Sociedad de Mejoras Públicas de Manizales

Abismo fiscal, depresión mundial e inequidad

 

http://www.razonpublica.com/ Domingo, 20 de Enero de 2013 21:00

 

Por César Ferrari *

 

A propósito del acuerdo precario que se produjo en Estados Unidos, un análisis panorámico sobre su impacto en la economía mundial y el viejo debate entre equidad y eficiencia. Y la reforma tributaria de Colombia fue aún menos progresista que la de Estados Unidos.


 

Recesión en cascada

 

El 2 de enero pasado, el recién reelecto presidente Obama promulgó la Ley de Alivio del Contribuyente — American Taxpayer Relief Act of 2012 (ATRA) — mediante la cual se alejó por el momento la amenaza del llamado “abismo fiscal” en Estados Unidos.

 

Cesar Ferrari Abismo fiscal alivioLa ley de alivio tributario resultó de difíciles negociaciones entre demócratas y republicanos.
Foto: Pete Souza

De no haberse logrado un acuerdo, a partir de enero habrían entrado en vigencia leyes previamente aprobadas que — según la Oficina Presupuestal del Congreso — hubieran implicado un aumento de 19,6 por ciento en la recaudación de impuestos respecto del año anterior y una reducción en el gasto público estimada en 0,25 por ciento del PIB.

 

La abrupta reducción del déficit fiscal — a la mitad según la misma Oficina— habría inducido una caída en la demanda agregada de tal magnitud que la economía se habría hundido en la recesión. La tasa de desempleo, de 7 por ciento en la actualidad, habría pasado a 9 por ciento en el segundo semestre del 2013.

 

La recesión habría implicado una caída de la demanda de importaciones, en particular de materias primas. Este panorama y la crisis europea — que probablemente se agravará en 2013 — habrían conducido a una mayor desaceleración de la economía de China y otros países asiáticos, que a su vez habría agudizado la reducción de la demanda mundial de exportaciones, en particular de materias primas.

 

Esto habría significado menores ingresos para el resto de los países en desarrollo que, a su vez, habrían experimentado recesiones internas o, al menos, desaceleraciones importantes. Mejor dicho, de precipitarse la economía de Estados Unidos por el famoso abismo fiscal, se habría dado una cascada mundial de contracciones económicas sucesivas.

 

Sin posibilidad cierta de atajarla en su origen — como sí ocurrió en 2008, cuando la crisis financiera se convirtió en la Gran Recesión — esta vez la cascada podría conducir a la Segunda Gran Depresión Mundial - la del siglo XXI- de difícil solución y de larga duración. Como se recordará, la Primera Gran Depresión duró entre 1930 y 1945, de la que solo fue posible salir mediante la reactivación económica inducida por la Segunda Guerra Mundial.

 

Decisión laboriosa

 

La mencionada ley de alivio tributario (ATRA) resultó de difíciles negociaciones entre demócratas y republicanos y, además de la marcada división entre republicanos moderados y fundamentalistas de extrema derecha.

 

Los líderes de ambos partidos buscaban evitar el abismo fiscal. Los extremistas de derecha, consecuentes con su ideología de gobierno limitado, hubieran preferido incluso una reducción más abrupta del déficit con una reducción mayor de impuestos y aún más del gasto, eliminado todo tipo de gasto social.

 

Después de largas discusiones, en un triunfo de Obama y una derrota de esa extrema derecha, 89 senadores votaron a favor de la ley, 49 demócratas y 40 republicanos; 8 republicanos opuestos a aumentar los impuestos votaron en contra.

 

En la Cámara de Representantes la ley fue aprobada por 257 votos contra 167: votaron a favor 172 demócratas y 85 republicanos; se opusieron 151 republicanos y 16 demócratas; éstos últimos argumentaban que el aumento de impuestos para los niveles de ingresos más elevados era insuficiente.

 

Durante la negociación, los demócratas liderados por Obama exigían aumentar las tasas del impuesto a los ingresos superiores a los 200 mil dólares anuales, manteniendo la reducción para los estratos medios y bajos. Postulaban también un ligero aumento de los gastos fiscales, con el fin de lograr un mayor estímulo fiscal.

 

Los republicanos más moderados abogaban por mantener la reducción de impuesto establecida por Bush (2001-2009) que benefició, fundamentalmente, a los estratos altos. Aspiraban a reducir el déficit a base de recortes en el gasto. Esa ha sido la posición típica de los republicanos desde el gobierno Reagan (1981-1989).

