Sociedad de Mejoras Públicas de Manizales

Moratoria parcial a la geoingeniería

Ref.: “El Espectador”, Bogotá, 18.XI.2010   [elespectador.com]

 

Por: José Fernando Isaza

 

LA GEOINGENIERÍA PUEDE DEFINIRse como la manipulación a gran escala del ambiente con el propósito de combatir los efectos del cambio climático debido a las emisiones de gases, sin restringir esas emisiones.

 

Uno de los mecanismos más efectivos para reducir el efecto invernadero son las políticas que incrementen la eficiencia en el uso de los combustibles fósiles. Estas acciones, desarrolladas a nivel planetario, no son geoingeniería.

Hacia 1980 la preocupación de muchos científicos no era el calentamiento atmosférico. Por el contrario, era la posibilidad de una nueva “pequeña edad de hielo”, como la ocurrida durante el Renacimiento. El astrofísico Fred Hoyle propuso una medida de geoingeniería. Inyectar billones de toneladas de anhídrido carbónico —CO2— en las profundidades marinas, para que en el curso de unas décadas se expulsaran a la atmósfera y así evitar, por el efecto de invernadero, una glaciación. Afirmaba, que la dificultad tecnológica, no era superior a la requerida cuando construyeron las Pirámides o Stonehenge. A partir de 1980 la temperatura atmosférica recupera la tendencia de aumento que tuvo durante el período de 1870-1930. Budinko propone una idea para contrarrestar el aumento de temperatura: depositar por medios técnicos partículas sulfurosas en la estratosfera, tal como lo hacen las erupciones. Se estima que una flota de 80 aviones puede dispersar anualmente un millón de toneladas de ácido sulfúrico a alturas de 20 kilómetros, con un costo de US$2.000 millones. No se conocen los efectos de esta acumulación de ácido en la estratosfera, su impacto sobre la lluvia ácida y la reducción de la capa de ozono que protege contra el cáncer en la piel. Otras propuestas plantean aumentar la fertilidad del mar para que al acelerar el crecimiento de las algas se atrape CO2 atmosférico. La incertidumbre sobre efectos colaterales a largo plazo hace que el debate se lleve al plano ético. ¿Es conveniente plantear la posibilidad de combatir el calentamiento global con medidas diferentes a la racionalización del uso de energía?

Reducir la temperatura atmosférica sin disminuir los niveles de CO2, acidifica el océano con nocivos efectos sobre la sostenibilidad de los corales y el crecimiento de las especies marinas con caparazón. Si bien al bajar la temperatura el océano aumenta la retención de gases, la presión del CO2 atmosférico anula este efecto y crece la acidificación.

En la reunión de la Convención de Biodiversidad convocada por la ONU, realizada en Nagoya en el pasado mes de octubre, se aprobó una moratoria a los experimentos a gran escala de geoingeniería; en particular la fertilización del océano. Consideran riesgosos los proyectos a escala planetaria que contribuyen a reducir la temperatura atmosférica sin modificar el contenido de CO2. No entran en esta categoría programas de reforestación, ni proyectos que “capturan” CO2 atmosférico con procesos químicos.

Existe un proyecto de geoingeniería “limpio”, que consiste en aumentar la radiación tierra-espacio, pintando de blanco los techos y las paredes de las ciudades, tal como se hace en los pueblos mediterráneos. Esta acción a nivel planetario contrarrestaría casi en su totalidad el efecto invernadero que producen las emisiones de CO2 sin reducir su contenido. ¿La moratoria de Nagoya lo aceptaría?

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