Sociedad de Mejoras Públicas de Manizales

EL LEJANO OESTE; SAN FRANCISCO, MONTEREY

Por Carlos A. Valencia O.

 

 

EL LEJANO OESTE; SAN FRANCISCO, MONTEREY (178)

 

El 7 de septiembre de 1962 luego de quince días de viajar por ferrocarril y automóvil a través del Mapa Norteamericano, llegamos a San Francisco en el oeste  procedentes de Washington, D.C., 6 Colombianos, 7 Iraníes, 9 Italianos y 3 Martinicos.

 

Dejamos nuestras maletas en el Hotel Stratford en el 242 de Powell Street y empezamos a desgastar zapato a lo largo de la Avenida Van Ness.  Es proverbial la amabilidad de los habitantes de esta hermosa ciudad.  Yo diría que las dos ciudades que más me impactaron en los Estados Unidos fueron la Capital Washington en el Distrito de Columbia y San Francisco, California en la Costa Occidental.

 

Hablar maravillas de San Francisco llevaría cuartillas y cuartillas porque hay mucho que conocer desde sus puentes impresionantes que cruzan la bahía, pasando por el Barrio Chino, El Muelle de los Pescadores, el Zoológico, el jardín Japonés, entre otra muchas maravillas. 

 

La elegancia de sus  mujeres y la amabilidad de sus habitantes son ejemplares.  Por eso será por lo que Cross y Cory, dos destacados compositores, escribieron una de las canciones más hermosas en el Idioma Inglés: I left my heart in San Francisco – Dejé mi corazón en San Francisco:

 

Dejé mi corazón

En San Francisco

Y en lo alto de una Colina

Me llama

 

Tony Bennett y Frank Sinatra han interpretado esta melodía la que a todos los que hemos tenido la fortuna  de estar allí,  nos trae dulces remembranzas.

 

San Francisco es una ciudad de una topografía arisca, llena de faldas, calles inverosímiles zigzagueantes que van a desembocar en la bahía.  La gente de San Francisco todavía utiliza el Cable Car o sea un tranvía tirado por cables subterráneos que es la tarjeta de presentación para propios y extraños.  Ese tranvía es algo exótico en medio del transporte vehicular moderno de la ciudad.  Guardando las debidas proporciones San Francisco y Manizales se parecen en muchos aspectos.

 

En 1776, pocos días antes que en Philadelphia, Pennsylvania se firmara la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, un grupo de frailes franciscanos establecieron “La Misión de San Francisco de Asís” llegando a ser el edificio más antiguo de la ciudad y puede decirse que fue la piedra angular de su fundación.  De ahí el nombre de la metrópolis.

 

Todos sabemos que San Francisco recibió la gran cantidad de aventureros buscadores de oro que llegaron en tropel al Oeste Norteamericano y asentaron sus reales en esa ciudad convirtiéndola en la mal llamada “Ciudad del Pecado”  No era para menos puesto que la había invadido todo tipo de lumpen de malas mañas, desde prostitutas rebuscadoras, tahures sin escrúpulos, asesinas aventureros ávidos de dinero fácil, gentes de hojas de vida manchadas por la ambición.  Un cuadro deprimente para una ciudad que pugnaba por salir avante.

 

Como un par de meses antes de viajar a Estados Unidos por primera vez tuve la feliz coincidencia de conocer aquí en Manizales a una pareja de turistas, los esposos Sullivan que me preguntaron en su mal español dónde podrían conseguir un buen hotel.  Les respondí en un Inglés aceptable lo que me dio la oportunidad de saber que tenían una hija que trabajaba en el Banco de América en la Avenida Van Ness en San Francisco.  Y ese 7 de septiembre conocí a Margaret Sullivan, su hija, quien me invitó a cenar en su apartamento.  Claro que acepté sin condiciones, pero como me quedaban unas cuantas horas libres antes de ese compromiso, decidí visitar la Catedral de Santa María, orar un poco y deleitarme con su arquitectura.

 

El nombre completo de la Catedral originalmente fue el de “Santa María de la Inmaculada Concepción” y fue inaugurada en la misa de media noche  del año de 1854.  Pero como el barrio se fue deteriorando por la invasión de mucha gente indeseable y como medida de seguridad para los fieles que asistían a los oficios religiosos, el Arzobispo Patrick Riordan decidió ordenar la construcción de la nueva catedral en la Avenida Van Ness con la calle O’Farrell dedicada el 11 de enero de 1891 con el nombre de ”Santa María de la Asunción”  La iglesia original y que todavía se encuentra de pié en la Barrio Chino se le conoce  como “La Antigua Iglesia de Santa María”

 

La nueva catedral fue una imponente iglesia gótica que sobrevivió al espantoso terremoto de 1906, pero en la noche del 7 de septiembre de 1962 un incendio de origen desconocido la destruyó completamente.  O sea que yo estuve orando en esta catedral unas horas antes de su destrucción.  Esa noche estaba cenando en el apartamento de Margaret cuando las llamas estaban consumiendo la Catedral de Santa María.  Algunas personas decían que el incendio había sido causado por unas veladoras que dejaron encendidas durante la noche.

 

Al día siguiente, al enterarme por la prensa, fui a visitar los escombros con una gran tristeza.  Pero es bueno destacar que los primeros que ofrecieron ayuda monetaria para reconstruirla fueron feligreses y pastores de iglesias distintas a la fé católica.  Todo un ejemplo maravilloso de solidaridad religiosa.

 

Dos días más tarde de este infortunado incendio, el 9 de agosto, partí en ferrocarril para Monterrey, California,  hacia el sur.  Un pueblito de pescadores, paradisíaco en donde nació y escribió parte de su obra el galardonado escritor John Steinbeck.  De su pluma salieron obras como “The Grapes of Wrath – Las Uvas de la Ira” y “Of Mice and Men – De ratones y hombres” libros conocidos mundialmente.

 

Nos alojamos en el Hotel San Carlos.  No es de extrañar los nombres españoles en California puesto que los conquistadores de esta nacionalidad fundaron gran cantidad de pueblos y asentamientos con nombres en nuestra lengua materna.   Allí en Monterey tuve la oportunidad de conocer una señora ya madura,  a quien encontré mientras recorría el pueblito una noche muy calurosa de Septiembre.  Y su historia la plasmé en un relato en inglés que años más tarde me valió una mención de honor en un Concurso de Cuento en Inglés auspiciado por el Centro Colombo Americano de Manizales: “Midnight in Monterrey, California” Media noche en Monterrey California”

 

Bueno: me asombra cada vez más que la vida está llena de coincidencias las que compiten con la realidad, cosas que uno cuenta y que parecen ficción.  Pero uno nunca sabe qué saldrá de un encuentro fortuito en tu propia ciudad o en cualquier lugar del mundo a donde el azar te puede conducir.

 

Sabemos dónde hemos venido al mundo (y eso porque nos lo cuentan) pero el sitio para dejarlo posiblemente está escrito en las estrellas. Entre un acontecimiento y otro ocurren tantas cosas inesperadas que uno nunca llega a comprender, pero sí son impactantes porque son imprevisibles.

 

NOS VIMOS.





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