 

Las partes transaron básicamente por el lado de los impuestos. El acuerdo final significó un aumento respecto de las tasas vigentes en 2012 para ingresos superiores a 400 mil dólares anuales en el caso de individuos y de 450 mil dólares para las parejas que declaran conjuntamente. Como bien notaron varios analistas, es la primera vez desde 1993 que se aumentan las tasas del impuesto a los ingresos en los Estados Unidos.

 

A cambio de dichos aumentos, los republicanos exigieron una mayor reducción del gasto público, pero las decisiones al respecto fueron postergadas por dos meses, cuando se definirá el límite de la deuda pública que ya bordea el 100 por ciento del PIB, y cuando seguramente intentaran presionar un recorte substancial del gasto social.

 

Los demócratas, a su vez, intentarán lograr una mayor reducción del gasto militar. Si las negociaciones fracasan y el gobierno Obama no puede lograr mayores estímulos fiscales, la recuperación de la economía tendrá que seguir dependiendo de los estímulos monetarios, como ha venido ocurriendo desde cuando los republicanos tomaron el control de la Cámara de Representantes, en noviembre de 2010, que probablemente pierdan en las elecciones del 2014.

 

La decisión concertada puede resumirse así:

 

  • La tasa impositiva a los ingresos más elevados provenientes de salarios y otras remuneraciones pasó de 35 por ciento (vigente entre 2003-2012) a 39,6 por ciento.
  • La tasa a las ganancias de capital igualmente para los tramos de ingresos más elevados se elevó de 15 por ciento a 20 por ciento.
  • La tasa sobre los dividendos distribuidos por las empresas entre sus accionistas para los ingresos más elevados pasó de 15 por ciento a 20 por ciento.
  • La tasa del impuesto a las herencias sobre valores superiores a 5,25 millones de dólares aumentó de 35 por ciento a 40 por ciento.

 

La Oficina de Presupuesto del Congreso estima que las nuevas reglas producirán un aumento de 8,13 por ciento en los ingresos fiscales y de 1,15 por ciento en los gastos, muy diferentes de las que se habrían dado bajo la hipótesis del abismo fiscal.

 

Viejo debate

 

La discusión sobre los impuestos y el gasto fiscal — es decir, sobre el rol del gobierno — se convirtió en un debate ya clásico entre liberales y conservadores, entre equidad y eficiencia.

Cesar Ferrari Abismo fiscal republicanoEl “Tea Party”: sus posiciones han acabado por definir la agenda del Partido Republicano, alejándolo de la realidad política, social, económica y demográfica de Estados Unidos.
Foto: thefactofmyignorance.com

 

Para unos, los mayores impuestos permitirían garantizar vía gasto los derechos de los más necesitados: una cuestión de equidad. Para los otros, menores impuestos y menos intervención pública, es decir menor gasto público, restablecerían la confianza de inversionistas y empresarios: una cuestión de eficiencia.

 

Pero en el fondo, la segunda posición se basa en la creencia casi mágica de que los ricos destinarán más recursos a la inversión y por ello al empleo. En la práctica no ha sucedido así, de manera que el recorte de impuestos tiende más bien a agravar el déficit fiscal y el consecuente endeudamiento público; esta vez, sencillamente la reducción de impuestos ha sido una de los responsables de la Gran Recesión.

 

Resulta pues increíble que a pesar de la evidencia acumulada a lo largo de años, en medio de una recuperación precaria para la cual todos los manuales de economía recomiendan políticas expansivas, para los extremistas la cuestión se reduzca a reducir el déficit de manera inmediata.

 

Esos extremistas se encuentran agrupados en el “Tea Party.” Sus posiciones han acabado por definir la agenda del Partido Republicano, alejándolo de la realidad política, social, económica y demográfica de Estados Unidos. Las derrotas electorales son una consecuencia directa.

 

Representan la continuación fundamentalista de la ideología de libertad individual, gobierno limitado y mercados libres postulada en los gobiernos de Reagan, Bush padre y Bush hijo, que dio pie al llamado Consenso de Washington y en América Latina a la llamada agenda neo-liberal.

 

Colombia: doble tributación para los pobres

 

Dichos debates no son ajenos a América Latina. En Colombia, la discusión sobre el restablecimiento del impuesto a los dividendos en el marco de la reforma tributaria es un claro ejemplo.

 

La propuesta inicial del ex ministro Echeverry reintroducía un impuesto a los dividendos con una tasa de 4 por ciento. Algunos congresistas de diversas bancadas propusieron elevar esta tasa al 5 por ciento. Pero el ministro Cárdenas decidió retirar este punto del proyecto.

