Sociedad de Mejoras Públicas de Manizales

Racismo trivializado

El Espectador/ Opinión |Por: Jaime Arocha21 Mar 2011 - 10:00 pm

 

EN SU COLUMNA "CERTIFICADO DE negro", Héctor Abad se dijo bastardo, apelativo que describiría la índole de buena parte de los nacidos en las Américas, teniendo en cuenta que durante la Colonia era frecuente que los europeos violaran a las mujeres esclavizadas.

 

El historiador Paul Lovejoy nos enseña que hasta 1780 en este continente, por cada europea había doce “negras”, quienes mediante esa denominación fueron deshumanizadas, desposeídas de identidades étnicas y religiosas, y localizadas en la casta más baja del régimen español. Dentro de ella, el matrimonio tan sólo fue reglamentado por esos mismos años.

 

En 2004, Abad evidenció que conocía el funcionamiento de nuestro racismo al crear a “Angosta”, país andino cuya aristocracia había resucitado las castas coloniales para instaurar un “apartheid” tropical a cuyos miembros les garantizaba el apelativo de “dones” y la exclusividad de vivir en tierra fría. Blancos por herencia o por compra, se valían de paramilitares para confinar a “indios” y “negros” en tugurios de tierra caliente. Contratistas chinos localizados en “check points” verificaban el visado de cada quien, completando así la tarea de mantenerlo en su sitio. Ateniéndose a los conjuntos cerrados de nuestras ciudades o a que casi todos los desterrados son gente indígena o negra, la ficción de Abad sería la llamada “Colombia posconflicto”.

 

Hacia 1989, las premoniciones acerca de este destino llevaron a que el movimiento social afrocolombiano propusiera acciones afirmativas que quedaron consagradas en el artículo transitorio 55 de la Constitución de 1991, y en la Ley 70 de 1993. Hoy, la Corte Constitucional, mediante el Auto 005 de 2009 completa dos años de exigirle al Ejecutivo que cumpla las responsabilidades pendientes con respecto a los afrocolombianos desplazados ¡desde 1997! Por su parte, en 2001, la Conferencia Mundial de las Naciones Unidas contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia llevada a cabo en Durban, Sudáfrica, definió a la trata de esclavos como crimen contra la humanidad y conminó a los países que la promovieron o que se beneficiaron de ella a que instauraran mecanismos de reparación.

 

Para Abad podrán ser antipáticas las categorías necesarias para aplicar políticas públicas a favor de los discriminados por el color de su piel. Sin embargo, de ahí no se desprende que las mezclas sucesivas nos hayan convertido en mestizos que no hacen distingos raciales. Por el contrario, en este mismo periódico el Observatorio de Discriminación Racial ha demostrado cómo esa ficción acerca del mestizaje democratizante consiste en el gran impedimento para identificar y reparar a las víctimas del racismo. De ahí que la gente de ascendencia africano-occidental o central optara por las palabras “negra”, “afrocolombiana”, “raizal” y “palenquera” para hacerse visible en el censo de 2005, y profundizar su lucha contra los persistentes mecanismos de exclusión social y política. Al reivindicarse como un supuesto bastardo mestizo, Héctor Abad termina por ridiculizar tanto esa lucha, como las reparaciones necesarias por los crímenes de la trata esclavista y las consecuentes violaciones sistemáticas de las africanas esclavizadas.

 

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