Sociedad de Mejoras Públicas de Manizales

PARIS.... UN SUEÑO (Toi qui passes sans me voir)

PARIS.... UN SUEÑO (Toi qui passes sans me voir)


Por: CARLOS A. VALENCIA O.


París había sido liberado del yugo alemán hacía ya como cuatro años. Era la posguerra con sus esperanzas y sus incertidumbres.  Pero París había vuelto a ser el París universal con sus artistas, su bohemia, su lindas mujeres, sus escritores, sus pintores.
 
París... y se quedó pensativa.  Como a todos aquellos que posan de intelectuales, ó efectivamente lo son,  Paris era una meta en su vida.  Pero estaba tan lejos, muy lejos de sus posibilidades.
 
Además, había muchas cosas que tendrían que obviarse para poder estar allá:  dinero, tiempo, disponibilidad y, sobre todas las cosas, alejarse de su familia.  Para otros eso sería lo de menos, pero no para ella. Era muy apegada a los suyos porque eran muy unidos, habían ganado muchas duras batallas a la vida.  Definitivamente era el escollo principal... su familia.  Ya tenía 20 años al lado de los suyos trabajando, soñando,  estudiando, trabajando, estudiando, soñando... con París.
 
Y leía a más no poder ya que era más barato que viajar y más fácil que dejar a su mamá viuda y a sus hermanos huérfanos de padre.  Y ella era a la vez el papá y la hermana mayor.   Pero... ¿y París y las canciones y los escritores y la bohemia y el río Sena y Montmartre y los campos Elíseos y la Rue de la Paix y....
 
¡ Despierta ¡ Es tu vida y no un sueño  ¿Y por qué no?  Después de todo la vida está hecha de sueños, si todo lo que vemos hecho realidad anteriormente fue un sueño, muchos sueños. Quien no sueña no despierta a la vida y quien no despierta de un sueño y se enfrenta a la realidad está muerto.  Una rara combinación de sueño y realidad.  ¿Y dónde termina uno y empieza la otra?
 
Sabía todas las canciones de Edith Piaf, (le fascinaba su pronunciación de las erres, su voz dolida y su vida hecha pedazos por tanta decepción amorosa y eso lo había sabido por las revistas del espectáculo)  Conocía otras tantas de Charles Aznavour (su “Venecia sin ti” le taladraba el alma).   Había visto todas las películas de Jean Paul  Belmondo y otras tantas de Jean Gabin, unas cuantas de  Ives Montand. ¡Ahhh!  “El Salario del Miedo”  Esa la impactó. Pero su romanticismo, su deseo de conocer a Paris despertó con una vieja, muy vieja canción con un título muy largo: “Toi qui passes sans me voir” –Tú que pasas sin verme,  cantada por Jean Sablon.  ¿Todavía existiría Jean Sablon?  Esta canción fue una de sus máximas alegrías y una de sus primeras frustraciones sentimentales.
 
Casi no consigue el dinero para comprar el disco y luégo casi no recopila para comprar el tocadiscos.  “Toi qui passes sans me voir” sonó y sonó y sonó casi hasta que la aguja de zafiro lo perforó de lado a lado. Era un disco de acetato de 78 revoluciones por minuto que ella guardaba como un tesoro en un estuche de cartón grueso que le había construido para protegerlo.  Y lo sacaba diariamente para escuchar la varonil, enamoradísima y romántica voz de Jean Sablon.  El parecía repetirle al oído: “Tú que pasas sin verme....” cuando su hermanita Alicia, sin fijarse, sin premeditación alguna asentó su región glútea sobre el preciado disco que estaba sobre la cama, dejándolo convertido en pedacitos.
 
Lloró, lloró y lloró todo un día.  Nada servía para calmarla: ni las insistentes excusas de su asustada y arrepentida hermanita, ni las súplicas de su madre ni de su hermanito. Todo estaba perdido.  Ya no volvería a escuchar la romántica voz de su ídolo Jean Sablon. La vida no tenía sentido.  Sólo curaría su amarga y profunda pena una visita a París.  Quizás allá podría matar dos ó tres pájaros de un solo disparo: conocer a París, conseguir el disco  y quizás suspirar ante la presencia de Jean Sablon, si era que todavía existía.
 
Pero... NO.  París estaba muy lejos y  los problemas de su familia demasiado cerca.  Así que siguió conformándose con los discos de Edith Piaf y de Charles Aznavour.  Porque el “Toi qui passes sans me voir” de Jean Sablon sólo era un triste recuerdo en su muy triste vida.
 
 
F  I  N

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