Sociedad de Mejoras Públicas de Manizales

FILOSOFANDO

Por Carlos A. Valencia O.

 

FILOSOFANDO (214)
 
El licor (en nuestro medio, el aguardiente) ha sido el detonador, el gatillo, la inspiración para que muchos borrachitos, sin pensarlo mucho, alguna vez hayan pasado a la posteridad  con algo que dijeron y con lo cual “les sonó la flauta”.  En una mesa de cantina de barrio bajo, cuántas verdades no se habrán descubierto, cuántas expresiones no se habrán inmortalizado en el momento menos pensado.
 
Escuchemos a un par de esos “filósofos de arrabal”, quienes alguna vez entre martillos, serruchos, clavos, tablas suelas,  tacones y capelladas sacaron tiempo para leer partes de algún libro interesante o simplemente escuchar lo que dijeron personas más ilustradas.  Es toda una amalgama de fortuitas lecturas y de sabiduría popular:
 
-        Hermano… la vida es jodida.
-        Claro… pero es la vida.
-        ¿Y quién está diciendo lo contrario?
-        Lo que pasa, hermano, es que nos la pasamos echándole la culpa a la vida de todo lo malo que nos pasa.
-        ¿Y entonces a quién le achacamos todo este montón de problemas?
-        ¡Aaaah… pero no tiene que ser siempre a la vida!  Nosotros como personas también tenemos la culpa de muchas de las chambonadas que cometemos!
-        ¡A lo mejor sí.  Porque pa meter la pata somos especiales!
-        ¡Y me lo dice a mí que soy especialista en ese tema!  ¿Nos tomamos el otro?
 
Llenan sendas copas, observan detenidamente su contenido translúcido, casi como hipnotizados con su olor delicioso de anís.  Y para adentro se van par de tragos de “aguardiente de caña”.
 
-        ¡Estaba delicioso!
-        ¿Y cuándo no? Es el elíxir de la vida.
-        Pero peligrosito si nos dá por beber “ese elíxir”  todos los días.  No hay hígado que resista.
-        ¡Aso sí!  Esto me hace recordar un refrán muy popular que dice: “No hay mal que dure cien años ni el cuerpo los cien resiste”
-        Sí, pero hay algunos males que se quedan por mucho tiempo.  Como que se enquistan como las amibas.
-        Es que el dolor es muy jodido, pero muy necesario. 
-        ¿Necesario…. Quién desea tener un dolor y con qué objeto?
-        Nadie lo desea pero sí es innegable que nos hace cambiar el concepto de lo que nos rodea.  Una cosa es el mundo cuando uno está aliviado, “cuando no le duele ni una muela” y otro cuando el dolor nos agobia y luego se va.
-        ¡Hooombre… hasta razón tendrás!  Lo cierto es que luego de una enfermedad o de un dolor descubrimos que no somos ni tan inteligentes, ni tan listos, ni tan bien plantados, ni tan fuertes como pensábamos.
-        Por eso te decía: el dolor, la enfermedad, nos hacen cambiar el concepto de la vida.  Y llegamos a una conclusión: ¿Qué es la vida?
-        Yo contestaría como lo hacía mi primo Aniceto que decía: “La vida es una cuestión de vida o muerte”
-        ¡Tenía toda la razón tu primo!  O estás vivo o estás muerto, o estás aquí o estás al otro lado ¿Pero estaremos viviendo o simplemente soñando?
-        Sobre la vida y la muerte, así como sobre el Amor, se han dicho y escrito muchísimas cosas, muchas de ellas muy controvertidas.
-        Sobre el Amor sí que se han dicho cosas. ¿Pero sabe algo mi hermano?  Se me está como agotando la inspiración.  Echémosle un poquito de combustible a la cosa.  Páseme esa botella, hermano.
 
Y allá vá la botella nuevamente, no toda, sólo la mitad, porque la primera mitad ya se ha ido garganta abajo aunque sus efectos etílicos regresan traquea arriba hacia las neuronas.  Se afloja “el freno de emergencia” y el par de amigos siguen elucubrando sobre tópicos tan disímiles como la vida o la muerte, el amor o la traición, el dolor y el olvido y… bueno, todo lo que se pueda imaginar cualquier borrachito:
 
-        ¿De qué estábamos hablando? ¡Ah sí… del Amor! Y sin ése no podemos vivir
-        ¿Y qué no se ha dicho de ese tema tan inagotable?  Pero lo evidente es que la mayoría de los conceptos sobre él se han expresado en poesías y en canciones, que son poemas con música.
-        ¿Cómo estás de fino, no? ¡Cuántas canciones sobre el Amor!  Diría que el noventa y nueve y medio por ciento de ellas están dedicadas a este tema.  A propósito, recuerdo una canción que cantaba  don Pedro Vargas hace muchos años.
-        ¿Don Pedro Vargas, llamado  “El tenor de las Américas” ya desaparecido,  compadre de don Agustín Lara ese insigne compositor de hermosos boleros?
-        ¡El mismo…! Cómo estás de enterado ¿no?  Han pasado muchísimos años y todavía recuerdo la letra de esa canción tan especial.  Decía así…
-        ¿No sería esa que decía “Amor qué malo eres?
-        No, no era ésa.  Ese bolero era de los Panchos pero este otro era…
-        ¿No era “Amorcito Corazón” cantado por don Pedro Infante?
-        ¡Hombre… no me interrumpa que me está haciendo perder el hilo.  Déjeme concentrar.  Haber… la canción esa decía así: “Amor, bendita palabra/tormento divino/dolor y placer/Amor, si amar es quererte/desearte la muerte/sin saber por qué/Penar, con una penita/sagrada y bendita/como es mi dolor/llorar con amargo llanto/que es grito y es canto/así es el amor.  ¿Cómo le quedó el ojo, ah?
-        ¡Aaah hermano… esa es una belleza.  Yo no la conocía!
-        Y eso que apenas es la primera parte.
-        ¡Ah, sí!  Porque no existen primeras partes sin segundas partes.
-        Como todo en la vida.  Algunos se llevan la primera y mejor parte de las cosas, de las oportunidades y dejan las migajas para los que vienen atrás, tanto en el amor como en los negocios.
-        Me dá la impresión que le estamos como revolviendo mucha cosa a la vaina esa.  O sea que nos estamos “explayando” demasiado en nuestros conceptos.
-        ¿Sabés una cosa?  Como que últimamente  te estás volviendo muy intelectual, estás hablando muy fino.
-        ¡Aaahh… no me iba a quedar toda la vida dándole martillo a las suelas de unos zapatos.  Yo también me leo mis libritos de vez en cuando!
-        Me parece muy bien.  Ojalá yo pudiera hacer lo mismo, pero no tengo tiempo.  Vos sabés lo berraco que es trabajar la carpintería, uno aventando garlopa y serrucho desde las siete de la mañana hasta las nueve de la noche.  No me alcanza el tiempo.
-        Uno saca tiempo.  ¿Vos creés que yo no me mantengo muy ocupado arreglando “garras” malolientes todo el día hasta por la noche?  Además, leer es delicioso.  El libro es un verdadero amigo.
-        ¡Sííí… pero no compra aguardiente!
 
Los dos amigos rieron con el chiste.  Sus vidas simples pero necesarias siguieron su curso etílico esa noche.  Mañana sería otro día para trabajar duro y enfrentar las obligaciones.  Y yo me pregunto: ¿Y del guayabo… qué?    NOS VIMOS.

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