Sociedad de Mejoras Públicas de Manizales

Política social

El Tiempo/ Opinión Columnistas / Por: Rudolf Hommes | 25-02-2011 |

Ya ha trascurrido más de una octava parte del período y no se han puesto en marcha los programas estrella.

Una de las debilidades de la política social del gobierno Santos es la ejecución.

Las prioridades de la política social del Gobierno han quedado claramente definidas en las declaraciones del presidente Santos al cabo del primer semestre de gobierno, en las que reiteró la importancia de las leyes de tierras y de víctimas y el compromiso de inclusión de dos millones de pobres en la vida económica nacional. En esto lo han acompañado el Partido Liberal, que ha liderado y ha propuesto algunos de los programas claves contra la pobreza y está firmemente comprometido con la aprobación de las dos leyes mencionadas y la reforma de las regalías.

Dentro de esa colectividad se está agitando la idea de reunificar al partido y de ponerlo en un derrotero claramente socialdemócrata. Pero cuando les preguntan a los que predican esto qué proponen, responden que van a promover la ley de tierras y la de víctimas. Quieren arrebatarle al Gobierno su retórica social para poder seguir catalogándolo como de derecha. Y este descarado intento de despojo ideológico ha sido facilitado porque el Gobierno y sus aliados han dado papaya.

En primer lugar, han abandonado la idea de reformar a fondo el régimen de regalías y se han conformado con una reforma blandengue para acomodar intereses políticos que lamentablemente no representan a la población de los territorios beneficiados, sino a quienes los han saqueado.

Los informes que está presentando Mauricio Gómez en CM& sobre el criminal despilfarro local de las regalías deberían servir para volver a la idea inicial y quitarles, de una vez por todas, esos dineros a los pícaros que posan de líderes regionales. Una de las razones por las cuales los egipcios estaban hastiados de Mubarak y su régimen clientelista era precisamente porque los políticos regionales se comportaban como lo hacen los colombianos en los gobiernos locales, que botaron en proyectos inútiles y en corrupción recursos que bien utilizados ya hubieran resuelto el problema de la pobreza extrema en los municipios que reciben las regalías.

La otra debilidad de la política social del gobierno es la ejecución. La retórica está muy bien, pero la ejecución patina. Ya ha trascurrido más de una octava parte del período y no se han puesto en marcha los programas estrella, ni hay un líder de equipo responsable por la ejecución de la política social.

Como el Gobierno ha escogido el modelo de albergar bajo un mismo toldo a una variedad de orientaciones ideológicas, sería natural que el liderazgo de la política social lo asumiera dentro del Gobierno el representante más destacado de de la izquierda democrática, y dentro de la alianza parlamentaria el Partido Liberal. Pero al izquierdista más egregio del Ejecutivo, que es el Vicepresidente, no parece interesarle la política social, sino sacarle jugo político a "lo social"; y los jefes liberales están distraídos organizando las próximas elecciones.

Una organización que alberga en su seno a posibles contradictores puede ser muy eficiente y muy dinámica si encuentra la manera para que estas facciones tengan intereses y objetivos alineados con los del resto de la organización. Si esto no ocurre, los enfrentamientos, las zancadillas y el ambiente conspirativo pueden menoscabar la eficacia de las políticas y de los programas y dañar severamente la integridad del equipo y su imagen pública. La manera como se ha utilizado a Angelino Garzón en estos primeros meses apunta más hacia el conflicto y la ineficacia que hacia una tensión constructiva entre colegas que comparten un propósito y tienen fórmulas distintas para cazar ratones. Sería más productivo canalizar la energía de Garzón y su capital político encargándolo de promover, dinamizar y defender la política social para cerrar la brecha entre el discurso y la realización.

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