entra a la temática, es hoy una práctica que se empieza a extender a los municipios del país.

 

Si dice el refrán que "más vale prevenir que curar", dada la compleja y difícil naturaleza de nuestro medio ecosistémico, para que semejante episodio no se repita en otro momento o lugar, simplemente debe capitalizarse la experiencia vivida hace 20 años. Esto significa, que se pueden aceptar las condiciones que nos impone el medio natural, siempre y cuando reconozcamos, aceptemos y reduzcamos la vulnerabilidad, lo que sólo resulta viable cuando actuemos responsable y solidariamente como colectivo, con la convicción de que la educación es el mejor y único instrumento para garantizar la construcción de un medio ecológicamente sólido y compatible con la cultura y la valoración de la gente.

 

Y para terminar después de estos relatos y consideraciones, en nombre de quienes estuvimos por Manizales involucrados en estos menesteres, quiero ofrecer un reconocimiento al valioso equipo de Ingeominas que con abnegación laboró durante esa temporada y en especial para quienes aún continúan en esta significativa labor. Quiero además solicitar a todas las fuerzas vivas de la región su decisión para mantener el encomiable esfuerzo de estas personas con el Observatorio Vulcanológico en pie y de la mejor manera. Finalmente presento disculpas por cualquier apreciación que no sea cierta, y para terminar, en nombre de todos solicito un minuto de silencio por Néstor, Bis, y Bruno, y por todas las víctimas del desastre.

 

Mil gracias,

 

Manizales, Noviembre 17 de 2005.

 

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Enlaces de interés:

Manual de Geología para Ingenieros, en: http://www.galeon.com/manualgeo/   

Sismos y volcanes en Colombia, en: http://www.bdigital.unal.edu.co/1685/1/Sismosyvolcanescolombia.pdf