Sociedad de Mejoras Públicas de Manizales

ESTAN TAPANDO EL PAISAJE

Por Carlos A. Valencia O.

 

ESTAN TAPANDO EL PAISAJE (295)
 
El crecimiento desmezurado de la población urbana está copando todos los lugares disponibles para construir.  Ya no es rentable, según algunos, edificar casas individuales porque dizque ocupan demasiado terreno, que puede ser utilizado para erigir grandes y altos edificios, lo que está cambiando el panorama y el paisaje de todas las ciudades de Colombia, especialmente el de Manizales.
 
Durante los primeros cien años de existencia nuestra ciudad descollaba por sus paisajes.  Era y todavía es, una de las pocas urbes que disponen de un paisaje diferente en cada una de sus esquinas.  No es sino transitar “a lomo” de la carrera 23 para disfrutar, a lado y lado, de hermosas montañas por los terrenos de Villamaría y por el municipio de Neira con sus montañas que se pierden en lontananza uniéndose al paisaje llano de La Rochela y el Kilómetro 41.
 
Podríamos seguir haciendo una agradable descripción de paisajes, montañas, ríos, riscos, hondonadas y uno que otro valle, como por ejemplo la hermosa y paradisíaca Región de La Florida. Pero nos están tapando el paisaje, nos están recluyendo en apretados apartamentos a muchos pisos de altura no aptos para acrofóbicos y menos para agorafóbicos.  Han puesto a vivir a familias enteras en espacios tan reducidos como que uno tiene que esperar cuando pasa uno de los ocupantes de la cocina a la sala, o del comedor al baño, o desde la entrada a uno de los dormitorios, para poder seguir su camino.
 
Comprendo que el espacio es cada vez menor, que el metro de terreno “vale un ojo de la cara” y que la necesidad de tener techo obliga a las familias a acomodarse, como puedan, en cualquier espacio disponible.  No importa el tamaño del zaguán porque éste puede ser convertible en un edificio de 15 o más pisos de altura, una completa regla vertical que desafía la Ley de la Gravedad… de la gravedad de construir en esos sitios.  Se construyen mini-apartamentos donde, para ir de un lugar a otro, “hay que dar reversa” como si se estuviese conduciendo un jeep interveredal.
 
A pesar del progreso (y la construcción es uno de sus logros) se añora la otra ciudad provinciana la que, no obstante los derrumbes, los deslizamientos en faldas y socavones, era un comprendio de paisajes, un “collage” de belleza, un edén de convivencia.  Pero a nadie se le puede negar  ni el derecho ni la oportunidad de tener techo propio.  Definitivamente hay que construir hacia arriba porque construir hacia los lados es costoso y no hay suficiente espacio.
 
Pero creo que se nos está “yendo la mano” con esa desaforada ambición de construir cajones de cemento y concreto con el fin de alojar más y más gente, sin tener en cuenta, quizás, los requisitos exigidos por los Códigos de Urbanización  ni de Construcciones.  No se explica uno por qué se permite construir en lugares inadecuados.  A ratos se piensa que los Estudios de Suelos no son tenidos en cuenta por los constructores.  Parece que sólo importan los Estudios de Factibilidad con el fin de proceder a vender apartamentos a la carrera, a los vuelos.
 
No soy ni Ingeniero Civil ni Arquitecto y mucho menos Geólogo,  pero tengo  “cuatro dedos de frente”  para saber exactamente que, en muchos sitios de nuestra querida ciudad, no es recomendable construir edificios de varios pisos de altura.  Honestamente creo que Manizales fue conformada por la naturaleza para “mantenerse a ras de piso”, a menos que se quieran vender problemas en lugar de viviendas. Naturalmente que esta sería una discusión que yo perdería antes de iniciarla porque se exhibirían los permisos correspondientes y con eso me taparían la boca.
 
Pero me dá la impresión que están actuando como para conseguir dinero a la carrera sin pensar en las futuras consecuencias.  De todas maneras nos están tapando el paisaje, los recuerdos y las añoranzas.
 
Repito que otrora nuestra ciudad era para mostrar por su naturaleza, por sus “vistas”, por su panorámica.  Ahora están tapando todo eso con cemento en cantidades industriales.  Y cuando el terreno se canse de soportar tanto ferroconcreto, no es raro que empiece “a brincar como un potro en celo” y tire todo al piso.
 
Dirán los que saben que la tierra resiste con todo siempre y cuando los cálculos y los estudios no fallen.  Las calculadoras y las computadoras darán sus veredictos, pero la naturaleza que es más sabia que el hombre dirá la última palabra.  Ella no tiene afán y aguanta muchos desmanes, pero cuando levanta su voz los hombres quedamos convertidos en unos pobres títeres a merced de la furia de los elementos.  O como diría la Canciller Alemana Angela Merkel a propósito del grandísimo desastre del Japón: “Debemos estar preparados para que suceda la impensable”  Y eso puede pasar cuando menos se espere.
 
No quiero parecer pesimista pero, ¿qué son unos pilotes enclavados en un terreno deleznable a decenas de metros de profundidad para sostener un edificio, si de ahí para abajo hay miles de kilómetros de inestabilidad geológica, capas tectónicas que no se sabe cuándo van a colapsar?  Más sin embargo el hombre está destinado a construir, siempre lo ha hecho y lo hará.  Y siempre tendrá que enfrentar retos superiores a sus conocimientos y a sus fuerzas.  Es la ley de la vida.  La raza humana está destinada a  enfrentar retos y superarlos.  (¡Ah caramba… cómo estoy de inspirado!)
 
El globo terráqueo siempre ha estado y estará en constante evolución.  Lo que hoy es, hace muchísimos siglos no era (¡Estoy descubriendo el agua mojada!) El paisaje del que hoy disfrutamos era muy distinto hace millones de años porque los movimientos telúricos han cambiado valles en hondonadas, montañas en valles y en riscos, ríos en riachuelos y éstos en grandes masas de agua.  Y nosotros tan creídos que somos, pensando que todo lo que hemos hecho está firme, inamovible, seguro y a prueba de accidentes.  ¿No será mucho presumir?
 
Pero la Ley de la misma Naturaleza del hombre le exige construir, trabajar, cambiar, indagar, renovar y hasta cometer “pendejadas” muy frecuentemente.
 
Una buena lección para todas las generaciones sería el ejemplo de La Torre de Babel.
 
NOS VIMOS.

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