Sociedad de Mejoras Públicas de Manizales

METER LA PATA

Por Carloa A.l Valencia O.

 

METER LA PATA (311)

 

 Creo que a todas las personas, cuando estamos jóvenes, nos gusta “medírnosle” a cualquier problema, a cualquier situación.  Creemos estar emocional y físicamente blindados contra las decepciones y contra el fracaso. ¡Ah juventud Divino tesoro tan creída e incomprendida!  Nos sobran energías, tenemos futuro, apenas empezamos a gastar años, la vejez está MUY LEJOS, hay mucho para hacer “y yo soy el llamado a cambiar las cosas”  Blah, blah, blah, blah y más blabá.

 

Es una etapa de la vida en la cual uno se pregunta por qué las personas mayores hicieron las cosas “tan estúpidamente mal”.  ¡Eso no va a pasarme a mí! Yo lo tengo todo fríamente calculado (¿saben a quien me refiero… saben quién lo dijo antes?) ese problema se resuelve por etapas bien planeadas, eso se piensa de antemano y, por consiguiente, es lógico que nada va a fallar. (¡Oiga muchachito: ¿está seguro que eso va a ser así?)

 

¡Qué linda es la vida en esos años!  Se piensa que todo fue hecho para que me sirva a mí, a mis propósitos, a mis caprichos… ¡Yo soy el Putas Gris! ¿Quién osa retarme?  Porque el mundo está ahí para beneficiarme de él.  ¿Y los otros?  Que esperen su oportunidad, si acaso les va a llegar.  Incluyéndose uno mismo todos los demás son unos bobos.  Otra cosa es que lo diga personalmente a los interesados, porque si lo hace, empieza a descubrir que hay tipos y tipas que son mucho más inteligentes que uno, mucho más capaces que el suscrito, mucho más preparados aunque no lo estén pregonando a los cuatro vientos.  Y a la larga se descubre que uno sólo ha sido un fanfarrón, lleno de viento por dentro y nada por fuera.

 

Mirándolo desde este punto de vista parece como si nos estuviésemos confesando con un Sacerdote Universal y más o menos así es la cosa.  Es una especie de “mea culpa” muy personal a los cuatro puntos cardinales, como para meterle una “desinfladita” a ese EGO tan grande y tan pesado que a veces no nos deja ni caminar.  Un Ego que puede llenar todos los espacios. Pero resulta que hay otras personas que también tienen su EGO  y tantos Egos juntos no caben  ni en la misma oficina, ni en el mismo negocio, ni en el mismo lugar.  Ocupan mucho espacio todos esos EGOS juntos.

 

Y ya que nos metimos por el lado del tan mencionado EGO yo creo que es hora que nos metamos una asomadita al Diccionario de la Real Academia Española de La Lengua y copiemos lo que dice este sabio libro sobre el particular:

 

“EGO: 1. Del Latin EGO, YO en Psicología)  En el Psicoanálisis de Freud, instancia psíquica que se reconoce como YO, parcialmente consciente, que controla la Motilidad, y media entre los instintos del ELLO, los ideales del Superyo y la realidad del mundo exterior. 2. Coloquial: exceso de Autestima.”

 

¿Cómo les parece el avispero que toreamos al consultar el Diccionario de la Real Academia?  Pero vamos a tratar de meterle el diente (de leche, digo yo porque esto está como complicado). Empecemos por aquello que dice ahí de “parcialmente consciente” lo que cataloga la Motilidad con efecto de “parcialidad no de totalidad”.  Y el Diccionario de La Real Academia dice que Motilidad viene del Inglés 1. MOTILITY  como facultad de Moverse y 2. En Psicología Capacidad para realizar movimientos complejos y coordinados”  Mucho ojo a esto último: “movimientos complejos y coordinados”.  Porque resulta que muchas veces uno no está seguro de haber hecho todos los movimientos con la verdadera sincronización.  Y ahí es cuando aparecen los errores, las fallas y las consabidas “metidas de pata”, para jóvenes y viejos, para grandes y pequeños, para usted, pa su amá y su apá, pa todo el mundo.  De eso no se escapa nadie.

