Sociedad de Mejoras Públicas de Manizales

BILLETES DE 100 DÓLARES

Por Carlos A. Valencia O.

 

BILLETES DE 100 DÓLARES (272)
 
Me llamó la atención una propaganda en un programa de televisión, se trataba de una lluvia de billetes de 100 dólares que iban cayendo uno a uno desde el quinto piso de un edificio de apartamentos.  Los billetes llevados por el viento iban cayendo sobre los peatones, quienes sorprendidos, los recogían y se quedaban con ellos.  Luego la cámara enfoca la figura de una niñita de unos tres añitos que ha descubierto este tesoro (ella, naturalmente no sabe que es un tesoro, sólo una manera de jugar) debajo del colchón de la cama de sus padres, quienes parece que no están en ese momento en la casa.
 
Los niños a esa temprana edad son muy curiosos, no saben el valor de las cosas y supongo que en este caso la niña cree que se puede jugar con esos papelitos verdes echándolos a volar por la ventana.  Durante mucho rato esa fortuna en billetes de 100 dólares voló para satisfacer las necesidades de los transeúntes.  Luego la propaganda termina advirtiendo a los tele-espectadores que, para evitar casos como ese o parecidos, usted debe guardar su dinero en el banco “tal y pascual” y no bajo el colchón de su cama.
 
Y aquí empezamos “a sacarle punta” a esta situación porque la experiencia nos dice que muchas veces el dinero no está tan seguro en las instituciones bancarias.  Y no es propiamente que tenga algo en contra de ellas puesto que fui empleado en varios bancos como durante quince años. 
 
Para ilustrar lo anterior me permito trancribir una desagradable experiencia que tuvo una señora de unos 70 años que conocí, persona de algunos recursos económicos y que un buen día decidió colocar en una cuenta de ahorros la respetable suma de 40 millones de pesos, porque algunos familiares le advirtieron que era peligroso mantener esa cantidad de dinero en la casa, guardada en la gaveta de cualquier mesa de noche.  Sus familiares le dijeron, además, que su plata en el banco le rendiría intereses y que reclamaría toda su plata  cuando ella lo considerara conveniente.  Y al banco “tal y pascual” llevó su platica la ancianita en mención, abrió una cuenta con todas las de la ley a su nombre, se fue a su casa y durante un año o algo así no quiso  asomarse al banco a reclamar sus intereses.  Cuando quiso hacerlo y preguntó por su saldo al empleado correspondiente, éste le informó que esa cuenta de ahorros “tenía un saldo EN ROJO de 25.000 pesos”   o sea que a la viejita esa “el banco le había hecho desaparecer sus 40 millones y de sobremesa le cobraba 25.000 pesos por manejarle “el robo”.  Ustedes dirán que soy exagerado pero les digo que esta historia es verídica, corroborada por muchas personas, familiares y amigos de la señora en cuestión. 
 
Pero todavía lo más extraño, lo más inexplicable es que los directivos del banco “tal y pascual” no le han podido dar a la señora ni a sus familiares, ni siquiera a su abogado, una explicación clara cómo desaparecieron 40 millones de pesos más los intereses sin dejar rastros.  PERO lo que sí sigue apareciendo y aparecerá “per secula saeculorum” serán los 25.000, pesos “más los intereses, que seguirán creciendo” del manejo de la cuenta desaparecida.  Algunos de ustedes dirán que es “ciencia ficción” pero de eso no tiene nada.
 
Hablando de mi trabajo en los bancos (en una época en la que no había tanta tecnología como ahora.  Y creo que las computadoras se prestan para muchas cosas buenas y malas, depende de quién las maneje) debo confesar que fue mucho, pero mucho lo que aprendí allí, entre otras cosas: puntualidad, órden, honradez (esa la traía desde mi hogar) y buen trato a las personas, fueran ellas clientes del banco o no.  Analicemos las cosas:
 
Puntualidad. Un buen empleado bancario debe ser una persona muy puntual para llegar a tiempo a su trabajo.  Se debe estar al menos con un cuarto de hora antes de la apertura de operaciones diarias.  Cuando se abren las puertas, muchas veces el tumulto de gentes ávidas de consignar o de retirar fondos, no dan tiempo al empleado ni de quitarse el saco.  Por eso es por lo que él o ella deben estar puntuales frente a las cajas de pago o de recibo o frente a sus escritorios.
 
