Sociedad de Mejoras Públicas de Manizales

HÉROES Y HEROINAS ANÓNIMOS

Por Carlos A. Valencia O.

 

HÉROES Y HEROINAS ANÓNIMOS


 En un relato anterior hablaba de la Batalla de Waterloo, ya que mi amigo Tony me decía, en uno de sus mensajes,  que había logrado hacer realidad uno de sus sueños, cual era visitar  este campo de batalla tan famoso.

 

En esa confrontación y en todas las que han combatido hombres y mujeres desde que el mundo es mundo, siempre han aparecido héroes y heroínas  que han entregado sus vidas por unos ideales, por unos dirigentes o por unos postulados.   Y esos hombres y mujeres  han pasado a las páginas de la historia como personas que deben ser imitadas por generaciones posteriores.

 

Los historiadores han elevado  a muchos y a muchas que no han sido tan héroes y han olvidado a otros que en realidad sí lo fueron.  Eso depende de las apetencias políticas, económicas o sociales del narrador.  Pero lo que sí es cierto es que han quedado en el olvido personas y hechos que sí merecieron el reconocimiento de la posteridad.

 

En nuestra vida diaria, en nuestro trasegar cotidiano, cada día nos encontramos con personajes quienes, sin nada de auto-bombo, son personas admirables que pasan anónimas pero que son generosas, abnegadas, entregadas a cumplir con sus obligaciones, a proporcionar a otros felicidad y bienestar, sin pedir para ellas ningún reconocimiento o premio por lo que hacen.  Pongamos algunos ejemplos de esos que no merecen pasar desapercibidos.

 

Se me ocurre como un primer ejemplo una de tantas  mujeres abandonadas por su compañero, con uno o más hijos de su unión, quienes siguen trabajando para levantar dignamente a sus muchachitos, quienes dividen su tiempo entre el trabajo, sus hogares, el colegio y el cumplimiento de sus obligaciones.

 

Y luchan como unas leonas por sus crías, quieren lo mejor para sus descendientes y no se quejan porque su espíritu maternal es más inmenso que sus dolores, sus incomodidades o sus decepciones.

 

Y todavía les sobra personalidad como para no pedir ayuda ni a su antiguo compañero ni a su propia familia, porque tienen la entereza de no molestar ni a sus padres porque consideran que ellos no tienen la culpa de sus desventuras, del fracaso de su vida sentimental.  Si estas mujeres no son heroínas de la vida diaria ¿Entonces quién lo será?

 

Algunos de ustedes dirán, en un leguaje muy coloquial:  “quien da el brinco a sus patas se atiene”  Si… estamos de acuerdo.   Pero es tan fácil soltar las herramientas, sacarle el bulto a la responsabilidad, cuando las cosas no pintan bien.  Pero es que yo estoy hablando de “héroes y heroínas”, no de gente sin principios, sin responsabilidad.  Y afortunadamente existe esta clase de mujeres que son para admirar.

 

Y son muchas.  Se encuentran en las oficinas, en los restaurantes, en el servicio doméstico, en todos los estratos de la sociedad y por su comportamiento, por sus logros son dignas de admiración, aunque sus nombres no se publiquen en los libros de historia, ni en los anales de ninguna corporación, ni reciben ni medallas ni reconocimientos.  A ellas lo único que les interesa  es el bienestar de sus seres queridos.  A ellas ni por la cabeza se les pasa la idea recibir una condecoración.  Lo único que les interesa es el reconocimiento  de aquellos a quienes han dedicado sus vidas.  Y muchas veces ni siquiera eso reciben.  Yo llamo a eso ”HEROISMO COTIDIANO”

 

Veamos otros entre los millones de casos en la vida común y corriente: el hombrecito que trabaja hasta con las uñas para poder llevar comida y un poco de bienestar a su familia.  Naturalmente que todos nos vemos obligados a hacerlo para poder subsistir, primera ley de la vida.  

 

 Pero existen personas que son como para mostrar porque, pese a su humilde condición, trabajan sin engaño, sin robarle nada a nadie, trabajan sin engaños, sin malicia, por una entrada magra o por una retribución ínfima.

 

Lo que logran llevar a sus casas “destila” honradez  y dan ejemplo con su vida.  Eso es muy difícil de lograr cuando la tentación de apoderarse de lo que no les pertenece (y bien podrían hacerlo) es tan grande y tan irresistible y ha hecho caer a tantos y a tantas.  Pero el hombrecito de nuestro cuento está construido  con un material especial desde que estaba chiquito.  Por eso es por lo que entra en la categoría  de los héroes y es un orgullo que pasa inadvertido para la mayor parte de  la sociedad que no lo valora.                                                  

 

 Sigamos hablando de héroes.  Imaginemos, por ejemplo, el caso de un empleado o empleada de esos que llaman “de manejo o de confianza” en un banco, corporación o compañía que mueve mucho, muchísimo dinero y en donde el flujo constante de efectivo tienta los corazones y puede llegar a debilitar las voluntades.

 

Esos empleados y empleadas que manejan esas enormes sumas de dinero que son una tentación para el desfalco, el pequeño o grande robo, la indelicadeza de lo que no te pertenece, esos hombres y mujeres también manejan pobreza, necesidades, falta de recursos.  Sin embargo ellos y ellas miran esos fajos de billetes, esas cantidades exorbitantes de medio circulante como si fuesen papeles sin ningún valor.  ¿Por qué?  Porque nada de eso, ni una moneda de diez centavos les pertenece, no forman parte de sus vidas, no son suyas.

 

Es tanta su honradez que, en su fuero interno,  todos esos millones NO SIGNIFICAN NADA, ABSOLUTAMENTE NADA frente a sus vidas honestas, frente a su alegría de trabajar, frente a la felicidad de llegar día a día a sus hogares con la conciencia limpia, no obstante haber pasado días, semanas, meses y años cuidando el dinero de otras personas. Si esas personas no son héroes y heroínas  yo no se dónde las vamos a buscar porque todos los días nos codeamos con ellas, son nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo, nuestros hermanos en el camino de la vida.

 

Y todavía se me quedan millones y millones sin mencionar, sin rendirles un merecido tributo por sus hermosas vidas.  Sea este relato un modestísimo reconocimiento  por lo que hacen y por lo que son.

 

NOS VIMOS.

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