 

Al llegar a este punto recuerdo un hecho dolorosísimo hace muchísimos años cuando llegó un viejo amigo de juventud de vacaciones a nuestra ciudad.  Había estudiado Aviación en la “Escuela Marco Fidel Suárez” del Valle del Cauca, llevaba varios años volando aviones del Ejército Colombiano, era uno de sus más distinguidos pilotos y para nosotros sus amigos y coterráneos era una especie de héroe por la profesión que había escogido.  Estuvimos toda una tarde en una Fuente de Soda conversando con él y le preguntamos que si había sufrido algún accidente y nos respondió que él no, pero que varios de sus compañeros sí porque no habían sido cuidadosos para planear sus hojas de ruta y los preámbulos de vuelo y exigencia de mantenimiento de los aparatos.  Terminó diciendo esta frase que se me quedó grabada desde entonces: “No tengo por qué sufrir ningún accidente porque soy un profesional muy exigente en mi trabajo y yo nunca cometo errores”.

 

Unos dos o tres meses más tarde nos llegó la noticia de su muerte en un accidente de aviación.  Ocurrió que debió aterrizar con su avión a hélice en una pista en plena selva del sur de Colombia,  campo en piso de tierra, azotado por el invierno y una de las ruedas del tren de aterrizaje se hundió en una zanja.  Nuestro amigo se apeó del avión, le trajeron un campero Willys para ayudarle a remolcar el aparato unos metros hasta tierra firme y poder decolar, el motor del avión lo dejó encendido para poderlo sacar prestamente del apuro y empezó a dirigir al chofer del campero caminando en reversa hacia su aparato haciendo señas hasta que, inadvertidamente se acercó tanto a la hélice a miles de revoluciones por minuto, que terminó vuelto picadillo.  No estoy inventando, estoy contando cómo sucedió algo que me impresionó desde entonces y todavía, cuando lo recuerdo, me causa tristeza.  Mi amigo había dicho meses antes que “el nunca cometía errores”  Cometió el último en su vida.

 

Entonces volviendo a lo que hablábamos “despiezemos” estos conceptos y traducido a nuestro muy precario conocimiento de la Psicología y de las actuaciones del prójimo (lo que viene a ser como la misma cosa) sacamos por conclusión que una persona con su EGO muy grande “es parcialmente consciente” del sitio por donde se mueve y por consiguiente está propenso a “meter la pata” y a hacer el ridículo, sencillamente porque cree que se las sabe todas y que los demás son unos “pendejos”.  Estas definiciones así, sin ponerles muchos “riminisquisquis” a las cosas, me fascinan porque van al grano.

 

Podríamos, entonces decir, que quien “no haya metido la pata” (Alias al equivalente de “equivocarse estruendosamente”) que levante la mano para tener el gusto de “cantarle la tabla”.  Porque alguna vez, en alguna situación, bajo cualquier circunstancia dijo o  hizo algo que no debió decir o haber hecho.  O sea, que según el Diccionario de la Plebeya Academia del Dicho Popular: “¡La embarró!”  Y cuántas veces todos y cada uno de nosotros la hemos embarrado.

 

“La pata se ha metido, la hemos embarrado o académica, o política, o circunstancial o técnica o cotidianamente hablando y actuando!  ¡Y cómo duele haber “hecho el oso”!  Pasan los días y tú te repites la misma cantaletica: “¿Yo por qué fui tan ¡…vón! que dije semejante cosa? ¿Por qué me tenía que meter donde no me habían llamado? ¿Quién me dijo que yo era un experto en ese tema?  Mejor dicho: ¿Por qué no me quedé callado?

 

“He ahí el dilema” como diría Shakespeare.  Y lo grave de la cosa es que “la volvemos a embarrar” más adelante porque como que no aprendemos.  ¿Y por qué?  Por aquello del Ello (otros los llaman ID, localizado en lo profundo del subconsciente) lo que es como la imaginación que “es una loca suelta por la casa”.  Y como la lengua no tiene frenos, volvemos con las mismas metidas de pata de antes.

 

La verdad es que esto suena como a cantaleta pero fíjense bien que no lo es.  Simplemente estamos describiendo unas situaciones comunes, cotidianas, palpables, recurrentes que, en el fondo, tienen algo de bueno si aprendemos la lección: Nos vuelven más humildes porque muestran nuestra fragilidad humana y nos acercan más a otras personas que sufren del mismo mal.  Lo que pasa es que cada cual parece que debe aprender a descubrir sus propios valores e incapacidades.  Y por regla general nos morimos de viejos y no aprendemos.

 

Ojalá que esto que acabo de describir me sirva para ser una mejor persona de ahora en adelante.  Lo único que deseo es que mis amigas y amigos “se sientan como en casa” en este paseo de la vida.

 

NOS VIMOS.

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