ORDEN. En un banco todo tiene que estar en órden: dinero, documentos, papeles contables, formularios, cheques, letras de cambio.  Todo tiene que estar en su lugar sin desorganización porque se haría esperar inútilmente a la clientela.  Y los clientes son supremamente exigentes porque consideran que el banco está manejando el dinero que a ellos les pertenece (¿) y éste debe estar a la órden cuando se necesite.
 
HONRADEZ. Esto se cae de su peso: el empleado bancario debe ser honrado hasta los tuétanos, porque es mucho el dinero que maneja, mucha la tentación que diariamente, en todo momento tiene frente a sí. ¡Cómo les parece un empleado bancario manejando grandes cantidades de dinero y él con necesidades apremiantes en su hogar y en su vida personal!  El empleado bancario se tiene que sobreponer a semejante tentación y manejar ese dinero como si fuesen “tapas de gaseosa” desechables.
 
BUEN TRATO. Otra cosa que se le exige al empleado bancario es el buen trato hacia los clientes.  Porque en la banca y en el comercio en general existe una máxima que dice “el cliente siempre tiene la razón”.  Pero la verdad es que desde mi punto de vista muy personal y durante mis años como empleado bancario me tocó lidiar con unos  “clientecitos como para que me los envolvieran”: prepotentes, cansones, creídos que porque tenían dinero estaban convencidos que podían tratar mal a los empleados.  Así como también existían personas que eran unos verdaderos caballeros  y unas excelentes damas.
 
Para hablar con justicia existen también los empleados bancarios que no son propiamente un dechado de virtudes: malgeniados, contestones, groseros, además de ser amigos de lo ajeno ¡Qué peligro!  Lo cierto es que más de uno de mis compañeros de esa época tuvo que enfrentar a Jueces de la República por desfalcos y robos a las instituciones.  Afortunadamente de ese tipo de empleados bancarios existen muy pocos, porque la gran mayoría son personas honradas, puntuales, organizadas y de una manera de ser muy linda, pese a los malos salarios que devengan.  Son personas en las cuales se puede confiar y son una honra para su profesión.
 
La banca mundial ha cambiado drásticamente con el paso de los años.  Se ha vuelto más voraz para cobrar sus servicios y por ende para engrosar sus ganancias que son de billones y billones anualmente.  No sólo los bancos cobran por todo  a sus clientes sino que es una costumbre inveterada de siglos desde que aparecieron los prestamistas (término que se confunde con “agiotistas”) quienes descubrieron que la manera de vivir a costillas del dinero de los clientes era supremamente rentable.  En estos días he estado leyendo un libro titulado “El Club de París” escrito por Steve Berry, un abogado norteamericano de Atlanta, Georgia, quien inicia su libro, antes del prólogo, con tres acotaciones muy interesantes y que ponen a pensar al lector sobre el uso del dinero.  ¡Cómo les parecen estas tres perlas!:
 
1ª. “El dinero no tiene patria; los financieros carecen de patriotismo y decencia: su único propósito son las ganancias”  NAPOLEON BONAPARTE.
 
2ª. “La historia demuestra que los banqueros han empleado todas las formas posibles de abuso, intriga, engaño y violencia para mantener su control sobre los gobiernos”  JAMES MADISON. (Cuarto Presidente de los Estados Unidos de América)
 
3ª. “Permítanme emitir y controlar la divisa de una nación y me dará igual quién redacta la leyes”  MAYER AMSCHEL ROTHSCHILD. (Uno de los grandes Banqueros del mundo.  Fundador de la Casa Rothschild de banca y préstamos)
 
Creo que luego de leer estos tres conceptos  de personas tan importantes en el mundo, todo lo que se dijo sobre el manejo del dinero ya está dicho.  ¿No será que es menos peligroso, aunque no muy rentable, guardar bajo el colchón los pesitos que con tanto trabajo conseguimos?
 
NOS VIMOS.

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