Sociedad de Mejoras Públicas de Manizales

CUENTO DE BACHILLERATO

 

Por Carlos A. Valencia O.

 

CUENTO DE BACHILLERATO (296)
 
Los años de bachillerato están llenos de esperanzas, fracasos y expectativas.   ¿Qué jóven en esos años no ha soñado, no ha fracasado o no ha pensado en el futuro?  Todos, absolutamente todos hemos pasado por ahí.  Y a veces los profesores, posiblemente de buena fé,  exigen demasiado o a ratos se burlan de sus alumnos, algo que no es muy frecuente pero que sí sucede.  Este prólogo para poder hablar sobre la Segunda Guerra Mundial.
 
“Cómo así que sobre la Segunda Guerra Mundial, cuando usted nos “encarretó” con aquello de las esperanzas, los fracasos y las expectativas, cuando éramos jóvenes estudiantes de bachillerato?” 
 
Si usted se calma un poco puedo explicárselo y para ello tengo que hacer alusión a dos tipos de Aviones de Guerra famosos en esa conflagración: los Messerschmitts Alemanes, más comúnmente conocidos como los BF 109 o simplemente como los M109, y los Spitfires Británicos Supermarine.
 
Si se ha leído un poco sobre estos acontecimientos, recordaremos que sobre los cielos de Inglaterra y Alemania y por extensión de Europa, se libraron batallas memorables entre aviones Alemanes e Ingleses, especialmente a fines de 1940 (época de la llamada Batalla de Inglaterra), cuando Hitler, luego de doblegar a la mayoría de los países europeos bajo las banderas del Nacional Socialismo, decidió invadir a Inglaterra, el último bastión Aliado que quedaba por conquistar.
 
Desde septiembre de 1940 los bombarderos Alemanes volvieron polvo a ciudades como Londres, Birmingham y Coventry.  Bombarderos Alemanes como lo Heinkel y los Fokke Wulff descargaron miles de toneladas de bombas sobre los centros de producción Británicos.  Estos bombarderos venían escoltados por escuadrillas de Aviones de Caza Mersserschmitts BF 109 que ametrallaban ciudades y campos Ingleses sin compasión.  ¡Condenada guerra que de lado y lado no dejó títere con cabeza y pagaron la cuenta justos y pecadores.  Y el mundo nunca aprendió la lección!  Esto ustedes ya lo saben de memoria, y también saben que “el ofendido ofende” (como decía mi agüelito) y estos ataques tuvieron su respuesta en los pequeños aviones Spitfire y Hurricane Ingleses.
 
Fue tan destacada la actuación de estos avioncitos ingleses, que el Mariscal del Aire Hermann Göering se vió en la necesidad de cancelar la invasión de las Islas Británicas, debido a las grandes pérdidas de aviones alemanes sobre suelo Inglés.  Esos avioncitos (como alguna vez lo dije) salvaron a su patria de una invasión.
 
Lo del principio de este relato, que tiene que ver con los estudiantes de bachillerato, se refiere a un episodio muy personal que me sucedió a mediados de 1941 cuando yo era estudiante de Primer año de bachillerato.  Como podrán comprobarlo por los años mencionados, la Guerra ésa estaba en su apogeo.  Los periódicos y la radio sólo hablaban de bombardeos, combates aéreos, movimientos de tropas.  Naturalmente que todos esos acontecimientos influyen en el comportamiento de las personas, no importa su nacionalidad, ya que se trataba de una Guerra Mundial.
 
