Sociedad de Mejoras Públicas de Manizales

Contraplano: Estar perdiendo desprestigio

 

La Patria/ Opinión/ Por: Orlando Cadavid

 

Unas carambolas mentales cargadas de venenosa ironía solía tacar el exministro Rodrigo Marín Bernal cuando molía conservatismo de la más pura doctrina, en Caldas, y en la notable bancada laureanista en el Congreso de la República.

 

La frase que da título a esta columna la acuñó alguna vez para resumir la situación de un copartidario metido en serios berenjenales por el afán de hacerse rico rápidamente, mediante el mezquino ejercicio de la política.

 

"Lo que ocurre -decía Marín- es que el hombre está perdiendo desprestigio". El buen entendedor sabía que la oración quería decir todo lo contrario: que el desprestigio del corrupto iba en aumento al mismo ritmo de sus depósitos bancarios.

 

Sigámosle la corriente al dirigente en uso de buen retiro para darles un rápido vistazo a algunos colombianos que "están perdiendo desprestigio":

 

El general ® Mauricio Santoyo, exjefe de seguridad del expresidente Uribe, confeso colaborador de los grupos de autodefensas que operaban en el país.

 

Como los dólares alcanzan hasta para tratar de borrar semejante baldón, su abogado defensor, Óscar Galvis, habla sin ningún reato del "honorable oficial" que reconoce su alianza con los "paras", pero niega todo vínculo con el narcotráfico. Para nadie es un secreto que los dos delitos caminaban como siameses por el territorio colombiano.

 

A Santoyo le viene como anillo al dedo el viejo refrán "tras de gordo, hinchado y con paperas": horas después de declararse culpable ante la justicia norteamericana, se supo que había entablado una demanda contra el Estado, en busca de una indemnización por 207 millones de pesos, "por perjuicios morales" que, según él, se le causaron cuando se le retrasó, por sospecha, su ascenso de coronel a general.

 

Pierde desprestigio la Policía Nacional al verse sometida a la peor vergüenza de toda su historia ante este bochornoso episodio que hará rodar otras cabezas, cuando el oficial que le vendió el alma al diablo prenda el ventilador para delatar a sus cómplices.

 

Pierde desprestigio el expresidente Uribe al negarse sistemáticamente a no reconocer su responsabilidad política en los comportamientos delictivos de quien estuvo al pie suyo durante tanto tiempo y se benefició con ascensos y nombramientos que el indigno general no merecía.

 

Parece increíble, por decir lo menos, que un hombre tan avezado como Uribe no se hubiera percatado en siete años de las andanzas criminales de Santoyo cuando fue, primero, director del Gaula, en Antioquia, y jefe de seguridad presidencial, después.

 

En La Alpujarra y en la Casa de Nariño es generalizado el concepto, según el cual, en ninguna dependencia de su gobernación y de su presidencia se movía una hoja de papel sin el previo consentimiento del riguroso mandatario.

 

Otros colombianos que pierden desprestigio: el fiscal Eduardo Montealegre, por el errático manejo del abortado proceso contra el exdiputado vallecaucano Sigifredo López; el procurador Alejandro Ordóñez, con su proselitismo en procura de su reelección; la clase parlamentaria dedicada a legislar en beneficio propio y no lograr entrar en sintonía con la opinión pública; el expresidente de la Cámara, Simón Gaviria, por su penoso papelón en el escándalo que desembocó en el hundimiento de la reforma judicial; los repetidos actos terroristas de las "Farc" que golpean directamente a las comunidades del Cauca, Arauca y Nariño y cien etcéteras más.

 

La apostilla: Otra carambola que tacaba Marín Bernal, en las tertulias manizaleñas: Cuando se hablaba de un político muy mentiroso, decía: "No se le puede creer ni lo contrario de lo que dice".

 

Fecha de publicación:
Domingo, Agosto 26, 2012

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