Sociedad de Mejoras Públicas de Manizales

Néstor Eugenio Ramírez, el encargado del 'milagrito'

La Silla Vacía/ 27/01/2011
 
 
 
 dctor del IDU, Néstor Eugenio Ramírez, tiene sobre sus hombros la responsabilidad de entregar las grandes obras de Bogotá. Y de hacerlo antes de que se termine el      Bogotá está en obra negra. El Director del IDU, Néstor Eugenio Ramírez, que no es bogotano ni pertenece al partido del alcalde, es quien tiene que obrar milagros para lograr entregar la ciudad, por lo menos en obra gris, en menos de un año.
 

Ramírez es un caldense del oriente del departamento: su padre, el empresario Néstor José Ramírez, nació en Pensilvania y su madre en Manzanares. Por ese origen es amigo de pesos pesados del uribismo que también vienen de la zona, como Luis Alfonso Hoyos y Óscar Iván Zuluaga. Aunque originalmente no tomó el camino de la política y, en cambio, estudió ingeniería civil en la Universidad Nacional, su carrera ha estado muy ligada al sector público.

 

Inicialmente trabajó en temas de planeación regional. En 1991 Ramírez ya tenía un cargo de esos que combinan conocimientos técnicos, sueños de muchos y bajo perfil: era el gerente del Ferrocarril de Occidente, que se esperaba fuera rehabilitado para transportar carga entre Medellín y Buenaventura. Ramírez fue director de la unidad de planeación regional del Consejo de Planeación Regional (Corpes) de Occidente, donde los gobernadores de ocho departamentos se sentaban para pensar en macroproyectos de su región.  De allí pasó a ser director del llamado Plan Pacífico, un plan que dirigía el Departamento Nacional de Planeación y que era coordinado con el Corpes de Occidente.

 

Ramírez fue elegido Alcalde de Manizales en el 2002, cuando venció a Carlos Arturo Fehó. Fehó estaba impulsado por la coalición liberal-conservadora de Víctor Renán Barco y Ómar Yepes Alzate y por el ex alcalde Jorge Rojas. Al llegar a la Alcaldía, Ramírez se comprometió a continuar con los proyectos de Germán Cardona, el actual Ministro de Transporte de Santos y anterior Alcalde, de quien ha sido cercano políticamente y sigue siendo su amigo. Obtuvo casi 60 mil votos, contra 45 mil de Fehó.

 

Ramírez tuvo varios apoyos para esa campaña: el principal, el movimiento Democracia Viva de la representante Adriana Gutiérrez y el senador Oscar Iván Zuluaga, exministro de Hacienda de Uribe. Era uno de los movimientos independientes que apoyaron a Álvaro Uribe desde los inicios de su candidatura y que también había apoyado a Cardona. De hecho, Ramírez era visto por muchos como el candidato de Cardona, quien dejó el cargo con índices de popularidad del 80 por ciento.

 

Otro apoyo fue el de Luis Alberto ‘El Tuerto’ Gil, hoy sindicado de parapolítica. Ramírez lo ha aceptado, siempre diciendo que en ese momento Gil no tenía ningún problema en la justicia. Gil, en cambio, negó este apoyo en su momento. La candidatura fue avalada por Colombia Siempre, el movimiento de los entonces uribistas Rafael Pardo y Germán Vargas Lleras y por Salvación Nacional, movimiento que encabezaba en Caldas Luis Emilio Sierra.


 
Como alcalde, Ramírez enfrentó una investigación de la Procuraduría por un lío de contratación de la ARS que le prestaría los servicios de salud del régimen subsidiado en la ciudad. En su administración se venció el contrato anterior, con Caprecom que estaba en mora con el sistema de salud. Por eso, Ramírez no renovó el contrato y se lo dio a Solsalud, empresa cercana al 'Tuerto Gil' y Saludvida. Posteriormente se supo que el gerente de Solsalud en Caldas, Juan de Jesús Torres, había recibido dineros de la campaña de Ramírez. Pero el tema quedó ahí.

 

Entre las decisiones que tomó estuvo la de no entregar el manejo de Aguas de Manizales al Comité Intergremial de Caldas, con lo que escuchó a organizaciones sociales y al senador Robledo, y le dio reversa a una decisión del alcalde anterior. También fue uno de los impulsores del proyecto del aeropuerto en Palestina, que finalmente se aprobó pero nada que despega; cerró el Hospital de Caldas, que estaba quebrado y por lo que sostuvo una polémica con Emilio Echeverri, el gobernador de Caldas, y, como presidente de la Federación Colombiana de Municipios, participó en la política nacional. Además, inició los programas para implementar la gratuidad en la educación, reubicó familias en zomas de riesgo e inició un programa en prevención ambiental.

 

De Manizales saltó a Bogotá. Lucho Garzón lo nombró como Gerente del Plan Maestro de Espacio Público, donde impulsó proyectos como el de la reubicación de vendedores ambulantes en quioscos de aluminio. Luego, con el cambio de alcalde, Samuel Moreno lo nombró gerente de la Empresa de Renovación Urbana, donde tuvo muy muy pocos resultados que mostrar.  Por ejemplo, el centro comercial metropolitano de San Victorino que lleva ocho años de proyección sin que se haya puesto el primer ladrillo. Ramírez lo atribuyó a la demora de Planeación Distrital en darle el visto bueno a las obras.

