Sociedad de Mejoras Públicas de Manizales

EL APARTAMENTO

Por Carlos A. Valencia O.
 
 
EL APARTAMENTO (329)
 
 
 
Con la ayuda de Google, recordé algunas escenas  de una muy buena película que vi hace más de 50 años: “El Apartamento” con las actuaciones de Jack Lemmon, Shirley Mac Laine y Fred Mac Murray, entre otros, bajo la acertada dirección del Polaco Billy Wilder.
 
 
 
No sólo la película es inolvidable sino también la música de fondo que ha sido catalogada como una de las mejores melodías que se hayan hecho para el cine, original de  Adolph Deutsch.  O sea que la película, los actores, la música y el director son insuperables.  Por todos estos atributos ganó un Oscar.
 
 
 
El guión o trama se refiere a una situación muy común entre patrones y empleados en una gran compañía de Seguros Neoyorkina.  Un mundo de muchas facetas, no sólo financieras, laborales sino también familiares y personales.  Billy Wilder maneja muy bien los personajes involucrados: el mandamás o patrón que se cree dueño de las vidas de quienes con él trabajan empezando por la linda empleadita que maneja el ascensor Fran Kubelik (Shirley Mac Laine), el secretario de una de las secciones de la Aseguradora quien aspira, como todo el mundo, a una mejor posición, representado por Jack Lemmon en el papel de Bud Baxter.  El nombre del Gerente es el de Jeff Sheldrake.
 
 
 
Por razones de discreción, Jeff le pide a su subalterno Baxter la llave de su apartamento para “poderle jugar maturranga” (en otras palabras: serle infiel a su esposa) con la empleadita Fran Kubelik.  Baxter ve en ello una oportunidad de avanzar en la Compañía ya que si “se mete a su patrón al bolsillo” obtendrá promociones a más altos cargos.
 
 
 
Pero sucede que otros altos directivos, quienes también tienen sus enredos extramatrimoniales, deciden que el apartamento del buenote de Baxter les puede servir para sus faenas amatorias y recurren al hombrecito para que, también a ellos, les preste la llave.  Baxter es una persona tan servicial que no se atreve a negarse a convertir su apartamento en un motel y muchas veces tiene que permanecer en la calle o en un bar cercano mientras sus patrones “avientan catre” sin compasión.
 
 
 
Esta historia no es nueva ni rara.  En millones de apartamentos del mundo esto ha sucedido, sucede y sucederá porque la infidelidad y los amores prohibidos son frutas que se consumen desde que el mundo es mundo.  La humanidad está llena de Sheldrakes, Kubeliks y Baxters.  Pero lo que tiene de bueno esta película es la manera como el Director Billy Wilder maneja las situaciones y los personajes y hace de su trabajo una obra de arte.  Analicemos esto:
 
 
 
Sin llegar a la pornografía (porque puede ser una película apta inclusive para menores de 10 años) las escenas son comunes, todo parece tan normal aunque, a la larga, es una pequeña historia de la miseria humana entre seres que no logran remediar su triste condición al ser utilizados por otros más poderosos.  Pero la actuación de Jack Lemmon, uno de los mejores actores que han existido, le da a su papel el carácter de super-actuación como que fue nominado para el Oscar por esa película.  Ese muchacho timidote que se arruga cuando una mujer lo mira o le habla, se crece en la simplicidad de su trabajo, en la modestia del empleado temeroso de perder su puesto, se lleva las palmas por su excelente trabajo histriónico.
 
 
 
Luego viene la tímida y enamorada Jan Kubelik, enamorada de un imposible, de un hombre casado y con hijos, poderoso financieramente hablando.  Es un papel difícil de interpretar a pesar de su aparente sencillez pero no para Shirley Mac Laine quien ha sido nominada varias veces al Oscar y ganadora de uno.  No sólo es una mujer muy hermosa sino también una magnífica actriz.
 
 
 
Las cosas que van complicando (como todo lo que se hace a escondidas) de tal manera que Jan, ante la imposibilidad de ser la esposa del Jefe (por status social y porque siempre será “la otra”) decide tomar una gran cantidad de píldoras para dormir que encuentra en el nochero de Baxter, para suicidarse  luego de una discusión son su inalcanzable amante Jeff Sheldrake.
 