En una clase de Español nuestro profesor de esa materia, si mal no recuerdo su nombre aunque sí estoy seguro de su apellido,  Don José Manuel Duque, decidió que escribiéramos un relato sobre un tema completamente libre.  Había mucho de qué hablar y al mismo tiempo los temas se escapaban de nuestra imaginación.  ¿Hablar sobre problemas caseros? ¡Ni por el …tas!. ¡Ni riesgos… qué tal que los familiares llegaran a saber cosas del hogar que no le atañen a nadie!  ¿Narrar incidencias de los juegos infantiles como Guerra libertadora, a que te cojo ratón, a que no rata inmunda, jugar al escondite o refererirse a las pilatunas habituales?  Eso no tendría fundamento, ademas ese tipo de relatos no contenían elementos de sorpresa tales como los pescozones, las balaceras, etc.  Claro… como estábamos embebidos en las películas del oeste sacábamos por conclusión que a todos los demás sólo eso les interesaba.  Tenía que ser algo de más “alcurnia”, que tuviera “caché”, elegancia y altura.
 
Claro que al estudiante Carlos Valencia le pareció que debía enfrentar algo distinto, narrar algo que inflamara la imaginación, algo diferente a Caperucitas Rojas, lobos feroces, enanos y brujas.  ¡Y… Suazzz ¡ se le iluminó el bombillito a Carlos y le metió el diente a un tema de actualidad: un combate aéreo entre Spitfires Ingleses y Messerschmitts M109 Alemanes.  El había leído algo sobre el particular y se dejo venir con…
 
“El escuadrón Alemán de Messerschmitts M109 salió de su aeródromo en Berlín con el fin de atacar las costas inglesas.  Iban en formaciones de 5 en V, ocho escuadrillas de 40 aviones de caza,  en total… bla, bla, bla, bla, etc. etc.etc.”  (En total Carlosvalencia se dejó venir con tres hojas de tableteo de ametralladoras, aviones que caen, pilotos que suben, otros que bajan, olor a pólvora… ¡Esas sí eran peleas no como los “alegatos” de las vecinas de mi casa!)
 
Imagínense ustedes al hombrecito “empecuecado” dictando cátedra sobre aviones de guerra, los que sólo conocía en fotografía y hablando de aeronáutica cuando ni siquiera se había asomado al diccionario para comprobar el significado de la palabrita esa y mucho menos conocía un avión o hubiese volado en uno de esos aparatos.   El profesor se paseaba entre los pupitres mirando con ojos de águila irritada lo que sus pupilos escribían en sus cuadernos.  De vez en cuando se detenía junto a uno de los alumnos:
 
-        ¿Qué le pasa Misael que todavía no ha empezado a escribir y ya llevamos como media hora?
-        Profesor: es que esto es muy difícil.  Se me ocurren muchas cosas pero no sé cómo empezar.
-        Pues simplemente agarre un tema, cualquiera que sea y empiece a contarlo con palabras sencillas como si estuviese hablando con un buen amigo.
 
Mientras tanto Carlos Valencia llevaba como dos hojas y media escritas.  El hombrecito estaba “sembrado” hablando sobre los Cazas Alemanes e Ingleses engarzados  en una pelea de perros y gatos arriba de las nubes sobre el Canal de la Mancha.  En el relato de Carlos no se veían sino caer aviones incendiados de lado y lado, el tableteo de las ametralladoras, algunos pilotos brincando al vacío en sus paracaídas y hasta podía sentirse el olor a pólvora y hasta oirse las maldiciones de los combatientes.  No faltaba sino la transmisión “en vivo y en directo” pero por esas calendas no se había inventado la televisión.  En ese momento “tronó” la voz del maestro (Don Juán Manuel Duque se gastaba un vozarrón que infundía miedo):
 
-        Bueno muchachos: cierren esos cuadernos YA y empiecen a entregarme sus trabajos.
 
