Sociedad de Mejoras Públicas de Manizales

TIERRASCAFETERAS (338)

Por Carlos A. Valencia O.

 

TIERRASCAFETERAS (338)

 

En tierras cafeteras el verde es un derroche, losárboles insomnes son amos del paisaje. ¡Ja…  parece un poema pero enestas tierras no tienes que ser poeta para sentir que el alma trasciende enpalabras lo que ven los ojos!

 

Chinchiná, Caldas, en el corazón de lo que Luis Carlos González llamara “La Mariposa Verde” elViejo Caldas, sólo que ya no es mariposa porque dos de sus hijos, Risaralda yQuindío, se fueron para “formar rancho aparte” Y a fe que les ha ido muy bien lejos del solar nativo.

 

Este Chinchiná de cogedores de café, de camperosatestados de plátanos, gallinas y condumio casero.  “Yips”llenos de sudor, de vida, de progreso cafetero, de fincas tan verdes como lasesperanzas de los campesinos que trasiegan itinerantes por sus caminosveredales llevando lo indispensable en un costal, una esposa y una “sarta” de muchachitos, futurostrabajadores de la tierra.

 

A Chinchiná llegas a llenarte de trabajo, deoptimismo, de acción, no es tierra de pereza aunque sí de ensoñación.  El blanco azahar de la florescencia y el rojofruto de exportación se confunden en la arisca topografía de los cafetales.  En esta tierra medio caliente y pródiga La Federación Nacional de Cafeteros ha descubierto nuevas variedades del grano en loslaboratorios de Cenicafé y de bebida deexportación en la Fábricade Café Liofilizado.  Aquí está uno delos hitos mayores  del Mejor Café Suavedel mundo, una bandera representativa de nuestra Patria allende los mares.

 

Las galerías de Chinchiná “destilan” trabajo y movimiento: camperos atestados hasta la carpacon viajeros colgando cual salchichas de los salientes del vehículo haciendodifícil equilibrio en las curvas y al borde suicida de los precipicios.  Pero la comida tiene que llegar a la casitaveredal como combustible necesarísimo para seguir viviendo y produciendo.

 

El azadón oxigena el humus vegetal en muchospotreros, tierra pródiga con más de un metro de profundidad, sinexageración.  Es la tierra nutriente ybendita, vida y prosperidad para humanos y animales.  Una tierra que no se cansa de producir, quejamás rechaza la semilla y la convierte en frutos próvidos.  Es elArca de la Alianzaentre el Hombre y la Creación, entre el hambre y la comida, entre las necesidades y el bienestar familiar, entre lo superfluo y lobásico.

 

Podría uno decir muchísimas cosas de las tierrascafeteras y se quedaría corto.  Porquegeneración tras generación, en buenos y en malos gobiernos, en el castigo delas lluvias, de los derrumbes y de las catástrofes naturales, las tierrascafeteras de Colombia han tomado sobre sus hombros la ineludible responsabilidadde responder por la economía del país, así para que cuando llegue una nuevabonanza este esfuerzo de titanes vuelva a quedar en el olvido de aquellos que  se beneficiaron de su respaldo.  Siempre ha sido la misma historia económica yhumana que han sobrellevado los cafeteros Colombianos.  No importa que resulten más “commodities” para aliviar la balanzacomercial, el café siempre será el rey indestronable, pero muchas veces “el Rey de Burlas”.

 

Para sentir el orgullo de ser Colombiano ycafetero, alguna vez tuviste que ceñir un canasto recolector del grano amarradoa tu cintura, un bendito canasto recolector como muchas veces en la vida lotuvieron mi madre y sus hermanos, el canasto de la providencia para calmarhambres y necesidades, paras poder levantar la frente ante las adversidades dela vida.

 

Soy consciente que “se me ha ido un poco la mano en gallina”  al referirme a Chinchiná,  Caldas y a todas las tierras cafeteras de miColombia.  Claro que este escrito pasarádesapercibido, no espero ganar un premio ni nacional ni mucho menosinternacional en literatura ni en narración. Pero me queda la satisfacción que lo he escrito de todo corazón porquelo he vivido. Es simplemente la voz de un nieto agradecido que vio, desde muypequeño, a su madre, a sus abuelos y a sus tíos metidos en el barro de larecolección de rojos frutos que durante muchos años han sido el plasmaindispensable para que la Economía Colombiana no colapse.

 

¡Qué iba yo a saber en esos años de niñez que loque estaban haciendo mis familiares era simple y llanamente CONSTRUIR PATRIA recolectando granoscon paciencia infinita, con visión de progreso y sin saberlo!

 

Para sentirlo hay que vivirlo, que eres el soldadodesconocido  pero necesario en un procesode siembra, cuidados y recolección para que se sepa que tu Colombia está en elmapa mundial como la primera productora de café suave del mundo.  Porque café se cultiva en muchísimas partesdel globo, pero ninguna tiene la categoría del grano de mi patria.  Su sabor exquisito es inconfundible aquí y enla Patagonia,en Nueva York o en París, en los palacios de los potentados o en las casuchasde mis campos.  Ese olor y ese sabor sonúnicos, reconocidos por el éxtasis de la contemplación, en el momento de lacharla casual o en el instante crucial de tomar decisiones.  En esos momentos ahí siempre está undelicioso y reconfortante tinto de café Colombiano.

 

Podría escribir prosa y poemas (como lo han hechomuchos) sobre el grano Colombiano y siempre nos quedaremos cortos.  Porque más que una bebida es una tradición,muchos esfuerzos de finqueros, jornaleros, hombres, mujeres, niños y viejostodos unidos ante el arbolito de café coronado de rojo y azahar en las faldas yen las escasas planicies de esta tierra cafetera.

 

Hasta aquí llego yo por hoy.  Otro día el agradecimiento y el amor a la  patria volverán a invadir mi imaginación y micorazón para sentir y decir lo que muchos han dicho y sentido, con nuevas yviejas palabras, como estas que inventé para terminar este relato:

 

A UN COGEDOR DE CAFÉ.

 

Granito de café

Siempre constante

En las buenas y en las malas

Rojo como la sangre

De mis venas

Que sabes de alegrías

Y de penas

Sostén de miles

De familias

De mi tierra.

 

Verte ahí

Colgado de una rama

Conviertes mi alma

En un poema

Porque has sido

Compañero de mis viejos

De hombres y mujeres

Transumantes

Al hombro

Con el costal de sus trebejos

Trasegando los caminos

De mi patria.

 

Carlos A. Valencia O.

 

NOS VIMOS.

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