 

Su esposa, en cambio, siguió otro camino. Luz Adriana Trujillo fue candidata a la Cámara por el Partido de la U en 2006, junto con el hermano de Óscar Ivan Zuluaga. Después fue Secretaria de Planeación de Manizales, en la actual administración, que es de la U. Hace unos meses renunció a ese cargo, según dicen para no inhabilitarse en su aspiración de ser alcalde de Manizales. Y es que los más recientes alcaldes de Manizales, Luis Rivas y Juan Manuel Llano, han sido del mismo grupo político que apoyó a Ramírez y que hoy es claramente parte del partido de la U.

 

Los retos del IDU

 

Cuando aceptó la designación en el IDU, a principios de abril de 2010, Ramírez se montó en un toro bravo. Reemplazó a Liliana Pardo, en medio de las demoras en la ejecución de los contratos de la fase III de Transmilenio y cuando apenas despuntaba el escándalo del carrusel de la contratación. Directores anteriores, como María Isabel Patiño y Andrés Camargo, terminaron en enredos jurídicos. Ramírez tenía mucho por ganar –si las obras se destrababan, podría llevarse ese trofeo– y poco por perder –si nada mejoraba, la culpa era de otros.

 

Cuando apenas llevaba un mes en el cargo, públicamente aceptó las dificultades que había encontrado en el IDU. Dijo que había más preocupación por los contratos que por las obras, que faltaba gerencia y motivación, que la planeación era muy deficiente. Es decir, puso el retrovisor. Y esa táctica le sirvió. Le sirvió, primero, porque el nombre de Liliana Pardo está muy desprestigiado. Pero, sobre todo, porque las obras han mejorado –quizás porque estaban tan mal que era muy difícil que empeoraran.

 

Y han mejorado por el empeño de Ramírez. Lo primero que hizo, al llegar al IDU fue pedirle una renuncia protocolaria a sus directivos y exigirles a todos que tuvieran un Blackberry. Les compartió su PIN y les pidió que se comunicaran por él a cualquier hora. Lo que no sabían los directivos es que él les escribiría a las cinco de la mañana, hora en la que ya está activo. Los contratistas tampoco sabían que se las tendrían que ver con un hombre que ha llegado a decirles “es que usted es un contratista malo, muy malo”. Además de esto, Ramírez decidió meterle la ficha al seguimiento permanente de las obras. Casi todos los días hace un recorrido entre las cinco y las siete de la mañana por varias de ellas. Mandó instalar decenas de cámaras que puede controlar desde su oficina y que puede proyectar en una pantalla frente a su sala de juntas, para discutir todo tipo de detalles con interventores y funcionarios del IDU. Además, creó una auditoría operativa que ahora hace el IDU al contratista y el interventor, con funcionarios que se presentan en cualquier momento en las obras y exigen que les muestren planos, materiales, obreros.

 

Uno de los proyectos más interesantes de Ramírez en el IDU ha sido el de buscar y tentar a los mejores Ecaes de diferentes carreras para que trabajan en la entidad. Desde hijos de magistrados a hijos de campesinos, más de 30 de estos jóvenes ingenieros, abogados o economistas trabajan actualmente en el instituto. Ramírez sabe que es probable que algunos no duren más que un par de años y que otros se vayan antes del 2015, pero cree que le dan un aire diferente al instituto.

 

Pero la mejoría aún es marginal. Aunque ya se entregaron algunas obras, como el puente de la Avenida Ciudad de Cali y otras avanzan a muy buen ritmo, como los puentes de la calle 100 con carrera 15, aún hay muchos frentes abiertos. Y así entre los periodistas expertos en Bogotá haya sido el segundo mejor funcionario del gabinete, detrás del secretario de salud Héctor Zambrano, Ramírez tiene que entregar las obras antes de que se le acabe el período a Moreno como alcalde.

 

Ramírez, además, ha hecho anuncios difíciles de digerir. Primero, advirtió que la terminación de las obras de la fase III de Transmilenio iba a requerir casi medio billón de pesos adicionales. Y unos meses después apoyó y anunció una decisión polémica: fue una de las voces cantantes dentro de la administración para que sí se hiciera el Transmilenio por la carrera séptima, y para que se hiciera una troncal liviana. “Si me dicen que haga la troncal original de la séptima, renuncio”, le dijo a la Silla Vacía. Así que Ramírez se le juega por una obra que molesta a tirios y troyanos.

 

Su gestión no ha estado exenta de polémica. Se habló de que era cuota del contratista Emilio Tapia, lo que Ramírez niega. Fue objeto de cuestionamientos por haberse reunido con el empresario William Vélez Sierra. La Contralora Sandra Morelli le inició un proceso sancionatorio por no entregar información. El gerente del proyecto metro, Camilo Zea, señaló al IDU como responsable del atraso del metro, a lo que Ramírez respondió que a Zea la falta experiencia. La Personería Distrital le exigió tomar medidas para aliviar el impacto de las obras en la movilidad. Y, sobre todo, se ha dicho que es una de las fichas de la U en la administración distrital. Ramírez lo niega, pero acepta que Germán Cardona, Óscar Iván Zuluaga y Luis Alfonso Hoyos son amigos suyos.

 

Con todo esto, si produce resultados, Ramírez tendría proyección nacional. Sonó de director de Aerocivil y de Ministro de Transporte del gobierno Santos. Y, según La Patria, está en la baraja de candidatos de La U para la alcaldía de Manizales. Pero a él parece importarle otra cosa. Si le va bien en el IDU quizás pueda cumplir un sueño. Su experiencia en urbanismo, en obras y en administración pública, más su cercanía a pesados pesados de la U y a miembros de otros partidos, como el alcalde Moreno o Gina Parody, le podrían servir para ser, algún día, alcalde de Bogotá. Pero, primero, tiene que lograr el 'milagrito' y cambiarle la cara a la ciudad.

 

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