Eran las 3:10 de la calurosa tarde de Español, los trabajos arrumados sobre el escritorio del maestro.  Don José Manuel tardó 45 minutos para mirar y calificar lo que habíamos escrito.  Ese viejito era un berraco para leer de corrido y calificar a los vuelos los 48 relatos.  Y levantó la voz:
 
-        Vamos a ver cómo les fue con este trabajo.  Aquí encuentro uno que es muy original, distinto a todos y es del alumno Carlos Valencia.  Parece que nuestro amiguito tiene una imaginación “muy efervescente”. (Eso me hizo pensar en un sobre de Sal de Frutas vaciado en medio vaso de agua)
 
Continuó el profesor con cierta sorna que no me pareció de buen gusto, pero nada dije para no ganarme un “repelo” de ese viejito tan cascarrabias pero tan buen maestro:
 
-        Dudo mucho que Carlos esté bien informado sobre lo que escribió.  Eso sí hay que reconocerle su magnífica imaginación.  Aquí menciona unos aviones Alemanes con nombre raro, dizque M109.  Me imagino que no sabe ni de lo que está hablando y le debo informar que soy difícil de descrestar.
 
“¡Eso sí que me dolió! Me sentí minimizado a la vez que ofendido pero YO SÍ SABÍA de lo que estaba hablando en mi relato!”  Y continuó el Profesor Duque:
 
-        Yo hasta le pondría una buena calificación si es que de alguna manera logra explicarme qué entiende él  sobre eso de los aviones Messrs… tales y cuales: No sé por qué pelearon sobre el Canal de la Mancha.  En primer lugar, Valencia dígame: ¿dónde queda el Canal de la Mancha? y en segundo lugar qué características tienen esos aviones M109  Yo creo que usted está tratando de descrestarme con algo de lo que no tiene ni idea y le digo que yo soy muy difícil de descrestar.
 
No me sentí humillado, ni mucho menos halagado, pero sí me sentí retado.  Así que tomé aire, me puse de piés, miré fijamente el “trono” en el cual estaba sentado el maestro Duque” y dije con voz clara, la que todavía retumba en mis oídos luego de 60 años o más de lo sucedido:
 
-        Profesor: De acuerdo con lo que nos enseñó hace unos días el Profesor de Geografía don Gonzalo Estrada,  El Canal de la Mancha, o Canal Inglés como también lo llaman, es una faja de mar que separa a la Europa Continental, especialmente a Francia en la Región de Normandía, con los Acantilados de Dover en las Costas de Inglaterra.  En cuanto a los aviones Alemanes a los cuales usted se refiere, son aparatos de Caza o de Persecución, por lo regular monoplazas, o sea para un solo tripulante y de ala baja (creo que esto es obvio), diseñados por el Ingeniero Alemán Willy Messerschmitt, de ahí la letra y el número de serie de fabricación M109, construídos para la Segunda Guerra Mundial.  Fue el avión de combate individual más producido durante ese conflicto.
 
Y me senté invadido por una especie de “Berraquera interna” esperando lo que viniera del profesor, ya fuera un regaño o un cinco admirado.  No me importaba lo que fuera porque la suerte estaba echada y me sentía realizado con lo que sabía sobre el particular.  Durante unos 30 segundos no se oyó volar ni una mosca (y mucho menos un Messerschmitt M109) en ese salón.  Luego habló don Juán Manuel:
 
-        ¡Hooombreee… Valencia, lo felicito!  Así es como se deben hacer los trabajos, con investigación previa y buena redacción.  ¡Usted fue el único que sacó cinco y se lo merece… Lo felicito de nuevo!
 
Debo ser sincero y reconozco que merecía ese cinco.  Pero más que todo me sentía satisfecho por haber logrado claridad en lo que dije.  Y algo más: lo dije sin titubear, como si fuera un experto en aviones, aunque mis conocimientos sólo se remitían a unos cuantos artículos que había leído en algunos periódicos.  El relato fue la consecuencia de ese hermoso regalo que Dios nos dá: la imaginación.  Después de ese reconocimiento el muchachito no ha dejado de escribir y escribir, no propiamente para ganar un Nobel de literatura sino para su satisfacción personal.  Lo demás no importa mucho.
 
Será por eso por lo que sesenta y tantos años después todavía sigo escribiendo “pendejadas” y disfrutándolo al máximo.  ¡Gracias Profesor Juán Manuel por el empujoncito!
 
NOS VIMOS.
 

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