 

Resulta sorprendente: mientras en Estados Unidos la tasa del impuesto a los dividendos aumentó de 15 por ciento a 20 por ciento, en Colombia, la propuesta del 5 por ciento fue descartada tras la intervención de algunos gremios y personas influyentes. De tal manera que junto con El Salvador, Colombia es uno de los pocos países del mundo donde no se paga impuestos sobre los dividendos.

 

En Estados Unidos el presidente Bush logró en 2003 que la tasa del impuesto sobre dividendos se redujera de 10 a 5 por ciento para los contribuyentes de menores ingresos y de 35 a 15 por ciento para los de mayores ingresos, y que una ley del 2005 lo eliminara para ingresos más bajos.

 

El argumento para eliminar el impuesto sobre los dividendos, que aquí también se esgrimió, es muy sencillo: este impuesto representa una doble tributación sobre unos mismos recursos; la primera cuando a las empresas se les cobra el impuesto sobre las utilidades, la segunda cuando a los accionistas se les cobra el impuesto sobre los dividendos que hacen parte de esas utilidades.

 

Este argumento no tiene en cuenta que los receptores de dichos ingresos son distintas personas, naturales y jurídicas. Tampoco se considera que la doble tributación se dá con respecto a los ingresos laborales. Las remuneraciones salariales hacen parte del valor agregado a los bienes intermedios empleados durante el proceso productivo. Por su parte, el Estado cobra impuestos sobre al valor agregado (IVA).

 

En consecuencia, los salarios acaban siendo castigados por una doble tributación: como parte del valor agregado son sujeto del IVA, como ingreso de los trabajadores pagan impuesto a la renta.

 

Mejor dicho: en Colombia las rentas del capital no tienen doble tributación, pero sí la tienen las rentas del trabajo. Inequitativo, por decir lo menos.

 

Se argumenta también que el impuesto a los dividendos desincentiva al mercado de capitales; pero en Colombia el mercado de capitales es sumamente pequeño – así no pague ese impuesto desde hace años. Este mercado es pequeño, no tanto por falta de demanda sino porque las empresas emiten pocas acciones o bonos:

 

  • las grandes prefieren financiarse internacionalmente, porque es mucho más barato, particularmente en épocas de revaluación;
  • las medianas y pequeñas prefieren llevar contabilidades poco transparentes a fin de incluir otros gastos que reduzcan su base impositiva y, de paso, la tasa efectiva del impuesto a la renta.

 

El sentido común de Buffet

 

No por casualidad la concentración del ingreso en Colombia es tan elevada que realmente preocupa al gobierno Santos.

Cesar Ferrari Abismo fiscal SalvadorJunto con El Salvador, Colombia es uno de los pocos países del mundo donde no se paga impuestos sobre los dividendos.
Foto: SIG.

 

La explicación es obvia: el ingreso de las personas de mayores ingresos proviene fundamental-mente del capital y no del trabajo. Si sobre los primeros no se pagan impuestos y sobre los segundos se pagan tasas que en algunos casos son elevadas, particularmente cuando se trata de clases medias profesionales, es muy probable que la tasa promedio que pagan las personas más ricas sea menor que las de las clases medias asalariadas.

 

Ese justamente es el caso en Estados Unidos. Un informe de la agencia de recolección de impuestos — el Internal Revenue Service (IRS) — muestra cómo en 2008 las 400 personas más adineradas del país, con un ingreso promedio anual antes de impuestos de 344,8 millones de dólares, que en un 81,3 por ciento provenían de ganancias de capital, intereses y dividendos, pagaban una tasa promedio de impuesto de 16,6 por ciento.

 

De otra parte, personas con ingresos promedio de 94,1 mil dólares anuales — cuyos ingresos provenientes de las ganancias de capital, interés y dividendos solo representaban 3,7 por ciento del total — pagaban una tasa efectiva de 15,7 por ciento, mientras que personas con ingresos promedios de 264,7 mil dólares, con ingresos de capital equivalentes a 21,4 por ciento de sus ingresos totales, pagaban una tasa promedio de 20,1 por ciento.

 

Esa situación llevó al inversionista Warren Buffet, uno de los hombres más ricos del mundo, a proclamar la necesidad de aumentar los impuestos a las personas más ricas, escandalizado porque la tasa que pagaba sobre sus ingresos era menor que la de su secretaria. Simplemente una cuestión de equidad, allá y aquí.

 

* Ph. D., profesor de la Pontificia Universidad Javeriana.

Comentarios

No hay ningún comentario

Añadir un Comentario: