Sociedad de Mejoras Públicas de Manizales

La clase política en invernadero

La Patria/ / Luis Prieto Ocampo/ 2011-05-27 00

 
 
La actividad política en Manizales y en Caldas parece invernar. El ambiente no le es propicio para sus actividades tradicionales. Las autoridades de control, al parecer vivificadas, husmean los recodos que huelen a pecados mortales y veniales, muchos de los cuales han permanecido activos y tolerados, desde el primer robo a Caldas.
 
Se acercan los comicios electorales mediante los cuales serán elegidos nuevos alcaldes y gobernadores. Hasta el momento de escribir estas líneas, la ausencia de postulantes es casi total. Las administraciones que terminan tienen investigaciones rondando a su alrededor y a sus electores sumidos en una gran frustración. Se indagan posibles delitos que de prosperar y convertirse en acusaciones penales, avergonzarían al infinito, una vez más, a las gentes de Manizales y Caldas, que el Dios Creador no lo permita.

La aparición de investigadores en el circuito regional, alguna razón la mueve, porque como dice el dicho, “desde que el río suena piedras ruedan”. Una posición pública tiene que ser manejada con manos impolutas y por lo tanto por personajes impolutos, obligados a responder no solo por sus actos sino también por los de sus subordinados. Seleccionar a sus gentes de acuerdo a participaciones políticas, es echarse la soga al cuello.

Se dice que en Manizales existen personas de gran distinción, de capacidades profesionales excelsas, de lujo para lucir de Alcalde o de Gobernador, pero que prefieren estar lejos de estas nobles posiciones por el peligro de verse involucrados en líos que tengan relación con la justicia. Una timidez razonable ante una justicia que muchas veces aparenta dar palos de ciego, movida más por titulares de prensa y medios radiales, que por los códigos que reposan en el polvo del olvido.

Sin embargo, esos personajes que la sociedad indica como óptimos, están obligados a desafiar el riesgo con sus virtudes y el respeto que la sociedad honesta les prodiga. Y a salir al ruedo, en estos momentos cruciales, ojalá no tardíos, para reivindicar la integridad de su pueblo y de su raza. El solo hecho de que ese pueblo les haya propiciado el medio ambiente, para lograr su status actual, hace perentorio, que salgan a la plaza pública, a predicar sus puntos de vista y su voluntad de representar pulcramente a sus conciudadanos. Y con esa advertencia pedirles su voto, así sea en franca lid. Nada de avales políticos que vienen envenenados.

No es que estos señores que han ganado un alto puesto social, no sientan en su fuero interno esa obligación y una natural vanidad, de conquistar el liderazgo popular y su representación en puestos públicos. Ser alcalde de su pueblo emanado en una confrontación pública, es el galardón máximo a que un hombre de bien puede aspirar.

Las aprensiones que naturalmente puedan sentir, hay que vencerlas. Serán bien recibidos, nadie cree ya en promeseros que los han engañado por años. Respetan mucho más a líderes que pueden mostrar obras concretas, empresas que han dado trabajo y lustre a su ciudad.

 
La Alcaldía e igualmente la Gobernación son usualmente considerados bastiones políticos. Pero en muchos países se ha permitido la permanencia de alcaldes y gobernadores hasta por quince o veinte años en sus solios, porque sus gestiones en pro de sus conciudadanos, representados en obras y desarrollo, así lo demandan.

En Colombia esto no ocurre porque las normas políticas no permiten reelecciones indefinidas. Pero sí es posible pedir a los hombres de empresa, que presten su nombre para tales posiciones, aunque fuera por tiempos más cortos. Se trata de vincular personajes de ese prestigio, como algo natural y lógico al servicio público y al bien de gentes siempre expectantes. Lo que hay que hacer por Caldas y por su capital concluye que lo que se precisa son programas más empresariales que otra cosa. Programas grandes y audaces como es el caso de las transformaciones que urgen especialmente en Manizales.

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