 
 
El buenazo de Bud Baxter llega a su apartamento luego que su jefe se ha ido dejando en malas condiciones a su amante.  Hace lo que está a su alcance para salvarle la vida con la ayuda de un viejo y retirado doctor, el médico Dreyfuss quien vive en el apartamento contiguo al suyo y entre ambos  logran sacarla de su intento de quitarse la vida.  Debe quedarse un par de días convalesciente en la cama de Baxter para recuperar su salud.  Durante esos dos días Bud hace el papel de niñera, de enfermero, de ama de casa, de proveedor y “paño de lágrimas” de la pobre muchacha, luego de trabajo en la oficina.  Estas son escenas verdaderamente hermosas, en secuencias admirables de solidaridad humana.
 
 
 
Baxter comprende que no está bien prestarse a semejante despropósito de sus jefes y luego de pensarlo muy bien decide  reaccionar como un ser humano de buen corazón.  Días más tarde Jan vuelve a su ascensor y su jefe vuelve a citarla para calmar sus instintos en el apartamento.  Jeff llama a Baxter y le exige que le proporcione la llave porque tiene una cita con una chica.  Bud le dice que ya no prestará más su apartamento ni a él ni a nadie más:
 
 
 
-        ¡Pero es para encontrarme con la señorita Kubelik!
 
-        Precisamente menos con ella…
 
-        ¿No comprende usted que en 30 segundos puedo echarlo de esta compañía?
 
-        Haga lo que tenga que hacer, señor.
 
 
 
La escena final de esta película, no se enfoca desde lo que nos tienen acostumbrados los Directores de Hollywood, pues es más bien simple pero en el fondo espectacular por las actuaciones sencillas pero grandiosas de Jack Lemmon y Shirley Mac Laine.
 
 
 
Ella también ha sido despedida de trabajo y su presencia representa un peligro para la estabilidad matrimonial de Jeff D. Sheldrake a quien su esposa echó de la casa.  Va al apartamento en busca del empleadito que tan bien se ha portado con ella.  Sube las escalas al segundo piso y antes de tocar a la puerta oye un ruido muy parecido a un disparo de arma de fuego.  Ella piensa que Bud Baxter se ha suicidado porque perdió su trabajo y ella se siente no sólo agradecida sino enamorada de este hombrecito.   Golpea la puerta desesperadamente y él abre sosteniendo en su mano una botella de champaña espumante que acaba de abrir.   Por eso el ruido como de un disparo:
 
 
 
-        ¡Señor Baxter… señor Baxter… señor Baxter: ¿Está usted bien?  ¿Qué va usted a hacer?
 
-        ¡Quizás buscar otro trabajo, otro barrio… qué se yo!
 
-        ¿Dónde tiene las cartas?
 
-        Están ahí… (Shirley baraja cartas de Gin Rummy)
 
-        No lo comprendo…
 
-        Tienen pastel todos los años por navidad… ¡Parta!
 
 
 
Bud se queda mirándola embelesado y no se aguanta más:
 
 
 
-        ¡La quiero señorita Kubelik!
 
-        Tres y una Reina…
 
-        ¿Me oye señorita Kubelik?  ¡Estoy locamente enamorado de usted!
 
-        No me diga más y juegue…
 
 
 
Ella se quita el abrigo y ambos empiezan a compartir cartas mientras se miran profundamente enamorados.  A diferencia de otras películas Hollywoodenses de final feliz, esta no tiene escenas de besos apasionados ni la correspondiente revolcada en la cama.   Es simplemente una declaración de amor y una  aceptación tácita de un romance que empieza y que se desvanece con las consabidas palabras de THE END.  Esa era la magia de Billy Wilder como Director: muy humano.
 
 
 
El espectador debe adivinar el resto  de lo que pasará con un par de vidas  unidas por el infortunio pero dispuestas a enfrentar el futuro.  La verdad es que a mí me ha parecido una berraquera de película.  Se las recomiendo porque, aunque viejita, sigue vigente.
 
 
 
NOS VIMOS.
 
 

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